Entre lo nuevo y lo viejo

Tanto en su intervención del 17 de diciembre del 2014 como ahora en la del 1 de julio del 2015, el Presidente de los Estados Unidos de América ha apostado por el presente y por el futuro, por lo nuevo, dejando de lado el pasado, del cual no es responsable y constituye una etapa ida. Además, ha aceptado que la política de aislamiento aplicada a Cuba durante más de cincuenta años fracasó, asumiéndolo ante su pueblo y el mundo.

Por el contrario, el Presidente de Cuba ha continuado apostando por el pasado, del cual es parte responsable, repitiendo el tema de las indemnizaciones y otras exigencias, algunas totalmente absurdas, y otras difíciles de cumplimentar en un corto o mediano plazo. Tampoco ha reconocido el fracaso del socialismo, impuesto al pueblo cubano a partir del 16 de abril de 1961.

Son dos concepciones totalmente diferentes: la primera responde a un presidente joven y la segunda a uno viejo.

Tal vez, la visión permanente de lo nuevo es la que ha hecho que los Estados Unidos avancen y se desarrollen constantemente, y la visión permanente de lo viejo es la responsable de que Cuba se haya estancado y retrocedido.

A pesar de todo esto, considero que lo más importante son los hechos y, aunque demasiado lentamente, están ahí, y que los discursos y las declaraciones anclados en el pasado, se hacen únicamente con el objetivo de tranquilizar a algunos personajes del parque jurásico nacional. El tiempo dirá la última palabra.

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Vivir del cuento

Los cinco espías, devenidos “héroes” por decreto, le han resultado bastante costosos, tanto al pueblo cubano como a los contribuyentes norteamericanos.

Costó al primero entrenarlos, trasladarlos y “sembrarlos” en los Estados Unidos, para realizar sus labores de espionaje. Costó a los segundos las investigaciones para descubrirlos y el proceso para juzgarlos y condenarlos a penas de cárcel. Aquí costó también al primero pagar a los abogados que los defendieron.

Sus años de cárcel costaron al contribuyente norteamericano, que tuvo que pagar por el alojamiento, la alimentación, la atención médica, el vestuario, la ropa de cama, los artículos de aseo personal, la utilización de internet, etcétera, y al pueblo cubano que costeó los múltiples viajes de sus familiares, así como su vestuario, calzado, peluquería y otros detalles, para lucir bien en el extranjero y ante los Medios al partir y regresar. A esto se agregan los gastos de la campaña nacional e internacional “exigiendo” su liberación, reciclados para ella como “antiterroristas”, más los gastos de los abogados que continuaron llevando sus casos durante años.

Al ser liberados, mediante acuerdo entre los gobiernos de ambos países, parecía que íbamos, al fin, a descansar de ellos, pero no ha sido así: mantienen su presencia en cuanto acto político, cultural, educativo, científico o deportivo se efectúe, además de realizar “giras” por el mundo, como si tratara de un grupo musical. Utilizando una frase del pasado, diría que “están hasta en la sopa”, aunque actualmente este plato haya desaparecido de las mesas cubanas por falta de carne.

Después de recorrer algunos países de América Latina, el día 21 comenzaron una “gira africana” que se extenderá hasta el 8 de julio. No recuerdo que algunos de los participantes en “las guerras ajenas” en África (y fueron miles), hayan realizado este tipo de “giras”, ni menos aún que hayan recibido este tratamiento diferenciado. Aunque se dice que “la gira” responde a invitaciones recibidas, todos sabemos que éstas no incluyen todos los gastos, los que, como siempre, serán pagados por el pueblo cubano.

La gran cantidad de recursos económicos gastados en “los cinco”, tal vez habrían sido mucho mejor empleados, si se hubieran utilizado para reparar escuelas, hospitales, calles y aceras y para construir viviendas.

Por lo publicado hasta ahora, se sabe que uno ocupa el cargo de vicepresidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (Icap), otro ha sido reciclado como poeta y pintor y un tercero, como caricaturista, bastante malos ambos, por cierto. A qué se dedican los otros dos, constituye una incógnita. En general, excepto uno, parece que no trabajan.

Sería razonable, debido al tiempo transcurrido, que se decidieran a dejar de vivir del cuento y del bolsillo de los cubanos y comenzaran a trabajar de verdad. Aprovechando la proliferación de grupos musicales en el país, y teniendo en cuenta que ya son miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, pudieran constituirse en un quinteto, al estilo de Los Cinco Latinos, Los 5U4, Los Fórmula Cinco o The Jackson Five. El nombre artístico ya lo tienen: Los Cinco o The Five, como más les guste.

