El dengue nuestro de cada verano

El dengue nuestro de cada verano

Al terminar la colonia, Cuba era un país con una elevada mortalidad, pues el paludismo, la viruela, el tétanos infantil, la tifoidea, la fiebre amarilla y otras enfermedades diezmaban a la población. El Gobierno Interventor de Estados Unidos, primero con el general Brooke, y después con el general Wood, se dio a la tarea de, en breve tiempo, higienizar el país y mejorar el estado sanitario. Para ello creó el departamento de Sanidad, base de la secretaría del mismo nombre constituida después, dotado de amplias facultades y con la participación de eminentes médicos cubanos y norteamericanos, el cual logró, poco a poco, librar al país de las enfermedades endémicas que, con exacerbaciones epidémicas frecuentes, constituían un grave problema.

Durante la República el proceso continuó, con un gran trabajo de higienización y la organización de un eficiente sistema de salubridad, constituido por postas médicas, casas de socorro y hospitales de diferente tipo, ubicados en las principales ciudades y poblados de la Isla, en permanente desarrollo, más la participación de la medicina privada. Para el control vectorial y la evitación de epidemias, existían brigadas que, en cooperación con el Fondo Panamericano para la Salud, saneaban arroyos, zanjas, lagunas, solares yermos y alcantarillas, ya que del saneamiento de las viviendas se ocupaban sus moradores, utilizando para ello, además de diferentes desinfectantes, el famoso insecticida DDT, las espirales humeantes “Yokel”, las mallas anti-mosquito en puertas y ventanas y los mosquiteros sobre las camas.

El dengue era una enfermedad desconocida en Cuba hasta que apareció en 1978, como resultado directo de la falta de higiene ambiental generalizada en ciudades y pueblos, y de la errónea desactivación, tiempo atrás, de las brigadas existentes. Desatado como epidemia, obligó a las autoridades a crear apresuradamente y a preparar nuevas brigadas, equiparlas con equipos de fumigación comprados en Japón y trasladados en aviones de Cubana de Aviación y adquirir, mediante compra directa, para burlar el embargo, a los “lancheros” que trasladaban droga a Estados Unidos desde Colombia y otros países del Caribe, en sus viajes de regreso, el insecticida “Mallation”, considerado en ese momento el más eficaz. Los pagos se efectuaban en efectivo, una vez comprobada la calidad del producto por personal del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). A los lancheros se les reabastecía de combustible, para continuar el viaje de regreso a sus países de origen y, cuando era necesario, se les facilitaba alojamiento y descanso en alguna Marina.

Masivamente y con mucha “bulla” y partes diarios en la prensa, Cuba se llenó de humo y había hasta que aplastar las cáscaras de huevo, porque podían convertirse en alojamientos del terrible “Aedes Aegypti”, el mosquito transmisor de la enfermedad con sus picadas. Se fumigaba a toda hora, al principio con “Mallation”, y después hasta con petróleo quemado. Los soviéticos de las unidades militares asentadas en Cuba, quisieron cooperar, poniendo a disposición de las autoridades sus equipos creadores de cortinas de humo, los cuales se utilizaron al efecto. Se formó hasta una “caravana invasora” que, partiendo de Occidente recorrió el país hasta Oriente, fumigando pueblos y ciudades a lo largo de la Carretera Central, aunque los epidemiólogos al frente de la tarea, dudaban de su efectividad, planteando que el efecto era más sicológico que práctico. Un buen día, después del último fallecido, se decretó oficialmente el fin de la epidemia. Una funcionaria del Ministerio de Salud Pública comentó en un círculo íntimo: “Pueden estar convencidos que, a partir de ahora, nadie más fallecerá de dengue. Si aparece algún “muerto tardío”, se le cargará a cualquier otra enfermedad”. A pesar de las medidas tomadas, la epidemia causó más de un centenar de muertos.

Sin embargo, cada verano reaparece el dengue. Esto ha venido sucediendo desde hace cuatro décadas. Sin lugar a dudas ya se ha hecho endémico y, como se mantiene la falta de higiene ambiental, parece que la enfermedad le ha ganado la batalla al MINSAP.

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Cuentapropismo bajo la lupa

A pesar de las declaraciones hechas hace tiempo por el Primer Secretario del PCC en defensa del trabajo por cuenta propia, estas parecen intrascendentes, si se tiene en cuenta que no son respetadas ni por el Presidente designado, ni por su equipo de gobierno, ni por la Asamblea Nacional del Poder Popular, ni por las provinciales y municipales y, mucho menos, por los funcionarios a las diferentes instancias.

En la vida real, el trabajo por cuenta propia se encuentra sometido a todo tipo de presiones y arbitrariedades, con el objetivo de no permitir su desarrollo y hasta de eliminarlo, bajo la falsa cobertura de que todo se hace para “ordenarlo y suprimir las ilegalidades”.

Yo me pregunto: ¿Por qué en seis décadas las autoridades no se han preocupado por “ordenar y suprimir las ilegalidades” en el sector estatal, que son bastante abundantes?

