Dos terminos absurdos

Cuando oigo a los viejos dirigentes políticos hablar de la irrevocabilidad y eternidad del socialismo cubano, siento pena por ellos, pensando en cómo se estarán riendo en el mundo las personas con más de dos dedos de frente. Sucede que nada hecho por los seres humanos es irrevocable ni eterno.

Lenin, Mussolini, Hitler y Stalin, por poner sólo cuatro ejemplos cercanos en el tiempo, pensaron que sus ideas y regímenes los eran y, sin embargo, la dura realidad les demostró cuán equivocados estaban. Parece que por acá abunda el analfabetismo histórico.

Pensar, siquiera, que Cuba pudiera constituir la excepción, es un absurdo. Albert Einstein sentenció: “Hay dos cosas infinitas: el universo y la imbecilidad humana”. Parece que por acá florece la segunda.

El haber, apresuradamente, incorporado estos términos en la Constitución no significa nada, ya que las Cartas Magnas las hacen y las deshacen las personas. Sin ir más lejos: ¿Cuántas han sido derogadas y cambiadas en los últimos años en América Latina? La cubana también lo será.

Parece que los dirigentes políticos que se consideran “seres iluminados”, cuando se acerca su hora final, pretenden perpetuarse asegurando que todo quede cómo ellos lo ordenaron. Otra vez la dura realidad demuestra que raramente sucede así, aunque a veces los cambios se frenen y se demoren más de lo debido.

Este socialismo a la cubana, impuesto con mucho jolgorio y construido con poca seriedad, desaparecerá como el engendro fallido que ha sido y, además, por haber sumido a los cubanos en la miseria.y haber destruido el país.

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Cubanos en las fronteras

Nuevamente se concentran los cubanos en la frontera entre Costa Rica y Panamá. El gobierno cubano, como ya es habitual, le echa la culpa a la existencia de la “Ley de Ajuste Cubano” y obvia, como siempre, las verdaderas causas: los cubanos no creen en el prometido “socialismo próspero, sostenible e irrevocable” y, menos aún, en sus viejos dirigentes políticos. La situación política, económica y social, en lugar de mejorar, ha continuado deteriorándose, sin aparecer alguna medida inteligente que pueda revertirla. Todo se vuelve palabras, consignas, discursos reciclados y promesas vacías, de los mismos responsables “históricos” de la crisis existente y de sus voceros nacionales e internacionales. Nada de esto interesa a los cubanos de a pie, quienes emigran en busca de la realización de sus proyectos de vida.

Si las propuestas del Presidente Obama despertaron algunas esperanzas, las respuestas dogmáticas y seniles de las autoridades cubanas, algunas veces hasta irrespetuosas, se encargaron de liquidarlas rápidamente. Para todos quedó claro que, con estos “personajes rencorosos y odiadores” por naturaleza, no hay nada que hacer, como no sea esperar a que desaparezcan físicamente por ley inexorable de la vida. Solo que muchos ciudadanos no están dispuestos a continuar esperando y perdiendo el tiempo, y deciden emigrar ya. Son tan cubanos como los que nos quedamos, pero algo menos pacientes y, por cierto, no esperan nada después del fracasado VII Congreso con la aparición de “la sombra del pasado” en papel nuevamente de mandón.

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Entre transfusiones

Que el Partido Comunista de Cuba está enfermo, no es noticia. Previo al VII Congreso se ha desatado una campaña de “transfusiones” para tratar de restablecerlo: fragmentos enmarcados de viejos discursos que hablan de él en la primera página de “Granma”, artículos de opinión y hasta de corte editorial sobre el mismo tema y, por último, uno con el sugerente título de “Sin el Partido no podría existir la Revolución”. Es verdad, sólo que la “revolución” es un proceso que se prolonga por un tiempo limitado y nunca es eterna ni dura 57 años. La cubana se extendió, más o menos, hasta los años 1975-76, cuando se institucionalizó el país. A partir de ahí, hubo simplemente un gobierno, el Gobierno de la República de Cuba. Lo de seguir denominándolo “revolucionario” no es más que una “adicción ideológica”.

Con la desaparición de la revolución, el Partido ha ido perdiendo importancia y hoy no interesa a los jóvenes, los adultos lo soportan por conveniencia oportunista y muchos viejos por inercia.

