“Peter Pan” en el aire

Por estos días he escuchado la frase “la horrenda Operación Peter Pan” y me he preguntado: ¿fue realmente horrenda?

La “Operación Peter Pan” consistió en el envío de sus hijos, por muchos padres, a través de organizaciones religiosas, hacia los EUA, en evitación de la pérdida de la “patria potestad”, que era un comentario generalizado entre los miembros de la clase media y alta cubana del año 1959.

Fue una decisión tomada en el seno de las familias y ninguna fue obligada a ello. Además, nadie esperaba que el proceso político recién iniciado perduraría, considerando la mayoría que la separación sería temporal. No sucedió así y muchas separaciones se prolongaron durante años. Algunos niños crecieron y triunfaron en su nuevo entorno y otros no lo lograron, como es normal que suceda. Unos, al pasar los años, lo agradecieron, y otros, lo censuraron.

¿Perdieron los padres la “patria potestad” sobre sus hijos o no?

Bueno, en realidad sí. Perdieron el derecho a educarlos según sus deseos, principios y creencias, fueran estas laicas o religiosas, en colegios públicos o privados. Al convertirse todos los colegios en públicos o sea, pertenecer al Estado, este instituyó el ateísmo y la enseñanza de su ideología. Los niños fueron conminados, desde su más tierna infancia, a declararse “pioneros por el comunismo” y, más tarde, “a ser como el Ché”, al hacer sus juramentos. Aunque esta militancia extemporánea, con “pañoleta” y todo, se afirmaba que era voluntaria, en la práctica se hacía obligatoria, pues el niño que no lo hacía, sufría inmediatamente el repudio inducido de sus compañeros de aula, creando el caldo de cultivo para la tan extendida “doble moral”, donde digo una cosa (lo que todos quieren oír) y pienso otra.

Además, los jóvenes fueron separados de sus padres y del entorno familiar por largos períodos de tiempo en movilizaciones (Campaña de Alfabetización), la escuela al campo y las escuelas en el campo, los estudios en los ex países socialistas, el servicio militar obligatorio y otras formas. En este último caso, fueron enviados a combatir y a morir en guerras ajenas, bajo el criterio de fortalecerlos física e ideológicamente como hombres del socialismo. También se produjo el éxodo constante de los miembros de las familias, desarticulando y atomizando esta importante institución del entramado social, prohibiendo durante años la reunificación, bajo el absurdo concepto de que “quien abandonaba el país era un traidor y nunca podría regresar”.

Recordadas todas estas barbaridades, en realidad los padres perdieron la “patria potestad” sobre sus hijos, sin necesidad de ninguna ley al efecto.

No considero que la “Operación Peter Pan” haya sido horrenda: fue, simplemente, una respuesta ante un peligro que se avecinaba y que después, desgraciadamente para muchas generaciones de cubanos, se hizo real.

Las valoraciones actuales pueden ser diferentes, inclusive cuando se matizan con intereses políticos e ideológicos, no siempre justos ni preocupados por los verdaderos sentimientos humanos.

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Bajo el dogma y la terquedad

El domingo 27 La Habana fue afectada por un fuerte tornado que causó bastante destrucción, principalmente en 10 de Octubre, Luyanó, San Miguel del Padrón y Regla. Llama la atención que la “Marcha de las Antorchas”, prevista para esa noche y trasladada para el 28, a pesar de todo se haya realizado y no se hayan dedicado sus recursos y los jóvenes movilizados a ayudar a los muchos damnificados que, como es habitual, a pesar de los discursos y las promesas de ocasión, pasarán a engrosar las listas de los que esperan por soluciones a fenómenos similares, que se extienden por más de dos décadas sin resultados visibles. Recordemos que, según datos oficiales, el 7 de junio del 2018 existían 1,703,926 viviendas en mal estado y, de ellas, 61,051 como derrumbes totales. Estos damnificados de ahora, como es lógico, se situarán al final de la lista.