Las medidas contra los transportistas, el incremento de las cuotas a pagar mensualmente por las licencias para arrendar en algunos municipios de la capital, precisamente cuando el turismo se encuentra en baja, con el objetivo de beneficiar a la red hotelera estatal y a sus compinches extranjeros, la no existencia de mercados mayoristas, las multas desproporcionadas, los inspectores y funcionarios corruptos que viven del chantaje y de las búsquedas y otros muchos problemas, solo demuestran la existencia de una política discriminatoria contra el emergente sector privado de la economía, aunque el mismo, en condiciones precarias, aporte el 12% del PIB.

Parece que el socialismo, en su fracaso como sistema e incapaz de competir honestamente con este sector, ha condenado a cadena perpetua la iniciativa ciudadana y a muerte la esperanza.

Aunque muchos de los que lo practican, cuando los entrevistan los medios oficialistas de comunicación, dicen aceptar las diferentes leyes, decretos y regulaciones absurdas, en realidad, en su fuero interno, las rechazan y desean que todo cambie, el cual constituye el principal sentimiento nacional. Todo lo restante es puro bla, bla, bla.

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Causas y secuencia del embargo

El 4.1.59 se modifica la Constitución de 1940 sin contar con los cubanos. El 10.1 se establecen la pena de muerte y la confiscación de bienes por “delitos políticos”, dejando abierta su interpretación a los ejecutores. El 7.2 se promulga la Ley Fundamental, que deroga, de hecho, la Constitución de 1940, y posee un articulado de carácter totalmente represivo y vengativo. El 5.4 la CTC declara “innecesario” el derecho de huelga, también sin contar con los trabajadores. El 19.4, con participación cubana, se produce la intervención militar en Panamá, 13.6 en Santo Domingo y el 14.8 en Haití, todas fracasadas. El 23.12 aparecen las “coletillas” en los periódicos, primera limitación de la libertad de prensa.

Entre el 4 y el 13.2.60 visita La Habana el Primer Ministro de la URSS, Anastas Mikoyan, y se firma el primer acuerdo Cuba-URSS. El 17.2 desaparecen el BANFAIC (Banco de Fomento Agrícola e Industrial), el BANDES (Banco de Desarrollo Económico y Social) y la FNC (Financiera Nacional de Cuba), instituciones del Sistema Bancario, creadas al amparo de la Constitución de 1940 por el gobierno del Dr. Carlos Prío Socarrás, y desarrolladas bajo el gobierno de Fulgencio Batista. En este mismo mes de febrero, se produce la “nacionalización” de los periódicos y revistas y de la radio y la televisión, eliminándose totalmente la libertad de prensa. El 1.5 se plantea “Elecciones para qué?”, lo cual es aprobado por la población presente en el acto de la Plaza Cívica. Entre junio y el 6.8 se produce la “nacionalización” de 36 centrales azucareros, la Cía. de Electricidad, la de Teléfonos y 17 bancos, todos de propiedad norteamericana, sin indemnización o con propuestas de indemnización inaceptables (A pagar no antes de tres décadas, mediante bonos, con un fondo que se crearía con el 25% del valor del azúcar que Estados Unidos comprara por encima de una cuota de tres millones de toneladas fijas anuales, a un precio no menor de 5,75 centavos de dólar la libra inglesa). El 13.9 el Gobierno de los EUA anuncia que, de continuar las “nacionalizaciones”, se implantará un embargo a Cuba. El 13.10, por la Ley 890, se “expropian” 105 centrales azucareros, importantes empresas industriales (Crusellas, Sabatés, Hatuey, La Tropical, La Polar, Sarrá, Taquechel, Johnson, grandes tiendas por departamentos, los ferrocarriles, 18 destilerías, entre ellas Bacardí y Arechabala), más otras 376 empresas industriales y comerciales cubanas. Por la Ley 891, se “nacionaliza” el Sistema Bancario cubano y extranjero y, por otra Ley, 273 empresas más, y se dicta la Ley de Reforma Urbana, que rebaja los alquileres y, a continuación, elimina la propiedad privada sobre los inmuebles de vivienda. El 19.10 el Gobierno de los EUA establece el embargo, con excepción de sobre las medicinas y algunos alimentos. El 24.10, el Gobierno Cubano “expropia” las 166 empresas norteamericanas que restaban. El 16.12, EUA cancela la cuota azucarera cubana. El 31.12 se produce la injerencia militar cubana en Argelia, en la guerra fronteriza con Marruecos.

El 8.1.61 se produce la ruptura de relaciones entre Cuba y EUA. Entre el 15 y el 19.4 se producen las acciones militares en Playa Girón, que terminan en fracaso para el Gobierno de los EUA. El 25.4 se establece el embargo total a Cuba. El 1.5 se “nacionaliza” la educación privada, que se ejecuta el 6.6. El 5.8 se produce el cambio de la moneda nacional, bloqueándose las cuentas bancarias y reduciéndolas a un máximo de 10,000 pesos, entregando sólo 200 pesos por persona. El 17.9 se deportan a los sacerdotes en el buque “Covadonga”.