Su gran problema es que nunca ha aceptado los errores que ha cometido ni ha pedido perdón al pueblo cubano por ellos. Trata de mantener su actitud triunfalista, hablando de “logros” y “éxitos” que muchas veces no son tales, sino el resultado de sus “meteduras de pata” previas. Así, por ejemplo, habla de haber dirigido al pueblo en la lucha contra los errores en la economía, pero no dice que es el responsable máximo de estos errores. Tampoco habla de su responsabilidad en la persecución a los que piensan distinto, a los homosexuales y a los religiosos, de la creación y mantenimiento de las UMAP, de los planes agrícolas disparatados que destruyeron la agricultura y la ganadería, del envío de cubanos a participar en “guerras ajenas”, de las muchas prohibiciones mantenidas durante años, del control de la información, de los mítines de repudio, de las golpizas a los ciudadanos, de las arbitrariedades judiciales, de los fusilamiento injustos y de muchos excesos más.

A pesar de toda la propaganda desatada, el PCC es hoy un organismo tan viejo como sus “dirigentes históricos”, aquejado por los mismos achaques del paso del tiempo, los cuales son imposibles de evitar. Si pretende sobrevivir, tendrá que renovarse totalmente, dejando de lado su dogmatismo y fanatismo, y adaptarse a los nuevos tiempos, que ya no parecen ser de rencores y odios ancestrales acumulados, sino de respeto y de convivencia. Al menos, eso es lo que interesa a las nuevas generaciones, cansadas de tanta palabrería hueca y de tanta miseria acumulada y falta de esperanza real.

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Pasar la página

Ante la inteligente propuesta del Presidente Barack Obama de dejar atrás el pasado, pasar la página y, juntos, construir un presente mejor, algunos fósiles cubanos han puesto el grito en el cielo o, en el infierno, vaya usted a saber.

Al terminar la Guerra de Independencia, cubanos y españoles, que se habían enfrentado en una cruenta contienda, con combates de verdad y no con simples escaramuzas, se dieron la mano, estuvieron de acuerdo en el perdón mutuo y dedicaron sus esfuerzos a edificar una República “con todos y para el bien de todos”. Esto fue posible porque prevaleció el ideario martiano, que siempre proclamó el amor sobre el odio y el rencor.

Hoy, desgraciadamente, la situación es otra, ya que durante demasiados años han prevalecido el odio y el rencor sobre el amor. El problema es que Martí es irrepetible. Cambiar esta mentalidad retrógrada y suicida es muy difícil, y sólo desaparecerá con la desaparición física de sus defensores.

Sin embargo, si actuaran inteligentemente y con algo de sensatez, deberían sentirse preocupados, pues más que nadie necesitan que los cubanos pasen la página también por todos sus actos arbitrarios, división de la familia, prohibiciones absurdas, represiones políticas, económicas, sociales, culturales, religiosas y sexuales, miles de muertos en el Estrecho de La Florida en busca de libertad y de realizar sus proyectos de vida, mítines de repudio, golpizas, fusilamientos, violaciones de los derechos ciudadanos, intervenciones en países extranjeros, tratando de cambiar gobiernos, y otras muchas barbaridades cometidas. Los culpables de las desgracias y miserias de los cubanos no estuvieron sólo del lado de allá, sino que también los hubo y los hay del lado de acá. Las reales y supuestas luces no alcanzan para ocultar sus muchas sombras.

Estas “pataletas” extemporáneas no ayudan a nadie y, menos aún, a quienes las protagonizan. Es hora ya de comenzar a pensar y actuar con la responsabilidad de adultos, dejando de lado el voluntarismo y tanto odio y rencor acumulados, el cual no debe ser traspasado a las nuevas generaciones como un supuesto “compromiso histórico”. Olvidemos a los falsos y fracasados profetas y volvamos a poner en primer plano a José Martí, pero al verdadero y no al manipulado.

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Un antes y un después

Los periodistas oficialistas y los funcionarios del gobierno cubano, todos a coro, con tal de demostrar que la BNG de Guantánamo es ilegal, la han emprendido contra los presidentes y gobiernos cubanos existentes en 1903 y 1934, años en que se firmó y ratificó, respectivamente, el status de la instalación. Se habla de entreguismo, sometimiento y otras acusaciones contra hechos, instituciones y personas que pertenecen a la historia y que ya han dejado de existir físicamente.