El dogma y la terquedad forman parte del actuar de las autoridades partidistas y gubernamentales, quienes siempre priorizan la “idiotología” antes que el razonamiento más elemental.

Debido a ello, han moldeado la historia de este país a su imagen y semejanza y en función de sus intereses políticos, siempre priorizados, a pesar de las catástrofes naturales.

El 1 de enero es “el día del triunfo del experimento”, el 8 “el de la entrada en La Habana del “supremo hacedor”” y el 27 “el de la marcha de las antorchas” en honor del 28, día del nacimiento de José Martí”. En febrero, el 24 día del “Grito de Baire”, habitualmente poco recordado, aunque en éste tiene adosado el engendro de Constitución, como si fuera un producto convoyado. Marzo se engalana con el “Asalto a Palacio” el día 13, la acción más valiente de toda la insurrección, y con la “Protesta de Baraguá” el día 15 que, aunque constituyó un hecho viril, en realidad fue una terquedad que no condujo a nada, pues la guerra era imposible continuarla. Abril es Girón y la supuesta “primera derrota del imperialismo en América”. Mayo comienza con el “Día de los Trabajadores”, el día 1, donde estos desfilan contentos y sin demandas, dando gracias por las migajas recibidas, olvidando que el 19 murió Martí y que el 20 se constituyó la República. Junio es de Maceo y el Ché, unidos artificialmente el día 13 por sus nacimientos, aunque en distintas épocas. Julio es el mes del “supremo hacedor”, con el “Día de Reyes” y los Carnavales de La Habana, trasladados absurdamente para este mes, y el Asalto al Cuartel Moncada, que tratan infructuosamente de hacerlo más importante que los Gritos de Yara y de Baire. El 13 de agosto es el día del nacimiento del “supremo hacedor” con banderas desplegadas y música. Setiembre es el mes de los CDR, organización gubernamental de vigilancia y control de los ciudadanos. Noviembre es el de los estudiantes de medicina fusilados en el Siglo XIX y diciembre el del “Desembarco del Granma”, obviando la Nochebuena. La Navidad y el 31, como fechas intrascendentes.

Este “altar” impuesto, donde no todo lo presente merece honores, de forma machacante se repite anualmente, tratando de diluir en el tiempo nuestras verdaderas fechas patrias y conmemoraciones, olvidando que la historia no es un borrón y cuenta nueva, sino una continuidad encadenada, donde todos los eslabones son importantes.

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Puro teatro bufo

Alrededor del voto “Por el Sí” en el próximo referendo, el gobierno ha desatado una propaganda demencial, que trata de influir sobre los ciudadanos para que cumplan con sus deseos. El absurdo llega hasta el extremo de que, aún y cuando se supone que el voto “es individual y secreto”, los “personajes” entrevistados y presentados en los medios oficialistas declaran sin ambages y sin el menor rubor que “votaran Sí”, dejando de lado estos derechos. Además, el voto en el referendo, que debiera ser Sí o No por la Constitución, lo han convertido en el voto “por la Patria”, “por el socialismo”, “por la revolución”, etcétera, cambiándole totalmente su sentido.

Sabemos que el referendo, al igual que la Constitución aprobada “unánimemente” por la Asamblea Nacional del Poder Popular, constituyen una farsa más de las muchas a las que ya estamos acostumbrados, para mantenernos entretenidos y hacernos creer que el “sistema” es irrevocable y eterno, lo cual constituye una soberana tontería negada por la Historia, que demuestra que todo cambia más tarde o más temprano.

Este referendo sustituye al carnaval que se celebraba tradicionalmente en estos días de febrero, que permutó para julio por obra y gracia del “supremo hacedor” ya desaparecido, aunque se pretenda ridículamente mantenerlo vivo en los medios oficialistas.

El 2019 parece que será pródigo en funciones de este teatro bufo, teniendo en cuenta la retahíla de leyes que deberán elaborarse y aprobarse, para aplicar lo establecido en la Constitución.

Eso sí, en desarrollo económico, solución de los problemas acumulados durante seis décadas y mejoramiento del nivel de vida de los ciudadanos, será aún más desastroso que el 2018.

