El absurdo 10 por ciento

En cualquier restaurante y algunas cafeterías de La Habana, sean estatales o privados, a la cuenta de su consumo “se le adiciona un 10% por los servicios”, según reza un letrerito en español e inglés impreso en letras pequeñas en la carta. O sea, los precios de los platos son falsos, pues al final cuestan un 10% más que lo que dicen costar. El engendro, de tan extendido, constituye una verdadera epidemia.

¿Por qué existe aquí, cuando no está presente en ningún país y constituye un motivo de asombro y de molestia para nosotros y para quienes nos visitan?

Durante la República nunca existió. Si a usted le satisfacía lo que le ofertaban y salía satisfecho por el servicio, voluntariamente dejaba una propina, como estímulo al responsable de atenderlo y, a veces, hasta al cocinero. Esto es lo que se practica actualmente en el mundo.

El engendro surgió a partir de 1959, cuando un “inteligente” y preocupado Ministro de Comercio Interior de apellido Luzardo, entendió que la propina constituía una ofensa al trabajador gastronómico que la recibía, debido a que en el socialismo era su deber prestar un buen servicio a sus “hermanos trabajadores”, sin ningún tipo de recompensa por encima de su salario, y decidió abolirla. Ante la protesta de los gastronómicos, pues en ese momento era más lo que recibían como propinas que el salario fijo, salomónicamente estableció el 10% obligatorio sobre el consumo, el cual se repartiría entre todo el colectivo del establecimiento a partes iguales. El resultado no pudo ser peor: mala calidad de la oferta y pésimo servicio, convirtiéndose el cliente en un maltratado usuario.

El engendro estatal, con la reaparición de los establecimientos privados, se trasladó mecánicamente a los mismos y hoy se encuentra generalizado, con el agravante de que, quien le sirve, cuando trae la cuenta, que ya viene cargada con el absurdo 10%, espera sonriente su propina.

Hasta ahora muy pocos administradores estatales y dueños de negocios privados han tenido la valentía de eliminarlo, prefiriendo mantener esta fuente absurda e injusta de obtener ganancias extras a costa del bolsillo de sus clientes.

Yo, al menos, cuando puedo asistir a un restaurante o cafetería donde se aplica, no dejo ninguna propina, ya que considero que me la están cobrando obligatoriamente, independientemente de la oferta y del servicio prestado, aunque quien me atiende me mire extrañado y hasta me tache de tacaño. ¡A una, otra!

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Un rechazo poco inteligente

Al término de la Segunda Guerra Mundial, y después de la capitulación del Japón imperial, miles de jóvenes japoneses de ambos sexos se trasladaron a los Estados Unidos para estudiar, mediante becas concedidas por este país. Esto les permitió, una vez graduados, aportar al despegue y al desarrollo acelerado de su Nación, dejando atrás el atraso secular en que habían vivido. Los jóvenes japoneses de ese entonces, que habían sufrido los horrores de la guerra, fueron capaces de obviar el adoctrinamiento al que habían sido sometidos durante años en contra de los Estados Unidos, el enemigo. Demostraron que se podía ser moderno, sin renunciar a sus raíces ni a su identidad nacional.

Hoy los jóvenes cubanos, adoctrinados en la “idiotología socialista”, a través de sus “organizaciones estudiantiles gubernamentales” (UJC, FEU, FEEM y otras), y “aconsejados” por “agentes jubilados” y “voceros oficialistas” bien conocidos por sus historiales de sumisión y oportunismo político, rechazan “masivamente” en actos públicos las becas que ofrecen los Estados Unidos, alegando que persiguen el único objetivo de convertirlos en “líderes contrarrevolucionarios”. En realidad, para estar en contra del sistema imperante en Cuba la mejor escuela consiste en padecerlo.