Sin embargo, ninguno pronunció una sola palabra en contra de la instalación, a espaldas del pueblo cubano y sin la aprobación de éste, de cohetes nucleares soviéticos en el territorio nacional en 1962. Tampoco, sobre la instalación de la Base de Espionaje Radioelectrónico “Lourdes” ni el despliegue de una unidad de combate motorizada soviética, también sin la aprobación del pueblo cubano. En estos casos, con un gobierno aún en el ejercicio del poder y con sus responsables físicamente presentes. ¿Cobardía u oportunismo político? Tan preocupadas como están las autoridades cubanas y sus servidores por la defensa de la independencia y soberanía nacionales, deberían responder ante los ciudadanos por estos actos cometidos en contra de ellas.

Exigirle al Presidente Obama, como se ha hecho de moda, que pida perdón por cosas que no hizo y, por lo tanto, que no son de su responsabilidad, es muy cómodo. ¿Por qué no exigirles a las autoridades cubanas, que si son las responsables, porque son las mismas desde hace 57 años, que pidan perdón a los cubanos por tantos años de sufrimientos, errores, arbitrariedades, prohibiciones, imposiciones y represiones?

No hay dudas que el impacto de la visita de Obama en los cubanos ha sido profundo y, más aún, su discurso en el Teatro “Alicia Alonso” parece haber llenado de preocupaciones a las autoridades cubanas y a sus adeptos más recalcitrantes.

Tratando de restar importancia a lo expresado por el presidente norteamericano, han ordenado la publicación de artículos panfletarios como: “Lo que dice y no dice Obama”, “La sonrisa de Obama”, “Una carta a Obama sin respuesta”, “¿Obama “el bueno”?”, “Una apuesta equivocada”, el ofensivo e irrespetuoso “Negro, ¿tú eres sueco?” y, como colofón, el insulso “El hermano Obama”, que no convencen a nadie ni disminuyen la importancia de sus palabras. Todos repiten (¿será casualidad o un guión previamente entregado?) los mismos hechos y argumentos en contra de los Estados Unidos, pero olvidan la historia del gobierno cubano: represión política, económica, religiosa, social, sexual y cultural, prohibición de viajar al extranjero y de comprar y vender la vivienda y los vehículos, organización y sostenimiento de focos guerrilleros en muchos países de América Latina y de África, participación en guerras ajenas con pérdidas de vidas de cubanos, hundimiento del remolcador “13 de marzo”, fusilamientos sumarios sin las debidas garantías judiciales, actos vandálicos de repudio, golpizas y otros excesos..

Sin lugar a dudas, no es más que una muestra del “pataleo de los perdedores”. Aunque se nieguen a reconocerlo, existe un antes y un después del viaje de Obama.

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Visión incompleta de GITMO

En un artículo titulado “Guantánamo y la Base”, publicado en el diario oficialista “Juventud Rebelde” el 20.3.16, la periodista desgrana algunos recuerdos de su infancia y adolescencia que resultan interesantes, aunque su objetivo real sea “echar leña al fuego” del tema de la BNG, incluido entre las exigencias de las autoridades cubanas, para el mejoramiento de las relaciones entre los gobiernos de Cuba de los Estados Unidos. En el artículo, sin embargo, existen algunas imprecisiones y lagunas.

Plantea que su abuelo y su padre trabajaron en ella, este último porque sólo tuvo dos opciones: “ser guardia de Batista o ser obrero de la Base”. No creo que en esa época las opciones fueran solamente éstas: pudo haber sido carpintero, albañil, electricista, plomero, chofer, panadero, dulcero, oficinista y otros muchos oficios y profesiones. Además, como se sabe, trabajar en la Base era considerado un privilegio al que muchos aspiraban, porque allí existían magníficas condiciones para laborar y se pagaban mejores salarios que en el territorio nacional. Muestra de ello es que la mayoría de estos trabajadores adquirían autos y otros bienes a precios módicos dentro de la instalación militar, y muchos pudieron hasta construirse sus viviendas. Por si no fuera suficiente, como la periodista reconoce, aún su padre cobra la pensión por jubilación y, agrego yo, seguro en dólares contantes y sonantes. Todo parece indicar que su decisión de trabajar en la Base no fue para nada una mala decisión. De todos es conocido que, cuando los trabajadores cubanos dejaron de prestar sus servicios en la Base, la economía de Guantánamo se contrajo y debilitó, pues ellos eran quienes aportaban los principales recursos económicos a la ciudad, y se produjo el éxodo de sus habitantes, el cual dura hasta nuestros días. La periodista, que reside en La Habana, es un buen ejemplo.

