Deseos de Año Nuevo

Para el quinquenio 2011-2016, las autoridades cubanas se plantearon un crecimiento de la economía del 5.1 por ciento. Posteriormente lo rebajaron al 4.4 por ciento. Sin embargo, el promedio de crecimiento ha sido del 2.7 por ciento, siendo este año el peor de crecimiento con sólo el 1.3, desplazando del primer lugar de este indicador negativo al año 2009, cuando sólo se creció un 1.4 por ciento, desde que comenzó la denominada actualización del modelo económico.

Ya van más de veinte años de sostenido estancamiento económico, los cuales demuestran que, a pesar de todos los intentos realizados hasta el momento para salir del mismo, el modelo no funciona. Esto ha traído un gran deterioro de los servicios sociales, el cual resulta palpable a los ciudadanos, independientemente de la propaganda oficialista que trata de convencerlos de lo contrario. Ha quedado demostrada la incapacidad de recuperación de los índices industriales y de la producción agrícola, además de que toda la infraestructura ha sufrido un considerable deterioro. Los salarios reales hoy representan el 35 por ciento del nivel que tenían en el año 1989. Todo esto sumado ha afectado la credibilidad del gobierno.

A pesar de las sistemáticas declaraciones en contra, se hace necesario aumentar la velocidad de las reformas y reducir la cantidad de experimentos que se ejecutan antes de dar paso a las transformaciones. El tiempo que se pierde agrava la situación económica de los ciudadanos.

 

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Diferentes diferendos.

El inicio de cambios en el diferendo histórico entre el gobierno cubano y los diferentes gobiernos de los Estados Unidos, que ha comenzado con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, deberá abarcar, como ya ha sido señalado por ambos mandatarios, otros temas tal vez no tan fáciles de resolver. A pesar de que este primer paso y los otros que vendrán influirán dentro de Cuba, ello no significa que solucionarán el otro diferendo importante: el existente entre el gobierno cubano y los ciudadanos. Este diferendo se ha complejizado a causa de demasiados años de ejercicio del poder por dos únicas personas, apoyadas por sus seguidores generacionales más cercanos, quienes han cometido múltiples y costosos errores políticos, económicos y sociales, que nunca fueron tratados a tiempo, que han afectado a todo el país, precipitándolo en una crisis demasiado prolongada, debido a lo cual han perdido credibilidad ante los ciudadanos.

Desde hace tiempo, a pesar de que las autoridades no lo quieran reconocer y continúen apostando por una unidad nacional que todos sabemos formal, un gran número de cubanos exigen cambios, no sólo económicos sino también políticos y sociales. Lo manifiestan con sus familiares, amigos y hasta vecinos, aunque aún no se atrevan a expresarlo en voz alta. Quienes piensan que las reformas económicas no generarán exigencias de reformas políticas están en un error. La nación cubana precisa de renovarse y ponerse a tono con los tiempos que corren. O lo facilitan los pocos representantes vivos de la generación histórica en el tiempo que les resta por vivir, o lo harán los representantes de las nuevas generaciones, quienes aún, tal vez, sean todavía desconocidos para la mayoría de la población.

Al dejar de existir oficialmente el enemigo externo, a las autoridades les será muy difícil continuar utilizándolo como pretexto, para impedir el ejercicio de los derechos individuales de cada ciudadano. Podrán seguir hablando de derechos generales, como han hecho hasta ahora, pero no podrán obviar los otros. Resuelto el diferendo externo, toca comenzar a resolver el interno.

 

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Cambio de escenario

Sin lugar a dudas, aunque aún no hayamos sido capaces de asumirlo, tal vez por lo reciente de su realización, se ha producido un cambio en el escenario político cubano. Al menos en lo que concierne al diferendo entre los dos gobiernos.

Este cambio obliga a un reposicionamiento de las fuerzas actuantes en el mismo, así como a una actualización de sus tácticas y estrategias. Simplemente apoyarlo o rechazarlo, desde posiciones preconcebidas, no es suficiente ni demuestra inteligencia y responsabilidad. Se hace necesario un estudio serio y profundo de lo que representa y de las posibilidades que brinda o retira. Todos los actos humanos -¡y más aún los relacionados con la política!-, contienen aspectos positives y negativos. Aprovechar y desarrollar los primeros y minimizar los segundos no es tarea fácil, pero sí posible.

Un escollo importante ha sido superado por la voluntad de los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos, después de más de cincuenta años de mantenimiento de posiciones intransigentes. Ello es bueno, tanto para el pueblo cubano como para el norteamericano. A la sociedad civil de la Isla le toca ahora, desde dentro del país, con la participación de los cubanos de afuera, ayudar a consolidar este cambio inicial y hacer avanzar otros políticos, económicos y sociales. Para ello el gobierno y la sociedad civil deben dejar atrás años de enfrentamientos y de descalificaciones, y colocar en primer lugar el bien de Cuba: lo logrado en lo externo debe repetirse en lo interno. Este constituye el mejor camino para lograr una transición pacífica hacia un régimen democrático, inclusivo y participativo, donde quepan en igualdad de oportunidades todos los cubanos, con todas sus diferencias.