El 25.1.62 Cuba es expulsada de la OEA. Del 22 al 28.10 se produce la denominada “Crisis de los Cohetes”, que termina con un acuerdo entre EUA y la URSS, obviando a Cuba.

El 13.8.68 se decreta la denominada “ofensiva revolucionaria”, “nacionalizando” más de 50,000 micro-negocios, eliminando totalmente la propiedad privada.

Entre el 2.1.69 y el 20.5.70 se produce el fracaso de la “Zafra de los 10 millones”, que dio un golpe mortal a la industria azucarera.

El 23.4.71, en el Primer Congreso de Educación y Cultura, se entroniza la represión y la intolerancia cultural. El 30.7 se plantea el acceso de sólo “revolucionarios” a las universidades.

En agosto de 1972 se establece la “para-metración”, donde resultan expulsados de sus trabajos cerca de 300 actores y directores de teatro y de la radio y la televisión. El 22.11 se reorganiza el Estado, según el modelo soviético (en lugar de Ministerios, Comités).

El 29.7.75, la OEA deroga las sanciones contra Cuba y, en agosto, el Presidente Gerald Ford realiza el levantamiento parcial del embargo. El 12.10 comienza la intervención militar cubana en Angola, que da al traste con el breve deshielo entre Cuba y EUA.

El 18.3.77 el Presidente James Carter autoriza los viajes a Cuba, se establecen las Secciones de Intereses y se da comienzo a una nueva apertura. En noviembre Cuba envía tropas a Etiopía, para participar en la Guerra del Ogadén contra Somalia, frustrándose esta apertura.

El 14.12.84 se produce el acuerdo entre Cuba y EUA, por el cual este último país otorgará 20,000 visas anuales a los cubanos.

El 9.11.89 cae el Muro de Berlín.

El 7.5.90 se anuncia la retirada de Cuba de Angola y Etiopía. Con la desaparición del campo socialista, se declara el Período Especial en Tiempo de Paz, estableciéndose 14 medidas restrictivas, que hacen aún más difícil la vida de los cubanos.

El 8.12.91 desaparece la URSS y el 9.12 son retiradas las tropas soviéticas de Cuba.

El 12.3.96 se aprueba la Ley Helms-Burton, como respuesta al derribo de las avionetas de “Hermanos al Rescate”, y se produce el fin del breve deshielo de la “época Clinton”.

El 18.10.01 se informa la retirada de la base de espionaje “Lourdes”.

El 12.1.02 comienza la liquidación de la industria azucarera, mediante la tarea irónicamente denominada “Álvaro Reynoso”, quien fuera defensor de la misma.

El 18.12.14 se restablecen las relaciones entre Cuba y EUA. Durante la “época Obama” se producen importantes acuerdos de cooperación, a pesar del “inmovilismo cubano”. El 1.1.16, con el advenimiento de la “época Trump”, se enfrían las relaciones, lo que aún continúa.

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El regreso del general

El general Fulgencio Batista Zaldívar, mediante la realización de un golpe militar incruento, tomó el poder el 10 de marzo de 1952, derrocando al Presidente constitucional doctor Carlos Prío Socarrás quien, al exilarse sin renunciar al cargo, lo obligó a tener que actuar como Primer Ministro hasta el año 1954, cuando se realizaron elecciones generales sin candidato opositor y se hizo Presidente. Por lo tanto, ejerció hasta ese momento como Presidente de facto, no constitucional ni elegido. Este pecado original marcó negativamente todos sus años en el poder.

Como antecedentes debe señalarse que Batista, simple sargento del ejército en 1933, enrolado en la vorágine revolucionaria de ese año, se convirtió en jefe del mismo, ascendió a coronel y jugó un papel determinante, constituyéndose en “el poder real” que quitaba y ponía presidentes hasta el año 1940, en que, dejando el grado de general, asumió por primera vez, obteniendo la victoria en unas elecciones caracterizadas por su limpieza, la Primera Magistratura del país. Su gobierno de entonces se considera un buen gobierno. Después, se retiró de la política y se estableció en los Estados Unidos, hasta que regreso a Cuba y comenzó a conspirar contra Prío.

