Real y Maravillosa

El próximo año, en el mes de noviembre, se cumplirán 500 años de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana. Las autoridades, después de sesenta años de abandono y desidia, con la excepción honrosa del Historiador de la Ciudad, principalmente en La Habana Vieja y sus alrededores, se movilizan para tratar de embellecerla y hacerla un poco presentable en tan importante fecha.

Sus grandes problemas acumulados, como son el 90% de su fondo habitacional en regular y mal estado, las cientos de insalubres ciudadelas, donde se hacinan las familias, los miles de albergados durante años en instalaciones inadecuadas y en condiciones miserables, la falta de transporte público, la escasez de agua potable, el colapsado sistema de drenaje y de alcantarillado, la falta de alumbrado público y los frecuentes cortes del fluido eléctrico, las calles y aceras destrozadas, la suciedad e insalubridad por un deficiente servicio de recogida de basuras y de desechos sólidos, la destrucción y no reposición del arbolado en calles, avenidas y parques, los deprimentes y mal abastecidos comercios estatales, los ensordecedores ruidos, la indisciplina social generalizada y otros, como es lógico, no podrán ser resueltos en trece meses de trabajo. Para ello se carece de tiempo, fuerza laboral y recursos materiales. Además, en un año no puede hacerse lo que se dejó de hacer en seis décadas.

Por lo tanto, es de prever, acostumbrados a estos maratones masivos cíclicos, que todo se concentrará en rescatar algunas que otras instalaciones importantes, fundamentalmente en La Habana Vieja, Plaza y Playa, los municipios privilegiados, remozar algunos parques y pintar las fachadas (nunca las paredes laterales ni la trasera) de las edificaciones en las principales calles y avenidas, a modo de “vitrinas”. Se anuncia que se rescatará el Barrio Chino, donde ya quedan muy pocos chinos, con objetivos principalmente turísticos. ¿Se importarán chinos para habitarlo? ¿Se les autorizará a poner sus negocios particulares? Un Barrio Chino sin chinos activos sería una burla.

La “ciudad profunda”, esa que forman los restantes municipios, excepto la avenida que une el aeropuerto internacional José Martí con la ciudad en el Municipio Boyeros, que seguro será utilizada como vitrina, recibirán solo algunas migajas del festín. Esto se compensará con mucha música, ron y cerveza en los días de la celebración, para que se olviden las penas.

Terminado el maratón y cumplidas las metas por todos los organismos e instituciones participantes, se realizarán actos políticos con los más destacados para premiar el trabajo realizado, se entregarán banderas y certificados, y así hasta el próximo aniversario.

Debemos rezar para que la naturaleza no nos eche a perder la fiesta con la visita de algún huracán en setiembre u octubre, meses en los cuales suelen visitarnos cada año, porque entonces el 500 Aniversario sería de tristeza.

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Hablando de inviabilidad

Cinco razones que demuestran la inviabilidad del socialismo en Cuba:

1. De ocupar, en 1958, el lugar 29 entre las mayores economías del mundo, después de 60 años del experimento socialista, ha pasado a ocupar uno de los últimos lugares, tanto por su economía como por su PIB.

2. De ser el mayor productor de azúcar mundial, con producciones anuales que crecieron desde unos cuantos miles hasta 7 millones de toneladas en 1952, con un promedio anual de 4-5 millones, desde hace años produce una cifra similar a la de 1894, que fue de 1,054,214 toneladas.

3. De ser, en 1837, el primer país con ferrocarril en Iberoamérica y tercero en el mundo, ha pasado a tener el peor ferrocarril, con obsolescencia en vías férreas y equipamiento, incapaz de funcionar siquiera malamente y prestar un servicio elemental. Igual ha sucedido con el transporte vehicular en carreteras y pueblos y ciudades, con vías en pésimo estado e insuficiente parque automotriz.

4. De poseer, en 1958, una importante industria ligera, donde se fabricaban más de 10,000 artículos diferentes, que satisfacían la mayor parte de la demanda nacional, hoy hay que importarlo todo, incluyendo artículos tan simples como papel sanitario, detergentes y confituras.

5. De ser un país higiénico, caracterizado por la limpieza y el estado de conservación de sus pueblos y ciudades, ha pasado a ser un país antihigiénico, sucio y con edificaciones en estado ruinoso, con un fondo del 45% de las viviendas, a nivel nacional, en mal y regular estado constructivo.

