Un año complicado

Comienza el 2017, un año que promete ser complicado y definitorio para los cubanos. El país, con un pobre 0,9 de PIB, se encuentra estancado en una prolongada crisis económica, política y social, y el general-presidente, si cumple con su palabra de dejar la presidencia el 24 de febrero del 2018, apenas dispone de trece meses y algunos días para realizar reformas, que saquen al mismo del inmovilismo, acentuado después del VII Congreso del PCC y la aparición en él del “líder histórico”. Éste, fallecido el 25 de noviembre pasado, le ha dejado como herencia una nación llena de problemas acumulados.

Su ejecutoria, desde la enfermedad de su hermano y bajo su sombra, ha consistido principalmente en eliminar absurdas prohibiciones y aplicar algunas reformas epidérmicas, sin profundizar, que no aseguran ni la supervivencia del país ni la de sus ciudadanos, las cuales han fracasado.

Sobre el tapete abundan los problemas. En lo económico: autorizar el ejercicio de las profesiones por cuenta propia, elevar los salarios para activar la producción, resolver el enredo de las dos monedas y elaborar una nueva ley de inversiones que, realmente, las estimule. En lo social: enfrentar el complejo problema de la falta de viviendas y el deterioro acelerado del fondo habitacional existente, mejorar el transporte público y otros servicios y erradicar la insalubridad, la galopante indisciplina social y la corrupción generalizada. En lo político: dar participación a las opiniones diferentes en el análisis y solución de los problemas existentes, y manejar inteligentemente las relaciones con el nuevo gobierno de los Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, tareas peliagudas, que necesitarán de horas de trabajo, de valoraciones frías y objetivas y de decisiones valientes. El 2017 no puede ser un año con más de lo mismo.

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Con los pies sobre la tierra

Ante el nuevo escenario creado con el fallecimiento del “líder histórico”, muchos representantes de la fragmentada disidencia cubana manejan la posibilidad de que las autoridades, que se encuentran en una situación bastante complicada, los inviten a dialogar, en busca de una salida conceptuada.

Realmente no soy optimista al respecto, ya que para ello la disidencia deberá, primeramente, lograr la unidad que no posee, alcanzar reconocimiento y credibilidad ante los ciudadanos y presentar un proyecto comprensible, concreto y viable, que atraiga a las mayorías, todo lo cual necesita de tiempo.

En estos momentos, la disidencia cubana es más conocida fuera del país que dentro de él, pues algunos de su componentes se han dedicado a practicar más el “turismo político”, que a trabajar entre la población, tratando de lograr adeptos a su causa. Esta realidad, además de la fragmentación ya señalada, hace que las autoridades no necesiten de ella para realizar cambios de tipo económico, político y social.

Más que buscar un diálogo imposible actualmente, la primera tarea deberá ser lograr la unión en todo lo que se comparte, dejando de lado todo lo que separa, dedicarse a trabajar con los ciudadanos para darse a conocer y ganar credibilidad, y formar parte de un proyecto de solución nacional, que involucre a todos sin distinción, incluyendo hasta a las autoridades.

Los problemas de Cuba son tan inmensos y complejos, que se necesita del concurso de todos, sin excepciones, para resolverlos.

De la capacidad de los cubanos para dejar atrás cincuenta y siete años de dogmas y enfrentamientos, y poner los pies sobre la tierra, abandonando la absurda idea de que alguien de afuera vendrá a resolverlos, dependerá el éxito o el fracaso.

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Si de agresiones se trata

Algunos periodistas oficialistas, parece que cumpliendo órdenes superiores, la han emprendido contra los cuentapropistas y sus precios, los cuales consideran demasiado elevados para el bolsillo del ciudadano de a pie.

Ninguno, como es natural, ha escrito una línea ni dicho una palabra, sobre los precios del sector estatal, los cuales superan con mucho los de los cuentapropistas.

Para nadie es un secreto que el Ministerio de Finanzas y Precios fija precios dos, tres, cuatro y muchas más veces superiores a su costo a los productos, por lo regular de baja calidad, que produce o importa y comercializa el Estado en sus redes comerciales.