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Una única historia

La historia de Cuba es una desde 1492 hasta nuestros días, y a ella han aportado, para bien o para mal, hombres y mujeres de todas las épocas.

Debido a ello, nunca he entendido que se hable y escriba de ciencias, artes y deportes, por poner solo tres ejemplos, anteriores al 1 de enero de 1959 y posteriores a esta fecha. Esta división absurda y antinatural, motivada por intereses políticos, tiende a fraccionar la historia nacional en estancos limitados. Tal parece que los sujetos de antes no tienen nada que ver con los de ahora y viceversa.

Donde más arraigada se encuentra esta costumbre es en los deportes y en la música, tal vez por disfrutar de mayor masividad. Así, en el primero, existen peloteros de antes y de ahora, al igual que boxeadores, voleibolistas, nadadores, corredores, ajedrecistas, etcétera, como si todos no fueran cubanos. Los peloteros Orestes Miñoso, Conrado Marrero, Adrián Zabala y Willy Miranda son tan cubanos como José Antonio Huelga, Braudilio Vinent, Armando Capiró o Agustín Marquetti, por señalar solo algunos. También son tan cubanos Orlando “Duke” Hernández, José Ariel Contreras, Kendry Morales, Yasiel Puig y Aroldis Chapman como Alfredo Despaigne, Yurisbel Gracial, Frederich Cepeda y Yordanis Samón. En el boxeo lo son Kid Chocolate, Kid Gavilán y Puppy García como Teófilo Stevenson, Roberto Balado o Félix Savón.

Si vamos a la música tenemos un verdadero ajiaco criollo compuesto por Brindis de Salas, García Caturla, Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Rita Montaner, Martha Pérez, Esther Borja, Rosita Fornés, Meme Solís, Miriam Ramos, Pablo Milanés, Benny Moré, Pacho Alonso, Silvio Rodríguez, Beatriz Márquez, Maggie Carlés, Celia Cruz, Olga Guillot, Willy Chirino, David Calzado, Juan Formell y otros.

Todos ellos, formando parte de sí mismos, llevan la identidad nacional, no importa dónde estén o cuales sean sus criterios políticos e ideológicos, preferencias o creencias, y nadie tiene el derecho ni la potestad de privarlos de ella.

La historia de Cuba es una e indivisible.

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Dos pecados capitales

En los sistemas democráticos, las Constituciones se elaboran por una Asamblea Constituyente, conformada por los representantes más preparados sobre el tema, de los diferentes partidos políticos que participan en su elección, cuya cantidad depende de los votos obtenidos según los proyectos presentados. La elección, como es de suponer, la realizan los ciudadanos según sus criterios políticos, económicos y sociales.

En el actual proyecto, la elaboración quedó en manos de una Comisión de 33 miembros, presidida por el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y conformada por miembros del mismo y de diferentes instancias del Estado, todos comprometidos con el proyecto socialista y sus implicaciones, sin ningún tipo de participación ciudadana en la elección de la misma.

Este es el primer pecado capital.

Para tratar de dar la impresión de participación ciudadana, se decidió someter el proyecto, una vez aprobado en primera instancia por la Asamblea Nacional de Poder Popular, donde siempre el voto es unánime, a la consideración ciudadana, mediante Asambleas, donde cada quien podía dar su opinión personal y esta debía ser recogida en el acta correspondiente, sin someter la propuesta a votación entre los participantes. La artimaña es fácil de detectar: sin importar cuántos ciudadanos pudieran estar de acuerdo o en contra de ella, quedaba registrada una sola propuesta ya que, al ya haber sido hecha, no se aceptaba la repetición de la misma.

Este es el segundo pecado capital.

Si las propuestas se hubieran sometido a votación y registrado el número de votos a favor y en contra, se hubiera obtenido un indicador real de la opinión ciudadana y no las cifras y por cientos escuálidos, dados a conocer por el señor Homero Acosta, en la sesión de la Asamblea Nacional donde fue aprobada, también por el voto unánime de sus miembros.