Existen muchas más razones de tipo económico, político y social para demostrar la inviabilidad, dada por su cadena de fracasos, del socialismo en Cuba, pero éstas cinco son más que suficientes.

En definitiva, el socialismo ha demostrado su inviabilidad dondequiera que se ha intentado establecer, incluyendo China y Vietnam, donde han tenido que adoptar la economía de mercado para salir del atraso y lograr desarrollo, aunque aún mantengan su status político-partidista.

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Un tiempo que no debe olvidarse

Cuando planteo que el Partido carece de aval histórico para auto titularse “fuerza superior dirigente de la sociedad y del Estado”, lo hago basado en hechos concretos de su trayectoria. Uno de ellos es el referido a la actual aceptación de la diversidad sexual.

Si bien, antes de 1959, el Partido Comunista original nunca fue homofóbico (tenía en sus filas importantes figuras y militantes homosexuales de ambos sexos), después de 1959, con su nueva dirección, esta política liberal cambió y se volvió homofóbico, dedicando tiempo al rechazo, persecución y represión de los homosexuales y de quienes lo parecieran, en todas las esferas de la sociedad, comenzando por el mundo artístico e intelectual. No debe olvidarse el tristemente célebre “decenio gris”, donde importantes artistas e intelectuales fueron marginados y reprimidos por sus preferencias sexuales diferentes. Aunque, posteriormente, la culpa se le achacó a determinados personajes, utilizados como “chivos expiatorios”, estos habían sido ubicados en sus cargos por el Partido y el Gobierno y, simplemente, ejecutaron obedientemente la política discriminatoria que les ordenaron aplicar. El Consejo Nacional de Cultura, el Instituto Cubano de Radio y Televisión y las universidades constituyen buenos ejemplos. Pero no solo el sector artístico e intelectual resultó afectado: en los centros de trabajo, instituciones de la enseñanza media y preuniversitaria, organizaciones gubernamentales de masas (la mal denominada sociedad civil actual), unidades militares y, como era lógico, en el mismo Partido y en la Unión de Jóvenes Comunistas, resultaron cuestionados públicamente y fueron expulsados bastantes cubanos con preferencias sexuales diferentes.

Las Unidades de Ayuda a la Producción, las tristemente célebres UMAP, recibieron no solo homosexuales, sino quienes llevaban el cabello largo, vestían pantalones estrechos o escuchaban la música de Los Beatles, por ser considerados “atributos” de los primeros. En las redadas también cayeron quienes profesaban alguna religión. Los

hechos están ahí y también las muchas vidas destruidas. Ninguno de sus principales responsables ha pedido perdón al pueblo cubano por todas estas barbaridades.

En estos momentos críticos el Partido, unánimemente, apoyó y ejecutó todas estas medidas arbitrarias de sus principales dirigentes, aunque ahora, también unánimemente, al influjo de la hija del actual Primer Secretario, se proclame defensor de la diversidad sexual y hasta del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Estos vaivenes extremistas en su historia, junto a otros muchos bastante conocidos, lo invalidan para autoerigirse en “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

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Una Constitución doctrinaria

Una Constitución no es un documento doctrinario, sino el resultado de un consenso entre diferentes posiciones políticas, económicas y sociales.

En el proyecto actual, se ha tratado, utilizando otro lenguaje, de introducir los lineamientos políticos, económicos y sociales del Partido, con el objetivo de refrendarlos constitucionalmente, y pasarle “gato por liebre” al pueblo cubano. Una ideología única permea cada artículo, unas veces al comienzo y otras al final. Es como el maestro repostero, que considera necesaria una gota de limón en cada uno de sus dulces.

La Constitución de 1940, libre de aderezos ideológicos y respetuosa de la historia y de las tradiciones cubanas, analizada ahora, setenta y ocho años después de promulgada, continúa deslumbrando por sus respuestas ante el momento en que fue elaborada y por su previsión del futuro inmediato, sin imponerle “camisas de fuerza” a las nuevas generaciones. Sin lugar a dudas, los delegados a la Constituyente lograron una Constitución “con todos y para el bien de todos”, como preconizara el Apóstol.