Estos jóvenes de hoy, que rechazan festinadamente las becas, una vez superada esta época absurda de “Mesías” fracasados y “discípulos” aún peores, lamentarán esta oportunidad perdida de prepararse para aportar al desarrollo del país en una situación sana y normal, cuando prevalezca la responsabilidad ciudadana sobre las consignas politiqueras.

El atraso actual de Cuba no es responsabilidad del embargo, sino de la incapacidad de sus dirigentes y de la “idiotología socialista” inculcada a sus ciudadanos.

 

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Los “empresarios salvajes”

Los pocos restaurantes estatales que ofrecen variedad y calidad en sus ofertas y, además, buen servicio, tienen precios elevados, totalmente inaccesibles para el ciudadano medio. Platos de 10, 12 y más CUC, emparedados de 5 CUC, guarniciones de 2 CUC, postres de 3 y 5 CUC, cervezas nacionales de 1.50 y 2.50 CUC y refrescos, también nacionales, de 1 y 1.20 CUC. El fenómeno se repite en los establecimientos privados. Habiendo comenzado, muchos de ellos, con precios más o menos accesibles, buena calidad en sus ofertas y también buen servicio, gradualmente los han ido elevando en un 50 y hasta un 100%. Así, platos que costaban 3 CUC ahora valen 5 y los que costaban 5, ahora valen 7, 8 y más. Con las bebidas sucede peor: una cerveza nacional que, como máximo les cuesta 1 CUC, la ofertan a 1.50, 1.65, 2 y 2.50 CUC, un refresco nacional, que les cuesta 0.55 CUC, lo ofertan a 1 ó 1.20 CUC. De los vinos y bebidas fuertes es mejor no hablar, ya que los por cientos de ganancias son siderales. El mismo aumento se aplica a los postres, los cuales no bajan de 1.50 CUC, y los hay hasta de 3 y 5 CUC, siendo sólo simples cuñas de alguna torta.

Estos nuevos empresarios olvidaron la clásica fonda cubana, donde se comía bien y con precios económicos, y sólo aspiran a hacerse ricos de la noche a la mañana, a costa de exprimirles el bolsillo a sus clientes.

Es verdad que Cuba es hoy un mercado difícil, depreciado y envilecido, donde proliferan muchos nuevos empresarios de “cuchillo en mano”, dispuestos a despellejar a quienes se les pongan delante, pero esto, necesariamente, cambiará y deberán prevalecer aquellos honestos y responsables que, obteniendo ganancias razonables, oferten calidad y buenos servicios, y se ganen la estima y la fidelidad de sus clientes. Esto, sin lugar a dudas, les dará nombre y prestigio a sus establecimientos, así como les aportará ganancias.

El Floridita, Monseñor, El Castillo de Farnés, La Zaragozana, La Bodeguita del Medio, El Emperador, Europa, El Centro Vasco, Rancho Luna, El Polinesio, Mandarín, Hong Kong, Wakamba, La Cibeles, América y otros muchos restaurantes y cafeterías no fueron famosos precisamente por sus altos precios, sino por la calidad de sus ofertas y magnífico servicio, donde se establecía una relación de respeto entre los dueños y sus clientes. Es algo que deberían tener presente los nuevos “empresarios salvajes”.

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Los “abanderados” de la bandera

Ante la proliferación entre los cubanos de prendas de vestir con elementos de la bandera de los Estados Unidos y, en menor escala, de Inglaterra, algunos “defensores” de la identidad nacional y de los símbolos patrios han planteado enfrentarla, anteponiéndole “muchas banderas cubanas”. Como los naturales de esta Isla siempre nos pasamos y olvidamos que existe el justo medio, han aparecido prendas deportivas (pésimamente diseñadas para la Olimpiada de Río de Janeiro), camisetas, shorts, gorras, carteras, bolsos y hasta delantales con elementos de la enseña nacional o, simplemente, reproduciéndola sin ninguna creatividad.