Este mismo señor señaló que “Esta es la Constitución de la Revolución”, y tiene toda la razón: es el testamento político de un fenómeno en extinción. Además, no es la Constitución de todos los cubanos, sino la del Partido Comunista, cuya militancia selectiva no supera el 0,7 por ciento de los once millones de cubanos residentes en la Isla y los casi tres millones residentes en el exterior, todos cubanos.

Aunque no cuestiono ni estigmatizo, como ya están haciendo algunos personeros del régimen, el voto de cada cubano en el próximo referéndum, al ver conculcados, con imposiciones y arbitrariedades, muchos de los derechos políticos, económicos y sociales de los ciudadanos, mi deber cívico es votar “NO”.

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Un Decreto que se las trae

El Decreto 349, relacionado con regulaciones sobre la difusión, exhibición y promoción de productos artísticos, ha creado gran preocupación entre los creadores. No es un problema de que “los enemigos” le hagan propaganda en contra, sino del peligro real que representa.

Este consiste en que, amparados en el mismo, las autoridades establezcan la censura, respondiendo lo que se autorice, más a los estrechos criterios políticos-ideológicos de los que valoren los productos artísticos, que al valor de ellos en sí.

El fenómeno no es nuevo y tiene, en nuestro país, su más cercano antecedente en el tristemente conocido “decenio gris”, donde los burócratas culturales del Consejo Nacional de Cultura aprobaban o desaprobaban las creaciones, más teniendo en cuenta la militancia o no de los creadores que sus obras.

El fenómeno ya se había producido antes en la hoy extinta URSS y demás países socialistas, cuando se persiguió y prohibió todo lo nuevo e innovador, escudados en la supuesta defensa de los socialmente conveniente. Tempo más atrás se había producido cuando, las denominadas “academias” rechazaron las obras de los impresionistas, cubistas, abstraccionistas y modernistas en la plástica y las nuevas tendencias en la música y en la danza.

O sea, la preocupación es totalmente válida.

Yo me pregunto, quiénes serán los “superfuncionarios de la cultura” escogidos para determinar lo bueno y lo malo y lo que debe autorizarse o prohibirse. No creo que existan. Hasta ahora, al igual que ha sucedido en el sector económico, solo conozco burócratas que cumplen estrictamente las órdenes del poder en defensa de sus intereses político-ideológicos, que no son precisamente los de la mayoría de los ciudadanos. Además, los cubanos tenemos por costumbre quedarnos cortos o pasarnos, sucediendo más lo segundo que lo primero.

Foto: Máscara. Obra de R. Monzó. La Habana

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Historia a la carta

Cuando los dirigentes políticos han perdido su pasado, no tienen presente y carecen de futuro, echan mano de la Historia, con el objetivo de legitimar sus acciones, amparados en los padres fundadores. Entonces aparecen frases absurdas como “Nosotros ayer habríamos sido como ellos y ellos hoy habrían sido como nosotros”, muy difíciles de comprobar. De un bandazo se sitúan a la par de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo, Martí y otros, careciendo de méritos reales para ello.

Para hacerlo, utilizan a los “plumíferos” (hoy son “laptopteros”) de turno, siempre abundantes entre historiadores, escritores, periodistas e intelectuales, que se venden al poder por unas cuantas migajas. Sus trabajos inundan los medios oficialistas de comunicación y provocan el repudio entre las personas con dos dedos de frente.

Se practica el reacomodo de restos y de monumentos de muertos ilustres, situándolos junto a los “recién llegados”, con la intención de que estos últimos se beneficien de su gloria. Aparecen canciones alegóricas, obras plásticas, danzas, instalaciones, libros y otros productos culturales, signados por la sumisión y la cobardía.

Sin embargo, a pesar de lo que puedan representar hoy, su futuro está condenado al olvido.

Foto: Martí y Maceo a la entrada de una empresa estatal. Calle Colón. Nuevo Vedado.

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