El caso de los refrigeradores Hiar, comprados a precios de remate en China, debido a su tecnología obsoleta y encontrarse descontinuados, y vendidos a los ciudadanos a elevados precios (además de tener, como requisito, que entregar un refrigerador funcionando sin recibir un centavo a cambio), constituye la demostración palpable de una desvergonzada estafa. Los Hiar, sin piezas de repuesto y sin posibilidades de reparación, languidecen en las viviendas, aún sin sus inquilinos haberlos terminado de pagar.

Los equipos de DVD, televisores, aires acondicionados, ollas arroceras, ollas Reina, cocinillas eléctricas, cafeteras que explotan y otros artículos de mala calidad y elevados precios, engrosan la larga lista de atracos oficiales. Igual sucede con decenas de artículos plásticos, que compra el Estado a precios irrisorios y los comercializa como si fueran de oro, plata o porcelana.

Sobre estos desmanes, que afectan y desangran el bolsillo del cubano de a pie, estos periodistas oficialistas guardan silencio cómplice y, si se les cuestiona, repiten lo de la salud y la educación gratuitas, algo totalmente falso, pues ambos servicios ya han sido pagados por cada cubano, con lo que han dejado de recibir con sus salarios de miseria.

Esta realidad es muy difícil de ocultar. Si alguien tiene alguna duda, que recorra las tiendas en CUC y ¿por qué no?, también en CUP, donde un tornillo cuesta tres pesos, una brocha ochenta, un galón de pintura emulsionada ochenta y cinco o ciento veinte, uno de esmalte doscientos ochenta y así por el estilo.

Señores periodistas, aquí si abundan las agresiones al bolsillo de todos los ciudadanos y no solo a los de a pie.

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Después del duelo el luto

Parece que, terminados los nueve días de duelo nacional, ahora se extiende de forma interminable un luto, impuesto por los medios de comunicación oficialistas, tratando de santificar la imagen del fallecido con una eternidad virtual. Da la extraña sensación de que su espíritu continúa gobernando el país, y es quien dicta las órdenes y disposiciones. Violando los límites más elementales de la razón, hasta ya se plantea incluir su ideario en los programas docentes de todas las carreras universitarias del próximo curso, teniendo en cuenta la “genialidad” de su contenido que, irónicamente, condujeron al país a la miseria y lo ha situado entre las peores economías del mundo.

Documentales, libros, poemas, artículos, fotografías, pinturas y canciones agobian a los ciudadanos día y noche, repetidos muchas veces, logrando, más que la aceptación el rechazo, y que todo lo relacionado con él haya pasado rápidamente a formar parte del “choteo” criollo. Solo hay que recorrer nuestras calles con el oído atento.

Los excesos traen siempre malos resultados y se pagan caros. Es algo que las autoridades cubanas debieran saber, después de tantos años de ejercicio del poder.

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Jueguitos de guerra

En octubre, el huracán Matthew azotó el extremo oriental de la Isla, creando destrucción y desolación en Maisí, Baracoa y otras localidades del territorio, de las cuales sus pobladores, debido a la precariedad en que ya vivían, tardarán años en recuperarse, máxime cuando mucho de lo que hoy se reconstruye tiene carácter temporal, debido a la poca durabilidad y resistencia a los fenómenos naturales de los materiales utilizados.

La economía nacional continúa en crisis, y la falta de abastecimientos se comprueba en las estanterías vacías de los comercios en moneda libremente convertible (CUC), en los servicentros sin gasolina y en las farmacias sin medicamentos básicos. Otros servicios esenciales también muestran su deterioro y afectan a los cubanos.

