Un culto fuera de serie

Nunca me imaginé, a pesar de algunas tempranas señales preocupantes, que el culto a la personalidad en Cuba iba a superar al de Stalin, Mao Tse Dong y Kim Il Sung, por citar sólo tres casos del “corral socialista”. Olvidé las sabias palabras del gran dominicano Máximo Gómez, cuando sentenció que “los cubanos o se quedan cortos o se pasan” Por lo regular, en las cosas buenas nos quedamos cortos, y en las malas nos pasamos.

En este 2016, “el anciano personaje principal” ha sido catalogado de: gran visionario, genial político, el más consecuente discípulo martiano, invencible estratega militar, pionero mayor, eterno joven rebelde, lidiador audaz, eterno guerrillero, ardiente profeta de la aurora, renovador del marxismo-leninismo, arquitecto gigante, eminente pedagogo, pensador imbatible, original escritor, periodista insigne, agricultor vanguardia, salubrista mayor, sólido economista, atleta mayor, estelar científico y, últimamente, hasta de cimarrón mayor, además del creador, debido a su” inagotable iniciativa”, de todo lo hecho en el país durante más de cincuenta años. Parece que “El Egregio”, utilizado para elogiar a Gerardo Machado en el pasado siglo, se encuentra convenientemente prohibido, en evitación de que algún “despistado histórico” se lo endilgara también.

Cada día le aparecen nuevas “cualidades”, en una competencia de mediocres de todas las edades, tratando de superar a sus antecesores en servilismo.

Este año pasará a la Historia como el año donde el oportunismo, la carencia de ética y la cobardía formó parte de muchos cubanos, de los cuales se avergonzarán sus descendientes.

Me surge una simple pregunta: ¿Cómo es posible que, con todos estos atributos, haya sido un gobernante tan desastroso, llevando al país a la destrucción y al atraso, y a los cubanos a la miseria? Muchos lo consideran, entre ellos me encuentro yo, el peor presidente que ha tenido Cuba en toda su historia.

Hubiera sido mucho mejor para todos, haber elegido gobernantes normales cada cuatro años, con sus virtudes y defectos y sin tantas “cualidades”, sin creencias de Mesías y sin ínfulas de historicidad. Puede darse por seguro que no estaríamos en la situación actual tirando piedras al vacío socialista, hubiéramos preservado lo conquistado por las anteriores generaciones y habríamos avanzado mucho más.

Todo este circo, en lenguaje académico, se denomina “culto a la personalidad” llevado al extremo. En lenguaje popular cubano es simplemente “guataquería” de la peor especie.

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Palabras “peso pesado”

“Jamás, siempre, nunca, eterno, inamovible, inalterable, intocable, irrevocable” y otras por el estilo, son palabras habituales del léxico totalitario. Si repasamos los discursos y las intervenciones públicas y privadas de sus principales representantes históricos y actuales, las encontraremos por doquier. Incapaces de entender la sociedad en constante cambio y desarrollo, aspiran a congelarla en el estrecho marco de sus esquemáticos pensamientos, dando por sentado que todo lo que hacen es bueno y deberá mantenerse eternamente, independientemente del surgimiento de nuevas generaciones y, por lo tanto, de nuevas ideas.

Estas concepciones de supuesto carácter “eterno”, al instaurarse en el poder, han sido y continúan siendo causa de grandes desgracias para la humanidad. Sin ir demasiado lejos , recordemos el bolchevismo de Lenin en Rusia, el fascismo de Mussolini en Italia, el nazismo de Hitler en Alemania, el “comunismo” de Stalin en la Unión Soviética, las aberraciones de Mao Tse Dong en China y de Pol Pot en Kampuchea, el franquismo en España, el peronismo en Argentina, el trujillismo en República Dominicana, el castrismo en Cuba, el chavismo en Venezuela, el islamismo del Estado Islámico y seguidores y otros muchos engendros similares.

Repetirlas hoy, en pleno siglo XXI, sólo significa que aún existen quienes no aprenden las lecciones de la Historia, y suponen que sus hechos permanecerán aún después del término de sus días físicos, sin comprender que, al igual que ellos, se convertirán en polvo.