La repetitiva retórica triunfalista, expresada sólo unos días después del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, resumida en la frase “Con un pueblo como el cubano se puede llegar al año 570 de la Revolución”, no debe ser motivo de preocupación: es simplemente más de lo mismo. Sin querer, me recordó a Hitler cuando dijo que el imperio nazi iba a durar 1000 años. Por suerte, la historia no toma en serio los excesos verbales. De todas maneras hay que tener mucho cuidado, porque a veces lo que se hace con la cabeza se destruye con los pies. Esperemos que éste no sea el caso.

Un aspecto sí preocupante es el planteamiento de que sólo unos pocos cubanos no están de acuerdo con el sistema, y que lo hacen porque reciben dinero y oxígeno del exterior. En realidad son cientos de miles los que no lo están, aunque sólo unos cientos lo manifiesten en voz alta. Sería un terrible error que las autoridades se creyeran su propio cuento de la unidad de todos los cubanos junto a la revolución.

 

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Un acuerdo inteligente

Al fin, después de más de cincuenta años de tensiones, contradicciones, ofensas y agresiones mutuas, los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos han llegado a acuerdos, que demuestran inteligencia y responsabilidad por parte de ambos mandatarios, siendo el principal de ellos el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

Este primer paso ha necesitado del esfuerzo de diferentes personalidades y gobiernos, destacándose la labor del Papa Francisco y de Canadá, así como de otros muchos que no se han mencionado específicamente.

La liberación de los presos aquí y allá, que era un obstáculo menor, aunque durante años ha sido inflado y utilizado para la propaganda, formando parte del circo nacional, sirvió de trampolín para lo verdaderamente importante. Ya hoy, a pesar de la retórica revolucionaria desfasada a la cual son adictas nuestras autoridades, han pasado a un segundo plano, opacados por la noticia verdaderamente trascendente. Esto, por supuesto, no nos librará de tenerlos en nuestros televisores de patrón de pruebas durante los próximos días. Parece ser un mal necesario.

Para nadie es un secreto que, desde hace bastante tiempo, esta decisión venía gestándose bajo el tapete. La acumulación de signos delatores era amplia. Además, tanto el presidente de los Estados Unidos, con el descalabro sufrido en las llamadas elecciones de medio mandato, que demostraron su pérdida de popularidad, como el presidente de Cuba, con un país en crisis galopante y sin medidas verdaderamente efectivas que resuelvan los problemas ni mecenas dadivosos que den una mano, se acercaban peligrosamente a sus abismos.

La decisión tomada merece aplausos, no sólo por lo que representa en este momento, sino por lo que promete, pues debe dar vía a otros pasos fundamentales de tipo económico, político y social. Mantener el camino anunciado del diálogo y de las acciones comunes en pos del bienestar de ambos pueblos, debe ser la exigencia de cada día. Para ello es imprescindible el respeto, la eliminación de los improperios y las ofensas en los discursos, respetar las diferencias de todo tipo, asegurar el derecho a disentir de cada ciudadano, así como propiciar, con medidas efectivas, un verdadero clima de libertad para todos los cubanos. ¡Ojalá la inteligencia y la responsabilidad continúen en primer plano! rsos, respetar las diferencias de todo tipo, mecenas dadivosos que den una mano,

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El Hip – Hop en la mira

Continúan las denuncias en la prensa oficialista cubana sobre la subversión organizada por la USAID contra el régimen imperante en el país. Ahora le tocó al movimiento musical Hip – Hop. No voy a dedicar tiempo a si es cierta o no la trama novelesca dada a conocer por la agencia informativa estadounidense Thr Associate Press (AP), pues prefiero los capítulos de “Homeland”. Me detendré en algunas cuestiones no publicadas, que considero más importantes y que constituyen la génesis del problema.

Para nadie es un secreto que, en el mundo musical cubano, existen agrupaciones e intérpretes aupados por las autoridades, quienes disfrutan de privilegios económicos y de difusión, los denominados popularmente “oficialistas” Éstos, lo mismo participan en un mitin de repudio, que organizan el Festival de la Piña Colada en Ciego de Ávila, por sólo poner un ejemplo. Abundan y los vemos y oímos en muchas actividades políticas gubernamentales. En estos días estarán presentes, no para hacer más agradables la Nochebuena, la Navidad o el Año Nuevo, sino para celebrar el 56 aniversario del triunfo de la revolución. No recuerdo que durante la República, las agrupaciones musicales y los intérpretes respondieran al gobierno de turno o a los partidos políticos.

Existen también otros que, al tratar en sus obras los agudos problemas sociales que abundan en el país, son cuestionados por las autoridades, no disfrutan de privilegios y tienen que apañárselas para subsistir, principalmente en espacios “underground”. Han surgido y surgen, no porque la USAID los crea, sino como resultado de absurdas políticas gubernamentales mantenidas por cincuenta y seis años, que han destruido las vidas de miles de cubanos y al país, dejando a la juventud sin esperanzas de realización en su propia tierra.