Contra toda lógica, las autoridades realizaron durante los días del 16 al 18 de este mes, el Ejercicio Estratégico Bastión 2016, el cual prácticamente paralizó al país durante estos tres días. Por si fuera poco, agregaron dos “días de la defensa”, el 19 y el 20, todo con el objetivo de perfeccionar la preparación del país para enfrentar a un supuesto enemigo, bajo la concepción de Guerra de Todo el Pueblo. En las conclusiones publicadas en la prensa oficialista, se planteó la solución “exitosa” de problemas en tiempo de guerra por los órganos de dirección, los mismos que son incapaces de resolver los de tiempo de paz, así como que los ejercicios realizados con la población movilizada (prácticas de infantería, arme y desarme de armamento, tiro, lanzamiento de granadas, enmascaramiento y otros), habían elevado su preparación militar. Además, se aseguró que se había comprobado “la invulnerabilidad de Cuba ante una agresión militar”. Hoy por hoy, con el desarrollo del armamento y los avances tecnológicos en todas las esferas, ningún país puede considerarse invulnerable, incluidas las grandes potencias. Resulta absurdo plantearlo con respecto a un pequeño y pobre país como Cuba, equipado con armamento obsoleto reciclado.

Ahora se realizaban las prácticas para un gran desfile militar, al estilo de los de la época de la Guerra Fría, el 2 se diciembre, por el Aniversario 60 del Desembarco del Granma y en honor al 90 cumpleaños del “líder histórico”, el cual ha sido trasladado para el 2 de enero del 2017, debido al fallecimiento de este último en la noche del 25 de noviembre y las actividades relacionadas con su sepelio.

Es verdad que todo esto, excepto el fallecimiento (aunque era esperado), estaba planificado desde hace tiempo, pero ante el huracán Matthew y el resultado de las elecciones en los Estados Unidos, pudieron haber sido reconsideradas. Para nadie es un secreto que las mismas exigían recursos de todo tipo y obligaban a realizar grandes gastos, tanto físicos como económicos. Las preguntas de muchos ciudadanos eran: ¿Por qué todos estos recursos, en lugar de malgastarlos, no se dedicaban a resolver, en un menor tiempo y con mayor calidad, los problemas en las localidades afectadas por el huracán? Las explicaciones dadas por las autoridades, incluyendo lo de la exclusión de Guantánamo, una provincia pobre y con pocos recursos, de estas actividades, convenció a muy pocos. ¿En el contexto de la mejoría de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos, no introducen ruidos innecesarios?

¿Será que, con estos jueguitos de guerra, se pretendió “cohesionar” junto al régimen a los cada vez menos “cohesionados” cubanos?

¿Será un intento infeliz de “mostrar viejas cartas” al próximo nuevo inquilino de la Casa Blanca?

Ahora, con los últimos acontecimientos, mucho deberá cambiar.

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¡Y dale con el futuro!

Una característica de las autoridades cubanas, desde la toma del poder en enero de 1959, ha sido perder el tiempo planificando el futuro lejano y no centrarse en resolver el presente y el futuro cercano. Tal vez ella se deba a que, desde el primer momento, habían decidido gobernar eternamente.

Estas planificaciones, al principio, se focalizaron en servicios o producciones específicas: resolver el problema de la vivienda, satisfacer la demanda de arroz (desecar la Ciénaga de Zapata), producir aceite de maní (Valle de Viñales), reducir las importaciones de productos industriales, encontrar y extraer petróleo, elevar la producción azucarera (Zafra de los 10 millones), plan lechero, plan ganadero y otros. La mayoría, como es conocido, terminaron en rotundos fracasos.

Con la incorporación al “campo socialista”, aparecieron los famosos “planes quinquenales”, donde todo estaba previsto año por año, y se llegó hasta la célebre “Estrategia Año 2000”, a finales de los setenta, donde se pretendió planificar veinte años, divididos en quinquenios. En ese tiempo no se hablaba del bloqueo (embargo), sino como motivo de burla (“es un colador”-dijo una vez el actualmente nonagenario líder) porque los soviéticos se encargaban de mantener al país con descomunales ayudas económicas y de todo tipo. Los incumplimientos y fracasos, que eran una constante, se achacaban a huracanes, intensas lluvias, sequías y otros fenómenos naturales, nunca a la irresponsabilidad e incapacidad de las autoridades. De vez en cuando aparecían, como causas, epidemias y plagas reales o ficticias, que eran imputadas al cercano “enemigo imperialista”

Con la desaparición del “campo socialista” se vino abajo “Estrategia Año 2000” y los planes quinquenales, se estableció el denominado “Período Especial” y se echó mano del bloqueo (embargo), adjudicándole la responsabilidad total de todas las desgracias, actitud que aún hoy se mantiene, a pesar del mejoramiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Como resultado del VII Congreso del PCC, entre otros asuntos teóricos, las autoridades cubanas, una vez más de espaldas a los problemas del presente (déficit absoluto de viviendas, improductividad generalizada, vías de comunicación en pésimo estado, deficientes servicios de todo tipo, salarios de miseria, despidos de trabajadores del sector estatal, indisciplina social, corrupción galopante, robos, violencia callejera, etcétera), dedican su tiempo, y el de muchos de sus “cuadros” políticos y económicos, a planificar como será Cuba en el 2030.