En realidad, el periodo presidencial de Batista duró casi siete años, desde el 10 de marzo de 1952 hasta el 1 de enero de 1959, cuando fue obligado a abandonar el poder por una insurrección armada. Al establecerse como Presidente de facto, fue reconocido inmediatamente por los gobiernos de todos los países. Se presentó como “el hombre fuerte” que iba a restablecer el orden, después de las debilidades de dos gobiernos Auténticos. Frente a la crisis generada por la superproducción azucarera del año 1952, estableció una acertada política azucarera, realizó la movilización del crédito y estableció los llamados presupuestos deficitarios de carácter anticíclico, gracias a los cuales el país pudo sortear las dificultades económicas y entrar en un periodo de bonanza económica. Sabiéndose inconstitucional, trató de legalizar su situación haciendo una convocatoria a elecciones generales para el año 1954, pero en julio de 1953 se produjo el asalto sorpresivo a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, creándose una situación de violencia armada que sembró la simiente para desestabilizar a las fuerzas políticas. A partir de este momento y, posteriormente, con la salida de los asaltantes de prisión mediante una amnistía, y su declarada intención de proseguir la lucha armada contra el régimen, se aceleró el agotamiento de la vía pacífica para resolver el diferendo gobierno-oposición. Aún así, en 1954 se realizaron elecciones generales a las cuales se iba a presentar como candidato por la oposición el doctor Ramón Grau San Martín, pero éste se retiró a última hora, ganando las mismas, sin ninguna oposición, Batista, el cual asumió entonces como Presidente constitucional, restableciendo la época de los generales-presidentes.

Los cuatro primeros años de su gobierno, que van desde 1952 hasta 1956 fueron de relativa tranquilidad, exceptuando los hechos de julio de 1953. La actividad política ocupó los primeros planos y la violencia estuvo relegada a un segundo plano. En este contexto, los partidos políticos tradicionales y los movimientos y partidos de nueva creación, trataron de organizarse y consolidarse para enfrentar al gobierno. También lo hacían, secretamente, las fuerzas insurreccionales, tanto en Cuba como fuera de ella.

Como aspectos positivos del gobierno, debe señalarse que en 1954 se estableció un importante Plan de Desarrollo Económico y Social, con una inversión de 350 millones de pesos, que abarcó todos los sectores de la economía. En el sector agrícola incluyó la mejoría inmediata de las instalaciones de almacenamiento y refrigeración de las cosechas, una mayor mecanización, fertilización e irrigación, así como la investigación científica, mediante el aumento de las estaciones experimentales agrícolas. También se planteó un incremento en la producción de carne, leche, aves de corral, huevos, pescado, arroz, frijoles, frutas, verduras y café. El programa contó, además, con ayuda técnica y económica a los pequeños campesinos, mediante la organización de cooperativas agrícolas y la organización del comercio y del crédito. El mismo, puesto en marcha rápidamente, pronto comenzó a dar resultados.

En estos años, el ahorro y los depósitos a plazo fijo de los bancos se elevaron de 140 a 385,5 millones de pesos, y los bienes raíces, que siempre constituyeron la forma preferida de inversión en Cuba, propiciaron un asombroso auge de las construcciones en todo el país, cuyo centro principal fue la ciudad de La Habana, donde se edificaron numerosos grandes hoteles y edificios de apartamentos, que transformaron la imagen urbana, modernizándola. En la Plaza Cívica, que había sido un proyecto concebido e iniciado por el gobierno de Carlos Prío, se edificaron y se terminaron de edificar un enorme conjunto de edificios públicos, incluyendo el monumento a José Martí. Si en 1952 la inversión privada en las construcciones sumaba 53 millones de pesos anuales y la pública 76 millones, en 1957 las cifras habían aumentado a 77 millones la privada y a 195 millones la pública. Se construyeron, además, el túnel bajo la Bahía de La Habana, que incentivó el desarrollo de la ciudad hacia el este, mediante la autopista Monumental que enlazaba con la Vía Blanca hasta Matanzas, así como los dos túneles bajo el río Almendares, que conectaban hacia el oeste de la ciudad, y se reconstruyeron, ampliaron y mejoraron todas las principales avenidas y calzadas, así como se pavimentaron las calles de la ciudad de La Habana y de Marianao y de muchas ciudades y pueblos.

En la educación pública se edificaron nuevas escuelas y centros escolares, tanto en las ciudades como en los pueblos y áreas rurales, dotándose de maestros titulados, asegurándose, además de la instrucción, los materiales de instrucción y el desayuno escolar gratuitos a los educandos, lo que permitió reducir el analfabetismo general a un 23,6%, ocupando el segundo lugar en Iberoamérica con el más bajo índice de analfabetos. En la salud pública se continuó la construcción de hospitales, tanto en La Habana como en el interior, así como de Casas de Socorro, equipándolas con los medios y medicamentos necesarios, inclusive ambulancias, ocupando el país el primer lugar en número de médicos per cápita (1 por cada 957 habitantes), y el segundo lugar en Iberoamérica con la tasa más baja de mortalidad infantil para la época.