Ahora, siguiéndole la rima a estos pioneros, otros “puristas” han alzado sus voces, exigiendo no se permita su uso en las prendas de vestir, porque no es necesario importar “malas costumbres” de otros países. En primer lugar, calificar de “malas” o “buenas” las costumbres de otros resulta un poco petulante: constituyen costumbres y deben respetarse, aunque no se compartan.

Además, a qué viene esta defensa tardía de los símbolos patrios, cuando aquí oficialmente han sido bastante irrespetados. Ejemplos sobran: utilizar la bandera en cualquier actividad política por intrascendente que sea, dejarla colgada eternamente en recintos cerrados y hasta a la intemperie, imprimirla en papel y, después, permitir que la misma ruede por pisos y calles como simple basura, siendo pisoteada por los transeúntes, utilizarla en establecimientos estales como cortina en puertas y ventanas para evitar el sol, imprimir sobre ella imágenes de personajes históricos y no tan históricos y, por si fuera poco, hasta firmarla por el líder histórico con un plumón en un acto público en la escalinata de la Universidad de La Habana; sobre el escudo es mejor no hablar, pues ha sido obviado y olvidado, no estando presente, como era habitual antes de 1959, en las instituciones gubernamentales, siendo sustituido por fotos de personajes vivos en un claro culto a la personalidad.

Toda esta algarabía se debe al querer enfrenta algunos “dogmáticos”, desde el punto de vista “idiotológico”, una costumbre extranjera extendida en nuestro país.

Pienso que existen problemas reales más importantes que enfrentar, a no ser que este sea un entretenimiento más para adormecer a los cubanos con patriotismo barato.

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Una dura realidad

En los pocos espacios de opinión ciudadana existentes en los medios oficialistas cubanos (Cartas a la Dirección de “Granma”, Acuse de recibo de “Juventud Rebelde”, una página de “Trabajadores”, Papelitos hablan en Canal Habana, Cuba dice en Cubavisión y otros), éstos, en sus quejas, arremeten contra los funcionarios incapaces, burocráticos, irresponsables e indolentes que no cumplen con sus obligaciones y permiten que los problemas se acumulen y aumenten. Igual hacen los responsables de estos espacios: el señalamiento o la crítica se mantienen en este escalón primario y, raras veces, suben hasta los organismos e instituciones gubernamentales. Tal parece que estos hechos deplorables sólo suceden por culpa de los funcionarios, ya que más arriba todo es perfecto y no existen responsabilidades por ellos.

Sin embargo, no puede ser que tantos funcionarios de diferentes organismos e instituciones (Empresa Eléctrica, Correos, ETECSA, Salud Pública, Educación, Vivienda, Planificación Física, Acueductos y Alcantarillado, Comunales, Transporte, Trabajo y Seguridad Social, Justicia, Banco Nacional, Poder Popular, etcétera) sean tan poco profesionales e ineptos.

Habría que preguntarse si estas “cualidades” no están presentes también en estos organismos e instituciones y, por lógica, hasta en el “sistema”. Parece que, realmente, el que no funciona es este último, por la simple razón de que no sirve. Más de cincuenta y cinco años con los mismos problemas en aumento, otros muchos nuevos y sin soluciones reales, lo demuestran.

Se puede continuar haciendo llamamientos al patriotismo, la disciplina, la eficiencia y a todo lo que se quiera, pero hasta tanto no se satisfagan las necesidades siempre crecientes de los ciudadanos y se les permita desarrollar libremente sus iniciativas y talentos, es perder el tiempo.

Desgraciadamente, y no sólo en Cuba, el socialismo ha demostrado ser un “sistema político, económico y social” fracasado.

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Un culto fuera de serie

Nunca me imaginé, a pesar de algunas tempranas señales preocupantes, que el culto a la personalidad en Cuba iba a superar al de Stalin, Mao Tse Dong y Kim Il Sung, por citar sólo tres casos del “corral socialista”. Olvidé las sabias palabras del gran dominicano Máximo Gómez, cuando sentenció que “los cubanos o se quedan cortos o se pasan” Por lo regular, en las cosas buenas nos quedamos cortos, y en las malas nos pasamos.