La de 1976 y el proyecto de ahora, no la alcanzan ni en profundidad ni en trascendencia, quedando como simples documentos doctrinarios, ajenos al sentir y a las necesidades de los cubanos, por estar ambos enfocados en asegurar el mantenimiento del poder a toda costa por un único Partido, sin importar el desarrollo del país ni el bienestar ciudadano.

Aquí se encuentra la razón de tantas medidas restrictivas y discriminatorias en el orden político, económico y social en el proyecto presentado, las que serán aún mayores en las nuevas leyes que lo complementen.

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Un artículo poco constitucional

El Artículo 3 del proyecto de Constitución establece: “La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano”.

La Patria, con mayúscula, es una para todos los cubanos, tanto para los de dentro como para los de fuera, piensen como piensen. Nunca ha sido adjetivada. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí no se refirieron a ella como Patria revolucionaria o independentista. En tiempos de la República no existió una Patria liberal, ni conservadora, ni auténtica, ni ortodoxa, ni capitalista, ni nada por el estilo. Tampoco existe una Patria socialista. La Patria está por encima de todas las ideologías y de todos los sistemas económicos, políticos y sociales. El adjetivo aplicado es una manipulación utilizada por los regímenes totalitarios. Aquí hemos disfrutado de otras: democracia socialista, derechos humanos que defendemos, sociedad civil patriota, etcétera. En este caso, constituye una imposición, que se pretende aplicar también a la parte del pueblo que no comulga con el socialismo, lo cual es anticonstitucional.

En otro punto, plantea la absurda y antinatural exigencia de que el sistema establecido es “irrevocable”, una “camisa de fuerza” dirigida contra las futuras generaciones, que no tienen por qué respetar ni cumplir lo decidido aquí, sino que lo harán por sí mismas, de acuerdo con la situación que les toque vivir.

Como si todo esto no fuera suficiente, dictamina que “Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”. Resulta irónico que, quienes derribaron el orden establecido por la Constitución de 1940, habiendo prometido que la pondrían en vigor y respetarían, intenten, con espíritu guerrerista, impedir que el hecho se repita con ésta, cuando los nuevos cubanos decidan hacerlo. Es bueno recordar que, como muestra la historia reciente, los regímenes fallidos se caen por el propio peso de sus errores e incompetencia.

Este artículo parece más formar parte de un documento doctrinario del Partido que de una Constitución, tanto por su contenido como por su forma.

Estas imposiciones y exigencias arbitrarias, desgraciadamente, no sólo aparecen en el Artículo 3, sino que se encuentran diseminadas a lo largo de todo el proyecto, producto de la visión simplista y dogmática de la sociedad, con que ha sido elaborado. Un documento con estas características nace sentenciado a disfrutar de una corta vida.

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Discriminación política

Discriminación política

Constantemente se habla y escribe, en Cuba, sobre la necesidad de eliminar los distintos tipos de discriminación existentes. Se señala la racial, la de género, la de preferencias sexuales, la de regiones geográficas y países, la de discapacitados físicos y mentales, etcétera. Sin embargo, nada se dice o escribe sobre eliminar la discriminación política. Parece que, al igual que en el artículo sobre “el socialismo irrevocable” adosado a la anterior Constitución, y presente también en la nueva, posee igual carácter.

La discriminación política ha sido una práctica constante, aplicada desde las altas instancias del Partido y del Estado, contra todo aquel ciudadano que no comulgue con las ideas oficialistas, y se muestra, en sus extremos fanáticos, dogmáticos y enfermizos, en la Unión de Jóvenes Comunistas y en las organizaciones estudiantiles y juveniles controladas y rectoradas por ésta. Sus dirigentes, asesorados y orientados por sus “mayores” partidistas y gubernamentales, repiten a gritos consignas desfasadas, divagan sobre temas que desconocen y, regularmente, ejercen la violencia física para imponer sus ideas retrógradas al resto de los jóvenes. Los han atado al pasado, escamoteado el presente y comprometido el futuro. Para ellos no existe el diálogo respetuoso, ni la confrontación educada de criterios, porque han sido educados en el monólogo perpetuo: el de ellos mismos con ellos mismos.