Entre otros logros, deben señalarse el fomento de la Marina Mercante mediante la adquisición de barcos, la construcción de tres nuevas refinerías para la transformación del petróleo crudo importado, que por primera vez produjeron un saldo de gasolina para la exportación; la edificación de tres nuevas fábricas de neumáticos, que elevaron la producción de los mismos a más del doble de la de diez años atrás; la instalación de una fábrica de conductores eléctricos de cobre, quedando cubiertas las necesidades del país y de una nueva fábrica de tuberías centrifugadas de hierro, que cubría las necesidades y permitía la exportación. También se construyeron cinco nuevas fábricas de papel y cartón de bagazo, el primero de los cuales se utilizaba en la edición de periódicos y revistas de tiradas masivas y el segundo en la de cajas y embalajes. La inversión extranjera levantó una planta con capacidad para cubrir las necesidades del consumo nacional de botellas y otros envases de cristal, una planta para la producción de papel y envases de aluminio y una avanzada planta para la explotación del níquel. Además, el gobierno construyó numerosos acueductos, inclusive el que resolvió el problema del abasto de agua a la ciudad de La Habana, así como alcantarillados, carreteras y autopistas, y se efectuaron prospecciones en busca de petróleo en varias regiones del país. El año 1957, a pesar de la existencia de la lucha insurreccional, está considerado por los especialistas como el año más próspero en la historia de Cuba. Durante la década de los años cincuenta, Cuba siempre ocupó el segundo o tercer lugar en entradas per cápita en Iberoamérica, y el lugar 29 entre las mayores economías del mundo.

Si en el orden económico se marchaba bien, en lo político no era así. Clausurada la vía pacífica por errores garrafales tanto del gobierno como de la oposición, había asumido la iniciativa la violenta, con el componente de acciones insurreccionales en ciudades y pueblos y de la lucha armada en las regiones montañosas. Los partidos políticos tradicionales, que al principio se habían opuesto a ella, inclusive el Partido Socialista Popular, se le plegaron, buscando sobrevivir en los cambios que se avecinaban. El ejército, falto de preparación y desmoralizado, acostumbrado más a la vida de cuartel que a las campañas militares, estaba incapacitado para enfrentar este tipo de lucha irregular, máxime cuando sus mandos principales tampoco lo estaban. Batista arrastraba un problema genético: había ocupado el poder por un golpe militar, pasando por encima de la Constitución. Eso, a pesar del auge económico, no se lo perdonaban la mayoría de los cubanos. Además, la situación de violencia generalizada, que se había ido incrementando con asesinatos, torturas, sabotajes, atentados, ataques a cuarteles, desembarcos y hasta un ataque al Palacio Presidencial y otros actos violentos, que propiciaban la censura de prensa y coartaban la libertad de expresión, era repudiada por la mayoría de la población, que deseaba que terminara lo antes posible. Estos elementos, bien utilizados por las fuerzas revolucionarias en contra del régimen, que se presentaban como democráticas y restauradoras de la libertad perdida y de la Constitución de 1940, más las acciones victoriosas que llevaban a cabo tanto en las montañas como en el llano, condujeron a la derrota y caída del gobierno. Las elecciones generales realizadas el 1 de junio de 1958, en las cuales sin oposición salió el candidato del gobierno, además de extemporáneas, carecieron de respaldo popular y de credibilidad y, por lo tanto, no pudieron ejercer ningún tipo de influencia en los acontecimientos que se estaban desarrollando.

Batista, que pudo haberse quedado con el hálito de buen gobernante ganado entre 1940 y 1944, que ya había borrado en parte su nefasta actuación durante los siete años precedentes, repitió el grave error de querer regresar al poder, en el cual ya habían incurrido otros dos presidentes, al tratar de reelegirse en contra de la voluntad popular. Además, lo hizo de forma violenta, pasando por encima de la misma Constitución, cuyos principios él había defendido anteriormente, faltando sólo unos pocos meses para que los cubanos, de forma democrática, acudieran a las urnas y eligieran un nuevo Presidente. Esto lo marcó negativamente, independientemente de que durante sus siete años de gobierno Cuba avanzó económicamente y se desarrolló, como nunca antes lo había hecho en toda su historia. Desgraciadamente, le tocó en suerte cerrar la importante y vilipendiada etapa republicana. Durante su gobierno, su nombre le fue impuesto a una importante avenida de la capital, la calle Línea, y dado al sanatorio nacional que había construido en Topes de Collantes, así como se mantuvo izada la bandera del 4 de septiembre en las instalaciones militares. Todo esto desapareció con la llegada al poder de las nuevas autoridades.

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Un Presidente cordial

El doctor Carlos Prío Socarrás fue el octavo Presidente de la República. Surgido de la lucha estudiantil universitaria contra la dictadura de Gerardo Machado y de la revolución de 1933, tuvo una destacada participación en estos hechos, llegando a presidir la Junta Revolucionaria de Columbia que, junto al sargento Fulgencio Batista y otros complotados, estableció la Pentarquía, hechos que lo fueron convirtiendo en una joven figura política, participando además, posteriormente, en la Constituyente para la elaboración de la Constitución de 1940. Su presidencia se extendió desde el 10 de octubre de 1948 hasta el 10 de marzo de 1952, cuando fue derrocado por un golpe militar organizado y ejecutado por el general Fulgencio Batista Zaldívar, faltando uno pocos meses para la realización de las elecciones generales correspondientes. Formó parte de los doctores-presidentes y, desde su ascenso al poder se definió como un “presidente cordial”, lo cual trató de materializar desde los primeros momentos.