En este 2016, “el anciano personaje principal” ha sido catalogado de: gran visionario, genial político, el más consecuente discípulo martiano, invencible estratega militar, pionero mayor, eterno joven rebelde, lidiador audaz, eterno guerrillero, ardiente profeta de la aurora, renovador del marxismo-leninismo, arquitecto gigante, eminente pedagogo, pensador imbatible, original escritor, periodista insigne, agricultor vanguardia, salubrista mayor, sólido economista, atleta mayor, estelar científico y, últimamente, hasta de cimarrón mayor, además del creador, debido a su” inagotable iniciativa”, de todo lo hecho en el país durante más de cincuenta años. Parece que “El Egregio”, utilizado para elogiar a Gerardo Machado en el pasado siglo, se encuentra convenientemente prohibido, en evitación de que algún “despistado histórico” se lo endilgara también.

Cada día le aparecen nuevas “cualidades”, en una competencia de mediocres de todas las edades, tratando de superar a sus antecesores en servilismo.

Este año pasará a la Historia como el año donde el oportunismo, la carencia de ética y la cobardía formó parte de muchos cubanos, de los cuales se avergonzarán sus descendientes.

Me surge una simple pregunta: ¿Cómo es posible que, con todos estos atributos, haya sido un gobernante tan desastroso, llevando al país a la destrucción y al atraso, y a los cubanos a la miseria? Muchos lo consideran, entre ellos me encuentro yo, el peor presidente que ha tenido Cuba en toda su historia.

Hubiera sido mucho mejor para todos, haber elegido gobernantes normales cada cuatro años, con sus virtudes y defectos y sin tantas “cualidades”, sin creencias de Mesías y sin ínfulas de historicidad. Puede darse por seguro que no estaríamos en la situación actual tirando piedras al vacío socialista, hubiéramos preservado lo conquistado por las anteriores generaciones y habríamos avanzado mucho más.

Todo este circo, en lenguaje académico, se denomina “culto a la personalidad” llevado al extremo. En lenguaje popular cubano es simplemente “guataquería” de la peor especie.

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Palabras “peso pesado”

“Jamás, siempre, nunca, eterno, inamovible, inalterable, intocable, irrevocable” y otras por el estilo, son palabras habituales del léxico totalitario. Si repasamos los discursos y las intervenciones públicas y privadas de sus principales representantes históricos y actuales, las encontraremos por doquier. Incapaces de entender la sociedad en constante cambio y desarrollo, aspiran a congelarla en el estrecho marco de sus esquemáticos pensamientos, dando por sentado que todo lo que hacen es bueno y deberá mantenerse eternamente, independientemente del surgimiento de nuevas generaciones y, por lo tanto, de nuevas ideas.

Estas concepciones de supuesto carácter “eterno”, al instaurarse en el poder, han sido y continúan siendo causa de grandes desgracias para la humanidad. Sin ir demasiado lejos , recordemos el bolchevismo de Lenin en Rusia, el fascismo de Mussolini en Italia, el nazismo de Hitler en Alemania, el “comunismo” de Stalin en la Unión Soviética, las aberraciones de Mao Tse Dong en China y de Pol Pot en Kampuchea, el franquismo en España, el peronismo en Argentina, el trujillismo en República Dominicana, el castrismo en Cuba, el chavismo en Venezuela, el islamismo del Estado Islámico y seguidores y otros muchos engendros similares.

Repetirlas hoy, en pleno siglo XXI, sólo significa que aún existen quienes no aprenden las lecciones de la Historia, y suponen que sus hechos permanecerán aún después del término de sus días físicos, sin comprender que, al igual que ellos, se convertirán en polvo.

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