Además de pretender obligar a las nuevas generaciones a tener que ejecutar sus deseos después de desparecidas físicamente, apuestan por seguir embaucando con la vieja y fracasada fórmula del “futuro socialista luminoso”, un futuro que, en cincuenta y ochos años de desgobierno, ineficiencia y voluntarismo nunca han podido hacer realidad, y que, cada vez se muestra más lejano e inalcanzable.

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Nombres y marcas

Hacerse de un nombre respetado en el mundo del comercio, requiere de recursos, trabajo y tiempo. En La Habana de la época colonial y republicana surgieron nombres, que se fueron consolidando con el correr de los años y llegaron a ser famosos. Entre ellos resaltan, en las tiendas: El Encanto, Fin de Siglo, La Época, La Ópera, La Filosofía, Sánchez Mola, Los Precios Fijos y otras; en las joyerías, locerías y artículos finos de regalo: Le Trianón, Riviera, Cuervo y Sobrinos y otras; en las dulcerías Potín, La Gran Vía, Sylvain y otras; en los restaurante s y cafeterías: La Zaragozana, El Castillo de Farnés, Floridita, El Emperador, Monseñor, El Castillo de Jagua, Rancho Luna y otros. La lista pudiera hacerse interminable, si se incorporaran los diferentes tipos de comercio. Igual sucedió en toda la Isla.

Con las marcas se repitió el fenómeno. Bacardí. Arechabala, Hatuey, Cristal, Tropical, Polar, Pilón, Regil, Jon Chí, Tío Ben, Bola Roja, El Miño, Nalón, Escudo, Catedral, Guarina, Hatuey, Regalías El Cuño, Partagás, H. Hupman, Competidora Gaditana, Trinidad y otras muchas.

A partir de 1959 las nuevas autoridades cambiaron los nombres y las marcas, y dejaron perder años de recursos y de trabajo serio de muchos cubanos. Fue una política comercial suicida, sustituyendo nombres y marcas establecidos, por numeraciones absurdas y nombres genéricos. Así aparecieron los mercados A-14, S-34, M-67 y otros, los cigarrillos fueron todos Populares o Suaves, los jabones Nácar, los refrescos Son y el desodorante, la colonia, el shampú y otros productos Fiesta. Desaparecieron las etiquetas y los envases que diferenciaban una marca de otra, aunque se fabricasen en diferentes lugares. Dejaron de existir los nombres y las marcas a defender o por los cuales responder, perdiéndose la calidad. Aún sucede con algunos productos, siendo el caso más representativo el de los fósforos: se nombran Chispa, aunque sus productores sean diferentes y se encuentren en distintas provincias. Muchas cervezas, con diferentes marcas, se fabrican en una fábrica en Holguín, cerrándose las fábricas existentes en La Habana.

Con la lenta inserción en el mercado mundial, algunos nombres y marcas han sido rescatados y otros nuevos han sido creados. En cuanto al comercio, los laureles corresponden al Historiador de la Ciudad, quien ha restituido a muchos comercios del casco histórico sus nombres originales, aunque con algunas libertades en cuanto a sus ubicaciones: Cuervo y Sobrinos estaba en Águila y San Rafael y no en Oficios y Muralla, donde se encuentra ahora. Pero bueno, todo no puede ser perfecto. Se debe agradecer el esfuerzo. Ojalá los nuevos negocios privados, que se instalen en locales de antiguos comercios, lo imiten. Tal vez así en La Habana y en otros lugares de Cuba se vaya restituyendo la continuidad histórica perdida.

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