Su primer gran tropiezo como Presidente fue que, al haber sido promovido por Grau San Martín como candidato del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), éste, como presidente del mismo, pretendió continuar siendo “el poder tras el trono”, inmiscuyéndose en los asuntos de gobierno. Despejado el camino inteligentemente, tras un comienzo difícil en el cual se votó un empréstito de doscientos millones de pesos para emplear en un amplio Plan de Fomento, el Presidente planteó la realización de “la política de los nuevos rumbos”, que representó una etapa de rectificación para el país. Esta política incluyó la promulgación de las leyes complementarias para poder materializar lo establecido en la Constitución de 1940, la creación de algunas importantes instituciones que el país necesitaba urgentemente para su desarrollo, como el Banco Nacional de Cuba, el Banco de Fomento Agrícola e Industrial, el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales, un órgano independiente dentro del Tribunal Supremo, y el Tribunal de Cuentas, para la fiscalización de todos los gastos públicos. Todo esto contribuyó a la institucionalización del Estado, dotándolo de los instrumentos necesarios para el buen gobierno. Durante su mandato también se crearon la Junta Nacional de Economía y las Universidades de Las Villas y de Oriente, y se aprobaron la Ley Orgánica de las provincias y el derecho de réplica en los medios de información.

Además, realizó una Reforma Agraria, que aunque no resolvió totalmente el problema agrícola, mejoró la situación en el campo, estableció el libre comercio en los bateyes de los ingenios, equiparó a la mujer y al hombre en el ejercicio de los derechos civiles y estableció el Distrito Judicial de Holguín, el cual anteriormente no existía, dependiendo todos los procesos del de Oriente, establecido en la lejana Santiago de Cuba. Durante su gobierno la producción anual de azúcar siempre superó los cinco millones de toneladas, lo cual le aseguró una situación económica ventajosa.

Bajo el lema de “la cordialidad”, tratando de restablecer la convivencia ciudadana, retornaron a Cuba numerosos exilados, entre los que se encontraba el expresidente Batista. En 1950 se celebraron elecciones parciales y el gobierno las presidió con total pulcritud y respeto, al extremo de que el hermano del Presidente fue derrotado en sus aspiraciones a la Alcaldía de La Habana.

El mayor problema de su gobierno lo constituyó el auge del gangsterismo, rezago vicioso de la época revolucionaria anterior que, aparecido durante el gobierno anterior, tomó auge en las calles de La Habana, con el incremento de los asesinatos políticos, los cuales las autoridades no supieron o pudieron detener. Uno de los hechos que más impactó a la ciudadanía fue el asesinato de Alejo Cossío del Pino, quien había sido Ministro de Gobernación. En este ambiente convulso, contra Prío se incrementó, comenzada desde sus primeros días en el poder, una oposición virulenta del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), liderada por el presidente del mismo, el doctor Eduardo R. Chibás, el carismático y populista senador, que aspiraba a ser candidato a las próximas elecciones generales y se consideraba seguro vencedor. Sus ataques sistemáticos y demoledores, contribuyeron a que el gobierno se debilitase cada día más y, a veces pareciera que no controlaba la situación ni totalmente el poder. Ante una acusación al Ministro de Educación, responsabilizándolo del robo de fondos del presupuesto escolar, sin poder demostrarlo con ningún tipo de evidencia, presintiendo el golpe que tal derrota podría asestar a sus aspiraciones presidencialistas, el senador Chibás trató de repetir el “suicidio”, que tan buenos frutos le había dado en 1940 para que lo incluyeran en la Constituyente, disparándose un tiro en la ingle durante la transmisión de su programa radial dominical. Esta vez tuvo la mala suerte de que apareció una infección no prevista, falleciendo después de algunas horas de agonía. El hecho consternó al país.

La situación política imperante y el deterioro del gobierno, la división acaecida dentro de las filas del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) con la muerte auto inflingida de su principal dirigente y el error de sustituir meses antes al jefe del ejército, el general Genovevo Pérez, quien era respetado por los uniformados y hubiera constituido un valladar contra Batista y sus seguidores, por otro totalmente gris y sin ascendencia sobre los mismos, propició que se produjera el golpe militar del 10 de marzo de 1952 que, una vez más, después de un periodo de casi doce años de democracia, sumió al país en una nueva dictadura. Aparecía otra vez un general-presidente, ahora con el agravante de haber accedido al poder mediante un golpe militar, fenómeno que hasta entonces no se había producido en Cuba.