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Otra vez el 26

Mañana se conmemorará un nuevo aniversario del 26 de julio, aquella acción insurreccional fracasada del año 1953. La fecha, una de las principales del calendario castrista, sirvió de nombre y bandera al movimiento político surgido del hecho. La provincia de Sancti Spíritus es la sede escogida, no por ser la mejor, sino por ser la menos mala.

Habrá concentración “popular”, festejos oficiales, jolgorio cultural y hasta algún discurso con pretensiones de historicidad. El guión se repite cada año, variando sólo los actores secundarios, ya que los principales se han mantenido en sus roles durante cincuenta y ocho años, a pesar del aburrimiento que provocan entre los espectadores.

Durante unos cuantos días, los espirituanos disfrutarán de cerveza en abundancia, algún que otro comestible y mucha música bailable, además del tradicional carnaval. Después, todo volverá a la aburrida cotidianidad con salarios de miseria, colas, escaseces, violencia callejera, maltratos, burocracia y otras muchas desgracias, y la conmemoración, como cada año, quedará en el olvido hasta la próxima, si es que se realiza, en una nueva provincia elegida.

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Represión en lugar de solución

El tema de hoy entre los habaneros no es sólo el del intenso calor y “lo malo que está la cosa”, sino también el comienzo de la persecución y represión contra los transportistas particulares de pasajeros, que han elevado sus precios.

Ante la insuficiencia de transporte público, desde hace bastante tiempo, los denominados “boteros” han sido efectivos en la transportación ciudadana, ayudando a paliar el problema. Teniendo que asumir todo lo referente a sus vehículos, desde el caro combustible, las inexistentes piezas de repuesto y las reparaciones, más los elevados impuestos que deben pagar, han elevado sus precios.

La respuesta del Consejo de la Administración Pública del Poder Popular de la ciudad, remedo involucionado e ineficiente de la desaparecida Alcaldía, ha respondido con controles, sanciones y retiro de licencias a quienes violen los precios anteriores, las cuales han comenzado a aplicarse desde la mañana de este lunes.

Los dirigentes cubanos deberían explicar a los ciudadanos, por qué destruyeron sistemas de transporte público que funcionaban eficientemente a bajos precios antes de enero de 1959, y en cincuenta y ocho años no han sido capaces de crear uno solo que sirva.

Reprimir a quienes ayudan a transportar a los ciudadanos, ante la incapacidad estatal, no es una buena decisión, ya que si éstos dejan de hacerlo, la situación se volverá caótica y puede que hasta violenta: la necesidad de trasladarse de un lugar a otro existe desde los albores de la humanidad, y no es con decretos ni imposiciones que se resuelve, sino con un transporte público eficiente y suficiente.

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La guataquería y los guatacas

Como una muestra de guataquería y de guatacas, reproduzco la programación del Memorial “José Martí”, ubicado en la base de su monumento en la denominada Plaza de la Revolución, para los días 13 y 14 del presente mes, aparecida en el diario “Juventud Rebelde” del pasado día 8.

Los guatacas participantes, que forman parte de la fauna oficialista, son más o menos conocidos por su presencia en los Medios y, por lo tanto, no necesitan presentación. Sin embargo, sería bueno recordar lo que Eladio Secades, ese maestro del costumbrismo, escribiera sobre los guatacas en sus populares “Estampas”, publicadas en la prensa nacional, principalmente en los tiempos de la República. Según Secades: “el guataca es el comején en el asta de la bandera”; “guataca es el que hace de la adulación un sistema de vida”; “la guataquería oral es el elogio usado a manera de sanguijuela”; “entre lo que valen y lo que creen valer los hombres públicos, casi siempre hay el vacío de un desfalco espiritual. Están girados en la cuenta corriente de la vanidad y voltean los principios de la democracia, admitiendo la funesta oposición de la coba”; “el hombre, cuando los amigos lo adulan, cierra los ojos a las realidades, y se tiende panza arriba para dejarse rascar. Es cuando cree que si no lo elogian y lo adulan, lo están combatiendo”; “el orador guataca hace una anécdota del hombre, pasa a examinar su obra, inventa unos enemigos a quienes combate con valor,… le llama orgullo de la nación, le dice visionario, figura de la revolución (de cualquier revolución) y estadista,… plantea que sus ideas simbolizan el sentimiento nacional y que ya es hora de que se le proclame gran figura del continente. Después de echar por delante la bandera y el himno, echa mano de Martí, comparándolo con él”; “el más peligroso de los guatacas es el panfletario, porque sabe historia y, cuando se ve perdido, se agarra de la Edad Media o de la Edad Antigua, porque conoce que al político viejo le gusta que lo guataqueen de Alejando, César y Napoleón para arriba”.

