Picadillo de pavo

Cuando en un país, su Ministerio de Finanzas y Precios dedica parte de su tiempo a fijar el valor del picadillo de pavo, según el por ciento de grasa que contenga, y a rebajarle 10 centavos de CUC a las frazadas de piso de importación, además de tener que publicarlo en la Gaceta Oficial y que un periodista le dedique un artículo, me parece estar viviendo en “Macondo”, el alucinante pueblo de “Cien Años de Soledad”, la novela de Gabriel García Márquez, donde sucedían las cosas más absurdas.

A pesar de todo su cuestionable historial, pensaba que este organismo gubernamental era un poco más serio y se ocupaba de cuestiones más importantes. Además, en este ajuste del picadillo de pavo, quien sale perjudicado es el consumidor con un aumento del precio, ya que el que costaba 1,10 CUC, el de menos del 10% de grasa, ahora costará 1,70 CUC. O sea, dentro del ajuste había “bola escondida”, a la cual, como era de esperar, no hace referencia el periodista en su artículo.

No caben dudas: nuestra prensa oficialista, por lo general densa y tequera, a veces, con ayuda de los organismos gubernamentales, puede hasta resultar humorística.

¡FELICIDADES A TODOS LOS PADRES EN SU DIA!

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Adiós a “la sala oscura”

El tema de las salas de cine y de su pérdida en la ciudad de La Habana, lo he tratado en diferentes posts y artículos. Ahora lo retomo, motivado por un reportaje sobre su situación actual en el país, aparecido en el periódico “Granma”, aunque en estas líneas sólo me detendre en lo referente a la capital.

Según la funcionaria entrevistada, al frente de la Dirección Provincial de Cine en La Habana, “la ciudad llegó a tener 159 cines, de los cuales quedan 42, 13 de los cuales permanecen abiertos y 29 cerrados. 8 de los abiertos tienen problemas constructivos y los 29 cerrados serán traspasados a instituciones culturales, porque no se van a utilizar como salas de cine”. “Por política del Ministerio de Cultura -según la funcionaria- quedarán solamente 13 cines”.

El vía crucis de los cines comenzó cuando fueron expropiados a sus dueños y pasaron a ser administrados por el Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), el cual, aunque trató de mantenerlos en buenas condiciones, no disponía de todos los recursos para ello. Sin embargo, el golpe demoledor sobrevino cuando, en 1976, pasaron a ser administrados por los Órganos del Poder Popular. Baste decir que en 1980 se realizó el último plan quinquenal destinado a su mantenimiento y construcción, hace ya la friolera de 35 años. A partir de ese momento, la desidia se apoderó de ellos, condenándolos a su rápida desaparición.

Resulta ridícula la exigua cifra de 13 salas de cine para una ciudad que tiene más de dos millones de habitantes y, más aún, que el Ministerio de Cultura se abrogue el derecho de decidir que en la ciudad existan sólo estas salas, decisión burocrática tomada, como ya es habitual, sin contar con la opinión de los ciudadanos afectados.

Ahora, según la funcionaria, el Icaic se ocupa de los cines del llamado Proyecto 23 (12 y 23, Chaplin, Riviera, Yara, La Rampa y el multicine Infanta) y el Poder Popular de los restantes, éste último con un presupuesto de 313,100 pesos MN para su reparación y mantenimientos, los cuales resultan insuficientes. De ellos, el Riviera, del Proyecto 23, se encuentra cerrado por reparación, y el Acapulco, del Poder Popular, por problemas técnicos, según dice un cartel colocado en su taquilla desde hace tiempo.

Todo parece indicar que la época dorada en que abundaban los cines en la ciudad, y hasta en sus barrios y repartos más alejados del centro, pasó a mejor vida. ¡A buscar las películas en la TV, el “paquete” semanal o los DVD de los cuentapropistas, y olvidarse de “la sala oscura” y de lo que ella representó para muchas generaciones de cubanos!