Tratando otro aspecto, escribe sobre la vergüenza que representó la “zona de tolerancia” que tuvo la prostitución, para el “franco americano” en sus horas de asueto los fines de semana, olvidando que éstas siempre han existido y existen en las cercanías de cualquier Base Militar y en todas las ciudades del mundo, inclusive en las de la Cuba actual, con sus bien instruidos prostitutos y prostitutas, con la diferencia de que aquí carecen de límites geográficos para el ejercicio del oficio, considerado el más antiguo de todos. Siempre me ha llamado la atención, por qué no se encuentra incluido en la lista oficial de oficios que se pueden ejercer por cuenta propia en Cuba.

Recuerda también a las “chicas USO”, en realidad jóvenes de familias decentes que participaban en la actividades festivas de los oficiales en la Base y confraternizaban con “estos, que eran trasladadas en un tren denominado “La Titina”, lo cual no tenía nada que ver con la prostitución, pero olvida que aquí la misma práctica existió durante bastante tiempo en muchas unidades militares, cuando se celebraban actividades festivas de oficiales, solo que las “movilizadas” pertenecían a algunas “organizaciones gubernamentales” de la sociedad civil y eran trasladas en ómnibus. La práctica desapareció por las protestas de algunas “movilizadas” casadas y con compromisos formales, que denunciaron y rechazaron estas “movilizaciones patrióticas”.

Es bueno que se realizara el sueño de su abuelo de tener un hospital en esa zona, y también que se cumpla el de ella, de irse a vivir en la “tierra reconquistada”, posiblemente el único lugar en la Cuba actual con viviendas y establecimientos en buen estado, moderno, desarrollado y con todas las condiciones necesarias para residir, ante tanta destrucción y ruinas. ¡No es nada boba la periodista!

Una aclaración necesaria: la Base no es ilegal, sino producto de un acuerdo firmado entre los gobiernos reconocidos de Cuba y de los Estados Unidos en 1934, ratificando este aspecto del Tratado Permanente de 1903, acuerdo tan legal y válido como los que hoy están firmando los gobiernos actuales de ambos países. Por lo tanto, la situación sólo se resolverá mediante la firma de nuevos acuerdos y no con campañas políticas ni con exigencias absurdas y unilaterales.

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Los cambios aún están por hacer

En su intervención ante la prensa nacional y extranjera el pasado 17 de marzo, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, uno de los más grises y sin brillo que ha detentado el cargo, repitió una vez más (esto de repetirse parece ser uno de sus atributos) que “todos los cambios en Cuba ya se habían hecho el 1 de enero de 1959”.

El Ministro parece dar por sentado que sólo a la denominada “generación del centenario” le corresponde el derecho de ejercer el poder y, más aún, de ejercerlo de forma eterna. Olvida que, después de esta generación, han surgido cinco generaciones más de cubanos, muchos de los cuales no tienen ningún compromiso con estos “personajes históricos” ni con sus actos, y que poseen también el derecho a cambiar todo lo que consideren que deba ser cambiado, en bien del país y de sus ciudadanos. Aquí no existe ninguna “deuda histórica” que deba ser pagada.

Tal vez el Ministro piense que, el incorporar a algunos jóvenes, de forma selectiva, a la cúpula del poder, significa darle participación a las nuevas generaciones, cuando todos sabemos que no es así: constituyen simple utilería de adorno junto a quienes en verdad gobiernan. El caso más reciente y demostrativo es el de la Presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria, con 23 años de edad, incorporada sorpresivamente al Consejo de Estado. ¿Alguien con dos dedos de frente cree que puede decidir algo?

Los cambios que Cuba necesita no fueron hechos el 1 de enero de 1959, sino que aún están por hacer, y corresponde a las generaciones que vinieron después y a la actual, ejecutarlos. No entenderlo así, sería negar las leyes de la dialéctica y del desarrollo de las sociedades.

Parece que las palabras del día de ayer del Presidente Obama en el Teatro Alicia Alonso, antiguo García Lorca, han levantado ronchas en la fina epidermis de las autoridades cubanas, ya que no fue publicado en la prensa oficialista y, en su lugar, ha sido objeto de análisis críticos por reconocidos personajes incondicionales del régimen, quienes no han hecho más que repetir los mismos argumentos absurdos de siempre. En la calle, los cubanos de a pie, en una escala del 1 al 10, dan 10 al presidente norteamericano y 2 al cubano. Como en el béisbol, donde Cuba perdió por 4 carreras a 1 contra el Tampa Bay Rays, en política sucedió lo mismo.

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