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El número mágico

En el año 2016, el número “90” ha tenido una importancia principal para las autoridades gubernamentales cubanas. Desatada la histeria del culto a la personalidad, resulta que, desde diciembre del 2015, se ordenó a los organismos e instituciones dedicar “absolutamente todas sus acciones” a este número mágico, por representar los años a cumplir por el “anciano máximo líder” en el mes de agosto.

Nunca antes en la Historia, la celebración de un onomástico se ha extendido tanto tiempo, una originalidad del “socialismo a la cubana” que, de seguro, deberá formar parte de los records Guinness.

En honor a los “90”, los trabajadores forestales han sembrado noventa cedros, el Archivo Nacional ha organizado la exposición “Noventa imágenes de una vida”, la feria “Arte en La Rampa” se dedica a ellos y expone “Soldado de las ideas”, la Unión de Jóvenes Comunistas tiene “90 razones para soñar”, conmemorarlos es tarea principal de los sindicatos, los cantantes les dedican noventa canciones, los músicos noventa guitarras, los bibliotecarios, noventa libros, los niños, noventa sonrisas, los ancianos, noventa aplausos y así hasta el aburrimiento.

Imbuido de tal “celebración nacional”, sugiero que, en lo que resta del año, el Ministerio de Salud Pública se proponga alcanzar los 90 casos de Zika, la Comisión Nacional de Viabilidad y Tránsito, llegar a los 90 accidentes, Acopio del Ministerio de la Agricultura, dejar de recoger 90 toneladas mensuales de viandas cosechadas, la Empresa de Ómnibus Urbanos, mantener diariamente 90 equipos fuera de servicio, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, asegurar 90 salideros en cada acueducto, las Administraciones Municipales del Poder Popular, mantener 90 baches activos, la Empresa Eléctrica, producir 90 apagones y la Ciudad de La Habana, no bajar de 90 derrumbes mensuales.

Pudieran haber muchas más iniciativas: la “importancia” de la fecha las merecen. Quienes ordenaron esta demencial conmemoración olvidaron que, en publicidad, cuando el “mensaje” satura al receptor, se logra un efecto contrario: el rechazo. Es lo que está sucediendo.

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Adicción total

La izquierda latinoamericana, desde hace algunos años, abandonada la lucha guerrillera como vía principal para hacerse del poder, optó por utilizar, para ello, las instituciones y mecanismos democráticos existentes en sus respectivos países. El problema se presenta cuando, debido a éstos, debe dejarlo. Entonces comienzan maquinaciones, cambio de Constituciones, despojo de funciones de las instituciones democráticas, abusos de poder y otras aberraciones de carácter totalitario. Los ejemplos sobran.

En Argentina, desde que la oposición, con Macri a la cabeza, ganó las elecciones, Cristina Fernández y sus adeptos han tratado, por todos los medios, de dificultar el ejercicio del poder. En Venezuela, cuando el chavismo perdió la mayoría en la Asamblea Nacional, comenzó, y aún continúa, un proceso de desautorización de sus funciones, llegando hasta el extremo de crear un engendro anticonstitucional, el denominado Congreso de la Patria, e inclusive hasta a ignorar el llamado a referéndum de mitad de mandato. Los chavistas actúan violando todas las leyes, documentos y regulaciones democráticas y, aún así, protestan y hasta reciben el apoyo de sus secuaces externos, cuando se les quiere llamar al orden. En Bolivia, el autodenominado “primer presidente indígena”, pretende que se realice otro referéndum, ignorando los resultados del anterior, para poder reelegirse nuevamente. En Nicaragua, Ortega aparece nominado nuevamente como candidato para las elecciones presidenciales de noviembre. En Brasil, la ofensiva contra el gobierno que sustituye al de Dilma Rousseau, no cesa y, ahora, como si no fuera suficiente, reaparece Lula da Silva, queriendo presentarse como candidato a la presidencia en 2018.

La izquierda, cuando le coge el gusto a las mieles del poder, cae en adicción total. Urge encontrar un tratamiento eficaz para evitarlo.

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