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Otra vez los “Códigos de Ética”

Por estos días parecen haber regresado los “Códigos de Ética”, aquellos extraños documentos que hace algunos años debían firmar los funcionarios públicos, precisamente ante un dirigente de esa época, que fuera posteriormente defenestrado, entre otras cuestiones, “por falta de ética”.

El documento de marras reaparece en la Fiscalía General de la República, firmado por sus trabajadores de nuevo ingreso, y en la Contraloría General de la República, donde más de 300 trabajadores firmaron el documento “que debe regir el comportamiento y la labor de estos funcionarios”. En el segundo lugar, el acto cosntituyó el cierre de la “Jornada por el Fomento de los Valores Éticos”, que la Contraloría ha desarrollado durante más de un mes. Llama la atención la presencia en ambos actos de un ex-espía fracasado, reciclado como héroe, poeta y pintor, disertando sobre ética.

Me parece estar viviendo dentro de la novela de George Orwell “1984” o en el mítico “Macondo” de Gabriel García Márquez.

Si alguien piensa a estas alturas del “juego”, que obligando a los trabajadores y funcionarios a firmar este tipo de documento, se van a resolver los graves problemas de falta de honestidad, transparencia y laboriosidad, pérdida de valores, corrupción, desvío de recursos, sobornos y otros muchos que aquejan a la sociedad cubana, se encuentra flotando en las nubes, bastante alejado de la realidad.

Una vez más se repite el mismo error: tratar de enmendar burocráticamente lo que constituyen manifestaciones de profundos males de fondo, no coyunturales, sino productos legítimos de una ideología, una política y una economía fracasadas.

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Una realidad

El restablecimiento de las relaciones de todo tipo (no sólo diplomáticas), es una realidad que se está construyendo paso a paso, en correspondencia con la situación en cada momento de cada uno de los sujetos implicados en ella. Para algunos transcurre demasiado lentamente y, para otros, es sólo el ritmo posible. Siempre ha sido muy difícil poner de acuerdo a los cubanos. Sin embargo, el hecho está presente y negarlo sería un absurdo. Es más, no creo que a pesar de las declaraciones agresivas e histerias temporales, tenga marcha atrás.

¿Qué es ahora lo importante? Trabajar para conformar la nueva sociedad civil, uniendo los restos dispersos de la que fue destruida, transformando la gubernamental-totalitaria en independiente-democrática e incorporándole los nuevos componentes, surgidos en el último siglo.

Sólo una verdadera sociedad civil, donde estén representados todos los sujetos de la Nación, sin exclusiones de ningún tipo, podrá asegurar el establecimiento de un gobierno “con todos y para el bien de todos”, como preconizara José Martí, y permitir el desarrollo de las fuerzas productivas y del país, donde cada quien, piense como piense, aporte lo mejor de sí para el bien de Cuba.

La tarea no resulta sencilla, pues exige sembrar y cultivar el perdido civismo ciudadano y desterrar el fanatismo vocinglero y la doble moral, además de los dogmatismos y extremismos, que tanto daño nos han hecho.

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Relaciones

El pasado 17 de diciembre los cubanos recibimos la grata noticia de que serían restablecidas las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos, después de más de cincuenta años de inexistencia, vividos en un clima hostil y de enfrentamientos. Muchos pensamos que, al fin, se había impuesto el sentido común, y que ambos gobiernos habían sacado enseñanzas de sus errores, para no repetirlas.

Sin embargo, muy pronto se dispararon las alarmas. Los dirigentes y funcionarios cubanos continuaban utilizando el mismo lenguaje obsoleto de los años de la “guerra fría”; se producían declaraciones agresivas; se planteaban exigencias ilógicas y extemporáneas; se estrechaba la alineación con gobiernos de corte totalitario o antidemocrático y se aumentaba el apoyo a organizaciones y movimientos extremistas. Por si no fuera suficiente, se asumía como un deber de todos los cubanos, el acompañamiento total al inepto gobierno venezolano y a su aún más inepto presidente, en actitud de franca injerencia en los asuntos internos de ese país, satanizando y declarándole la guerra a la oposición, tomando parte activa del lado de las autoridades, ignorando que en las últimas elecciones los “chavistas” ganaron por una diferencia de 300 mil votos, siendo un país dividido casi a partes iguales, donde los deseos de quienes no están de acuerdo con el gobierno son tan válidos como los del gobierno y los de quienes lo apoyan. Las autoridades venezolanas parecen haber olvidado que deben gobernar para todos los venezolanos y no para una parte de ellos, lo que parece ser un mal común por estas tierras.