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Picadillo de pavo

Cuando en un país, su Ministerio de Finanzas y Precios dedica parte de su tiempo a fijar el valor del picadillo de pavo, según el por ciento de grasa que contenga, y a rebajarle 10 centavos de CUC a las frazadas de piso de importación, además de tener que publicarlo en la Gaceta Oficial y que un periodista le dedique un artículo, me parece estar viviendo en “Macondo”, el alucinante pueblo de “Cien Años de Soledad”, la novela de Gabriel García Márquez, donde sucedían las cosas más absurdas.

A pesar de todo su cuestionable historial, pensaba que este organismo gubernamental era un poco más serio y se ocupaba de cuestiones más importantes. Además, en este ajuste del picadillo de pavo, quien sale perjudicado es el consumidor con un aumento del precio, ya que el que costaba 1,10 CUC, el de menos del 10% de grasa, ahora costará 1,70 CUC. O sea, dentro del ajuste había “bola escondida”, a la cual, como era de esperar, no hace referencia el periodista en su artículo.

No caben dudas: nuestra prensa oficialista, por lo general densa y tequera, a veces, con ayuda de los organismos gubernamentales, puede hasta resultar humorística.

¡FELICIDADES A TODOS LOS PADRES EN SU DIA!

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Adiós a “la sala oscura”

El tema de las salas de cine y de su pérdida en la ciudad de La Habana, lo he tratado en diferentes posts y artículos. Ahora lo retomo, motivado por un reportaje sobre su situación actual en el país, aparecido en el periódico “Granma”, aunque en estas líneas sólo me detendre en lo referente a la capital.

Según la funcionaria entrevistada, al frente de la Dirección Provincial de Cine en La Habana, “la ciudad llegó a tener 159 cines, de los cuales quedan 42, 13 de los cuales permanecen abiertos y 29 cerrados. 8 de los abiertos tienen problemas constructivos y los 29 cerrados serán traspasados a instituciones culturales, porque no se van a utilizar como salas de cine”. “Por política del Ministerio de Cultura -según la funcionaria- quedarán solamente 13 cines”.

El vía crucis de los cines comenzó cuando fueron expropiados a sus dueños y pasaron a ser administrados por el Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), el cual, aunque trató de mantenerlos en buenas condiciones, no disponía de todos los recursos para ello. Sin embargo, el golpe demoledor sobrevino cuando, en 1976, pasaron a ser administrados por los Órganos del Poder Popular. Baste decir que en 1980 se realizó el último plan quinquenal destinado a su mantenimiento y construcción, hace ya la friolera de 35 años. A partir de ese momento, la desidia se apoderó de ellos, condenándolos a su rápida desaparición.

Resulta ridícula la exigua cifra de 13 salas de cine para una ciudad que tiene más de dos millones de habitantes y, más aún, que el Ministerio de Cultura se abrogue el derecho de decidir que en la ciudad existan sólo estas salas, decisión burocrática tomada, como ya es habitual, sin contar con la opinión de los ciudadanos afectados.

Ahora, según la funcionaria, el Icaic se ocupa de los cines del llamado Proyecto 23 (12 y 23, Chaplin, Riviera, Yara, La Rampa y el multicine Infanta) y el Poder Popular de los restantes, éste último con un presupuesto de 313,100 pesos MN para su reparación y mantenimientos, los cuales resultan insuficientes. De ellos, el Riviera, del Proyecto 23, se encuentra cerrado por reparación, y el Acapulco, del Poder Popular, por problemas técnicos, según dice un cartel colocado en su taquilla desde hace tiempo.

Todo parece indicar que la época dorada en que abundaban los cines en la ciudad, y hasta en sus barrios y repartos más alejados del centro, pasó a mejor vida. ¡A buscar las películas en la TV, el “paquete” semanal o los DVD de los cuentapropistas, y olvidarse de “la sala oscura” y de lo que ella representó para muchas generaciones de cubanos!

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Otra vez los “Códigos de Ética”

Por estos días parecen haber regresado los “Códigos de Ética”, aquellos extraños documentos que hace algunos años debían firmar los funcionarios públicos, precisamente ante un dirigente de esa época, que fuera posteriormente defenestrado, entre otras cuestiones, “por falta de ética”.