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A propósito de un artículo simplón

El sábado 25 de agosto, el periódico del partido único “Granma”, publicó en primera plana y con letras rojas, el artículo “Cinco razones que demuestran la inviabilidad del pluripartidismo en Cuba”. El trabajo, pobremente fundamentado y peormente argumentado, merece una respuesta.

1. Generalizar que los fines de los partidos políticos eran puramente electorales y demagógicos, es condenar a priori a una pléyade de importantes personalidades cubanas, miembros de esos partidos y que mantuvieron una actitud patriótica, responsable, cívica, decorosa y honesta, a pesar de las irregularidades y vicios, correspondientes a la falta de civismo de algunos, durante la gestación y consolidación de la República.

En ella coexistieron partidos de diferentes tendencias, desde la ultraderecha hasta la ultraizquierda, quienes luchaban por ganarse, con sus programas, la simpatía y el apoyo de los ciudadanos, convertidos en época de elecciones en electores. No todos fueron buenos ni todos fueron malos. De haber sucedido lo último, Cuba no existiría como país hoy, pues los mayores avances de todo tipo se lograron en esos años.

2. Plantear que el pueblo no tenía espacio en el gobierno, porque en la primeras elecciones en 1901, se exigía ser mayor de 21 años (edad establecida en esa época en la mayoría de los países, para ser considerado legalmente mayor de edad), saber leer y poseer bienes superiores a los 250 pesos, con excepción de quienes hubieran peleado en las filas del Ejército Libertador, no fundamenta nada, ya que posteriormente las leyes electorales variaron y se adecuaron a su tiempo, siendo masiva la participación de los cubanos en las siguientes elecciones. Al “gacetillero” se le olvidó escribir que en esa época tampoco existía el voto femenino, el cual no fue establecido hasta el año 1937, siendo Cuba uno de los primeros países en hacerlo.

Además, ¿de dónde procedían quienes ocupaban los cargos políticos, sino del mismo pueblo? ¿Eran, por casualidad, extraterrestres?

3. Al hablar de la fragmentación de las fuerzas e intromisión extranjera, se ironiza sobre las elecciones “libres” a las que tenían derecho los cubanos, planteando que el pluripartidismo no era garantía de democracia. ¿Lo es, acaso, el unipartidismo? Además, en los años finales de la República, el 85% de la economía se encontraba en manos cubanas, incluyendo el 60% de la producción azucarera. No sé de dónde sacó el “gacetillero”, que el 75% de la capacidad productiva estaba en manos extranjeras.

4. Al escribir sobre la corrupción política y administrativa, acusa a todos de “ladrones y malversadores que habían tenido fama de incorruptibles”. Nadie niega que los hubo, como también muchos no lo fueron y hasta llegaron al suicidio por no poder cumplir con la palabra empeñada (Supervielle-Alcalde de La Habana). Ahora también abundan, aunque no se publiquen los casos en “Granma”, tal vez muchos más que antes, incrustados en las diferentes instancias del poder, pero ninguno se suicida ni pide perdón a los ciudadanos por los errores cometidos.

5. En la última razón, se afirma que no lograron cambiar la situación del país, lo cual es absolutamente falso. La Cuba de 1902 no se parece en nada a la de 1958. De un país insalubre y lleno de epidemias, se transformó en uno de los países con mejores indicadores de salud de Iberoamérica, al igual que en la educación, con el menor índice de analfabetismo. El desarrollo económico se disparó y, en 1958, ocupaba el lugar 29 entre las mayores economías del mundo. Todo esto propició el surgimiento y consolidación de una amplia y poderosa clase media, elevándose el bienestar de la mayoría de los cubanos, principalmente en las zonas urbanas, donde residía el 75% de la población, no siendo así en la rural, donde residía el 25%, y su avance fue mucho más lento. Esta riqueza propició la construcción de escuelas, hospitales, grandes industrias, viviendas, carreteras, puentes, calles, avenidas y todo tipo de construcciones modernas, que colocaron a Cuba en una posición privilegiada ante el resto de Iberoamérica. Las leyes laborales y su Constitución fueron de las más avanzadas para la época, y ejemplos durante años para muchos países.

Recomiendo al “gacetillero” que, cuando le ordenen escribir sobre los males de Cuba durante la República, al menos investigue y se ilustre, para no escribir tonterías y hacer el ridículo. Es un problema de ética y respeto a uno mismo y a los lectores.

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