El doctor Carlos Prío Socarrás, independientemente de las acusaciones personales y de carácter íntimo que se le hicieron, falsas o verdaderas, respetó el lema de su gobierno, basado en “la cordialidad”, siendo un firme defensor del respeto a la libertad de opiniones y de prensa. Tal vez, debido a ello, el gobierno fue demasiado tolerante en algunas situaciones, como durante el incremento de los actos de gangsterismo, cuando debió hacer un uso más eficaz del poder que le confería la Constitución. Igual sucedió ante el golpe militar, el que “con el objetivo de no derramar sangre inocente” -según declaró posteriormente-, no enfrentó, teniendo en ese momento a la mayoría del ejército a su favor, pues los regimientos de las provincias no se habían sumado al mismo. Su mayor mérito, sin lugar a dudas, es haber institucionalizado al país. Nunca se erigió ningún monumento o busto que lo recordara.

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Matraquilla patriotera

Como continúa la “matraquilla” entre los que se oponen y los que aceptan el uso de los símbolos patrios, fundamentalmente la bandera, en los objetos utilitarios, voy a exponer algunas aclaraciones, además de consideraciones personales.

Están los “puritanos patrioteros”, que pretenden sacralizar la bandera y convertirla en un objeto de culto religioso, existentes principalmente en el mundo intelectual, los “populistas patrioteros”, quienes la utilizan desmesurada y, muchas veces, indebidamente, como objeto decorativo en comercios, agros, oficinas públicas, empresas, vehículos, actos de todo tipo y para cualquier actividad por insignificante que sea, como cobertura política, en cuyas filas abundan dirigentes, empresarios y administradores, donde el tamaño de la bandera juega con la envergadura de las deficiencias que se quieren tapar, y los “oportunistas patrioteros”, que la utilizan completa o en parte, sin originalidad ni buen diseño artístico, en sus vestimentas, principalmente entre músicos y deportistas.

Considero que la bandera, o mejor dicho, elementos de ella (todos o algunos), debidamente reflejados con diseños de calidad artística y originalidad, pueden ser utilizados en diferentes objetos utilitarios, como vestuario, toallas, ropa de cama, cortinas, tapicería y muchos más.

Ejemplos de buen diseño es el uso de elementos, y de las banderas norteamericana e inglesa mismas, en múltiples objetos utilitarios, preferidos en el mundo entero, incluido nuestro país.

Esta utilización no ofende ni agrede este símbolo patrio, sino que lo acerca más a los ciudadanos desde su infancia, alejándolo del altar inaccesible en que indebidamente se ha colocado. Las cubanas, el 20 de mayo de cada año, día de fundación de la República, tenían por costumbre vestirse con los colores de la bandera y hasta con la bandera misma, como muestra de sano orgullo patrio, con el beneplácito de los mambises, los veteranos y los cubanos. (Foto del dossier Fotos de Cuba)

En lugar de discutir sobre su uso o no en objetos utilitarios, sería mejor educar a los ciudadanos, desde sus primeros años de vida, en el respeto a la misma, no permitiendo su uso indiscriminado en bodegas, agros, comercios de todo tipo, actos callejeros y otros, dejándola, si está elaborada en tela, a la intemperie bajo el sol, el agua y el viento hasta su destrucción y, si es en otro soporte (papel, cartón, cartulina), regada en las calles, aceras y placeres, siendo pisoteada por los transeúntes, como simple basura, ante la indiferencia general.

En la República, para quienes no lo recuerden y para quienes no lo saben, la bandera solo podía permanecer a la intemperie desde el amanecer, donde era enarbolada, hasta el atardecer, donde era arriada, doblada correctamente en forma triangular con la estrella hacia arriba, y guardada en un lugar destinado a ella hasta el siguiente amanecer, donde se repetía el proceso. Al deteriorarse, se incineraba. Esto último también se aplicaba a las versiones elaboradas en otros soportes. Todo esto se enseñaba en la escuela y era de obligatorio conocimiento y práctica.

Tampoco estaba permitido imprimir sobre la bandera elaborada en tela, imágenes, paisajes ni textos, ni ser firmada por nadie. O sea, estaba regulado su uso y su tratamiento, algo que se respetaba y se cumplía, tanto por las autoridades como por los ciudadanos. También estaba establecido el lugar a ocupar, cuando acompañaba a otras banderas.

Hoy, casi todo esto está perdido, junto con muchas otras cosas, y lo desconocen tanto las autoridades como los ciudadanos. Considero que “rescatar” esto es más importante que perder el tiempo con la “matraquilla” sobre su uso o no en los objetos utilitarios.

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El doctor de la cubanidad

El doctor Ramón Grau San Martín fue el séptimo Presidente de la República. Gobernó entre el 10 de octubre de 1944 y el 10 de octubre de 1948. En el mismo mes de ocupar la presidencia un fuerte huracán azotó la Isla, creando gran destrucción. Para muchos ciudadanos el fenómeno natural constituyó todo un símbolo: el gobierno se inauguraba con vientos de tempestad y tempestuoso sería, a pesar de establecerse en medio de la prosperidad producida por la Segunda Guerra Mundial, donde el azúcar llegó a alcanzar un alto precio en el mercado mundial.