El documento de marras reaparece en la Fiscalía General de la República, firmado por sus trabajadores de nuevo ingreso, y en la Contraloría General de la República, donde más de 300 trabajadores firmaron el documento “que debe regir el comportamiento y la labor de estos funcionarios”. En el segundo lugar, el acto cosntituyó el cierre de la “Jornada por el Fomento de los Valores Éticos”, que la Contraloría ha desarrollado durante más de un mes. Llama la atención la presencia en ambos actos de un ex-espía fracasado, reciclado como héroe, poeta y pintor, disertando sobre ética.

Me parece estar viviendo dentro de la novela de George Orwell “1984” o en el mítico “Macondo” de Gabriel García Márquez.

Si alguien piensa a estas alturas del “juego”, que obligando a los trabajadores y funcionarios a firmar este tipo de documento, se van a resolver los graves problemas de falta de honestidad, transparencia y laboriosidad, pérdida de valores, corrupción, desvío de recursos, sobornos y otros muchos que aquejan a la sociedad cubana, se encuentra flotando en las nubes, bastante alejado de la realidad.

Una vez más se repite el mismo error: tratar de enmendar burocráticamente lo que constituyen manifestaciones de profundos males de fondo, no coyunturales, sino productos legítimos de una ideología, una política y una economía fracasadas.

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Una realidad

El restablecimiento de las relaciones de todo tipo (no sólo diplomáticas), es una realidad que se está construyendo paso a paso, en correspondencia con la situación en cada momento de cada uno de los sujetos implicados en ella. Para algunos transcurre demasiado lentamente y, para otros, es sólo el ritmo posible. Siempre ha sido muy difícil poner de acuerdo a los cubanos. Sin embargo, el hecho está presente y negarlo sería un absurdo. Es más, no creo que a pesar de las declaraciones agresivas e histerias temporales, tenga marcha atrás.

¿Qué es ahora lo importante? Trabajar para conformar la nueva sociedad civil, uniendo los restos dispersos de la que fue destruida, transformando la gubernamental-totalitaria en independiente-democrática e incorporándole los nuevos componentes, surgidos en el último siglo.

Sólo una verdadera sociedad civil, donde estén representados todos los sujetos de la Nación, sin exclusiones de ningún tipo, podrá asegurar el establecimiento de un gobierno “con todos y para el bien de todos”, como preconizara José Martí, y permitir el desarrollo de las fuerzas productivas y del país, donde cada quien, piense como piense, aporte lo mejor de sí para el bien de Cuba.

La tarea no resulta sencilla, pues exige sembrar y cultivar el perdido civismo ciudadano y desterrar el fanatismo vocinglero y la doble moral, además de los dogmatismos y extremismos, que tanto daño nos han hecho.

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Relaciones

El pasado 17 de diciembre los cubanos recibimos la grata noticia de que serían restablecidas las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos, después de más de cincuenta años de inexistencia, vividos en un clima hostil y de enfrentamientos. Muchos pensamos que, al fin, se había impuesto el sentido común, y que ambos gobiernos habían sacado enseñanzas de sus errores, para no repetirlas.

Sin embargo, muy pronto se dispararon las alarmas. Los dirigentes y funcionarios cubanos continuaban utilizando el mismo lenguaje obsoleto de los años de la “guerra fría”; se producían declaraciones agresivas; se planteaban exigencias ilógicas y extemporáneas; se estrechaba la alineación con gobiernos de corte totalitario o antidemocrático y se aumentaba el apoyo a organizaciones y movimientos extremistas. Por si no fuera suficiente, se asumía como un deber de todos los cubanos, el acompañamiento total al inepto gobierno venezolano y a su aún más inepto presidente, en actitud de franca injerencia en los asuntos internos de ese país, satanizando y declarándole la guerra a la oposición, tomando parte activa del lado de las autoridades, ignorando que en las últimas elecciones los “chavistas” ganaron por una diferencia de 300 mil votos, siendo un país dividido casi a partes iguales, donde los deseos de quienes no están de acuerdo con el gobierno son tan válidos como los del gobierno y los de quienes lo apoyan. Las autoridades venezolanas parecen haber olvidado que deben gobernar para todos los venezolanos y no para una parte de ellos, lo que parece ser un mal común por estas tierras.

Este incremento del fuego político no ayuda al logro del restablecimiento de relaciones respetuosas. Una vez más las autoridades cubanas olvidan que deben representar, en primer lugar, los intereses del pueblo cubano, y no los de determinados grupos políticos de otros países con afinidades ideológicas. Esperemos que en las próximas conversaciones del día 21 todo esto sea tenido en cuenta.

 

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