Este incremento del fuego político no ayuda al logro del restablecimiento de relaciones respetuosas. Una vez más las autoridades cubanas olvidan que deben representar, en primer lugar, los intereses del pueblo cubano, y no los de determinados grupos políticos de otros países con afinidades ideológicas. Esperemos que en las próximas conversaciones del día 21 todo esto sea tenido en cuenta.

 

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Cambiar el tema

Cuando se trata de hablar sobre los derechos humanos, nuestras autoridades obvian los treinta contenidos en la Declaración Universal de los mismos, y se extienden en ponderar la ayuda médica, educacional y de otro tipo que prestan en decenas de países en el mundo entero, así como la que ofrecen a extranjeros en nuestro país, sin aclarar que, en la mayoría de los casos, esta ayuda es pagada por estos países y por las personas que la reciben en Cuba. En realidad, más que ayuda, son servicios que se comercializan con muy buenos dividendos políticos y económicos para el gobierno. Cada cosa debe ser llamada por su nombre.

Ella, aunque respetable, no forma parte de los derechos humanos y, por lo tanto, no debería ser utilizada para evadir la responsabilidad por el irrespeto de los mismos para con los cubanos, ni aceptada por otros en los foros internacionales.

Desde el momento en que existen exclusiones dentro del país, en cuanto al ejercicio de los derechos políticos y ciudadanos, represión y golpìzas hay violación de los mismos. La libertad de opinión y de expresión, el no ser molestado a causa de las opiniones y el investigar y recibir informaciones y opiniones y difundirlas sin limitación de fronteras, se mantienen como asignaturas pendientes. También la libertad de reunión y de asociación pacíficas. Pueden citarse otras muchas.

Sobre estos derechos y todos los restantes es que hay que conversar y lograr, mediante el diálogo respetuoso y serio, su instauración en el país, así como su inclusión en la Constitución, sin “coletillas” que los desvirtúen, como sucede con algunos en la actual. Además, el Poder Judicial debiera velar y exigir porque sean respetados. Va siendo hora de comenzar a poner los puntos sobre las íes, y no continuar permitiendo que las autoridades cambien el tema a su conveniencia, si es que de verdad se quieren resolver los problemas.

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Algo es algo

Hace algunos años, en una de las muchas iniciativas fracasadas del comercio socialista cubano para vender artículos de poca demanda, se inventó la “venta convoyada”: se agrupaban tres artículos diferentes (una latica de desodorante en pasta, un machete y un rollo de papel sanitario, por ejemplo) y se ofertaban juntos por un precio único. Ningún artículo tenía nada que ver con los otros, pero se ofrecían así y no de forma independiente, según la necesidad del comprador, que había dejado de ser cliente para convertirse en usuario. La iniciativa, como era de esperar, fracasó.

Parece que ahora ha sido retomada, por eso de repetir los mismos errores, pero no con los artículos, sino con la celebración de actividades políticas y culturales. Así nos enteramos que un acto político se realizará además en apoyo a Venezuela y en honor de “los cinco” (los dos están de moda). También un concierto puede efectuarse por el aniversario de la agrupación musical que lo ofrece, en recordación de un viejo discurso y por el logro de un supuesto éxito productivo. O sea, ha aparecido la “celebración convoyada.

Tal vez su surgimiento se deba a que es tal el número de fechas, hechos y personajes a recordar u homenajear, que ya no alcanzan todos los días del año. De ahí la necesidad de agruparlos.

Sin ser algo muy relevante, esta iniciativa pudiera incluirse entre los aportes del socialismo cubano al socialismo del siglo XXCI. Algo es algo.

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