Grau, que prometió realizar “el gobierno de la cubanidad” y le gustaba repetir “la cubanidad es amor” y, además, que en su gobierno “las mujeres mandaban”, promulgó la Ley del Diferencial Azucarero en beneficio de los obreros de la industria, fijando la participación de los colonos en las mieles finales, una legislación de indiscutible utilidad social, así como lanzó un vasto Plan de Obras Públicas, que mejoró notablemente muchos barrios de la ciudad de La Habana, independientemente de que algunas obras fueron tan mal construidas, que fue necesario demolerlas posteriormente y rehacerlas. Estableció la colegiación obligatoria de todas las profesiones universitarias y no universitarias, la Jornada de Verano en los comercios, el Retiro del Abogado y la Caja de los Retiros Textil, Henequenero, Tabacalero y otros.

Desde el comienzo de su mandato, trató de vincularlo con el de “los cien días” (10.9.1933-15.1.1934) y darle continuidad con medidas de carácter social, aunque muchas tuvieron una elevada dosis de demagogia, al extremo de que, popularmente, se le llegó a conocer como “el divino galimatías”. Al mismo tiempo, en una muestra de debilidad, permitió que algunos grupos armados, sobrevivientes de los grupos de acción de la revolución de 1933, que no habían logrado insertarse normalmente en el proceso político posterior y practicaban la violencia y la realización de negocios turbios, campearan por sus respetos en las calles, principalmente, de La Habana. Esta tolerancia infinita al gangsterismo, revivió los episodios anárquicos de esa época anterior, que parecían haber pasado a la historia durante el gobierno precedente, al extremo que el mismo Capitolio fue apedreado por turbas enardecidas, mostrando las pésimas relaciones existentes entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, las cuales habían sufrido un gran deterioro.

Grau abandonó el semiparlamentarismo, instaurado por el gobierno anterior, y volvió a actuar como un gobierno presidencialista, ignorando lo establecido por la Constitución de la República al respecto. Además, su presidencia se caracterizó por algunos sucesos pintorescos y hasta extravagantes que le restaron credibilidad y respetabilidad, como la extraña desaparición del diamante del Capitolio, el cual tiempo después, un buen día, sin ninguna explicación coherente, apareció en la mesa de su despacho, devolviéndolo a su sitio tranquilamente como si nunca hubiera sucedido, sin dar a conocer quienes habían sido los autores de tal fechoría. Entre los sucesos trágicos acontecidos en esos años, debe señalarse la denominada “Batalla de Orfila”, más bien una matanza, donde ventilaron sus rivalidades personales y de negocios a tiros, con gran saldo de muertos y heridos, los dos grupos de acción más importantes que operaban en la ciudad de La Habana. En el plano internacional permitió la formación de un ejército clandestino, la denominada Legión del Caribe, que estableció su base de operaciones en Cayo Confites, dirigido contra las dictaduras de la región, en franca violación de las leyes internacionales existentes.

A pesar de todos estos errores, que desprestigiaron tanto al gobierno como al Presidente, convirtiendo a este último en una figura caricaturesca, siempre hubo absoluto respeto de las libertades públicas y de expresión y, como a él le gustaba repetir: “en su gobierno, todos los cubanos tenían cinco pesos en el bolsillo”. Fue un Presidente sometido a una gran oposición, no sólo de la tradicional, sino de la del doctor Eduardo R. Chibás, disidente líder del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), que pasó a encabezarla cuando no fue escogido por Grau como candidato del mismo para las próximas elecciones presidenciales. Chibás, un político carismático y populista, quien había dirigido la campaña electoral de Grau en la llamada “jornada gloriosa” que lo había llevado al poder en 1944, se sintió discriminado y se convirtió en su más feroz crítico e impugnador, con y sin razón.

El 1.6.1948 se realizaron elecciones generales en las que participaron: por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), los doctores Carlos Prío Socarrás y Guillermo Alonso Pujol, por la Coalición Socialista Democrática, los doctores Emilio Núñez Portuondo y Gustavo Cuervo Rubio, por el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), los doctores Eduardo R. Chibás y Emilio Ochoa y por el Partido Socialista Popular el doctor Juan Marinello, ganando las mismas la candidatura del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico).

El Presidente Ramón Grau San Martín, una figura popular que despertó grandes esperanzas en la ciudadanía, tanto por su aval cultural como por su actuación durante el gobierno de “los cien días”, después del derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado, quien ocupó la presidencia con una amplia mayoría a su favor, poco a poco, debido a sus debilidades políticas, fue perdiendo prestigio, convirtiéndose en un personaje folclórico más que un dirigente de Estado. Esto trajo como consecuencias que, a pesar del auge económico existente durante sus años de gobierno, así como de las muchas obras constructivas realizadas con el objetivo de mejorar nuestros pueblos y ciudades, la ciudadanía no se sintiera totalmente satisfecha. Nunca se erigió ningún monumento o busto que lo recordara.

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