Las agrupaciones musicales y los intérpretes contestatarios han existido y existen en todos los países, inclusive en los Estados Unidos, y no han sido creados por la USAID. Se les respeta y forman parte del mundo musical de los mismos con igualdad de derechos. Plantear que los sucesos de Serbia y de Ucrania fueron promovidos por la USAID, a través de agrupaciones de este tipo, además de risible constituye una falta de respeto a la inteligencia de los lectores.

¿Cuándo nuestras autoridades dejarán de echarle la culpa al “enemigo” de los problemas creados por ellas mismas? ¿Cuándo asumirán sus culpas?

Respetar las diferencias y las preferencias no se refiere solamente a las sexuales, sino también a las políticas, religiosas, musicales y otras muchas. Mientras no exista libertad plena para todos los cubanos, existirán agrupaciones musicales y de otro tipo contestarias. La culpa no es precisamente de la USAID.

 

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Preocupacion latente

Cada vez que las autoridades cubanas se reúnen para discutir nuevas leyes, decretos, disposiciones o regulaciones, a los ciudadanos nos embarga la preocupación y la incertidumbre. Sucede que, después de aprobadas las legislaciones, que lo único que han hecho es restituir derechos arbitrariamente conculcados durante años (poseer divisas, comprar o vender las viviendas y el automóvil, poder viajar al exterior, poder entrar y alojarse en un hotel, etcétera), al poco tiempo aparecen nuevas adecuaciones, que limitan o entorpecen su aplicación.

Esta situación crea un clima de inestabilidad, que no ayuda a que las medidas tomadas se enraícen y pasen a formar parte de la vida nacional, pues carecen de lo que popularmente se denomina “fijador”: en cualquier momento pueden ser cambiadas y, por lo regular, pocas veces para bien.

Anteriormente, para no cumplir lo establecido legalmente, simplemente se aducía que tal o mas cual artículo estaba “congelado”, o sea, que no tenía aplicación. Esto permitía violar lo legislado sin tener que modificarlo. Como ahora se pretende que todo esté legislado y que se cumpla, la moda es cambiarlas cada cierto tiempo, según convenga a las autoridades.

Las leyes deben hacerse, aún en nuestra cambiante época, para que tengan, al menos, quince, veinte o más años de vigencia. Esto permite que se conozcan y se ganen experiencias en su aplicación. Cambiarlas cada año demuestra incapacidad de quienes las elaboran e irresponsabilidad de quienes las aprueban. La Constitución de los Estados Unidos es un buen ejemplo de vigencia: tiene casi trescientos años y nunca ha sido cambiada, adecuándola sólo mediante algunas pocas enmiendas. Por eso es conocida por sus ciudadanos y utilizada en la vida diaria. La nuestra de 1940, sin lugar a dudas la mejor de todas las elaboradas hasta ahora, sólo resistió dieciocho años. Actualmente en América Latina cada presidente, cuando asume el poder, lo primero que hace es cambiar la Constitución que lo llevó al mismo, para adecuarla a sus intereses, lo cual constituye una práctica nefasta. Si esto sucede con la Constitución, que es la ley fundamental, que queda para las restantes.

Desgraciadamente, entre experimentos y cambios de leyes, parece no existir tiempo para trabajar concretamente en la solución de los graves problemas nacionales, que afectan lo económico, político y social.

Las leyes en sí, aunque son necesarias, no resuelven los problemas: simplemente constituyen el marco legal para proceder a resolverlos.

 

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Ganar como obsesión política

Archivo

La extraña relación existente entre el pan y el circo nos acompaña desde el Imperio Romano: cuando falta el primero debe abundar el segundo. Las autoridades gubernamentales cubanas la han venido utilizando durante años, dándole mayor uso al segundo. Los eventos deportivos, entre otros muchos de diferente tipo, siempre han servido de oportuno circo. Los recientemente concluidos XXII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014, no han sido la excepción.

Para ellos se conformó una delegación de atletas de alto rendimiento, que aseguraran la obtención de la mayor cantidad de medallas de oro posibles, con el objetivo de asegurar el primer lugar por países. Aquí no se pensó en permitir el fogueo de figuras jóvenes, con vistas a futuros compromisos deportivos más importantes que Veracruz 2014, algo que si tuvieron en cuenta otros países, quienes no enviaron a sus principales figuras, preservándolas para eventos de más nivel. Un caso llamativo fue Jamaica en campo y pista y atletismo. También sucedió con algunos de los deportes por equipos, como en el fútbol y el béisbol, donde no participaron jugadores del primer nivel, con excepción de los cubanos. Son conocidos el caso de la martillista Yipsi Moreno que, ya retirada del deporte activo, fue llamada e incluida en la delegación con el objetivo de asegurar una medalla de oro más. También sucedió en el béisbol, donde se detuvo la realización del campeonato nacional por un mes, con las implicaciones negativas que ello conlleva, tanto para los atletas como para los fanáticos, para formar un equipo que aplastara a todos los restantes y asegurara la medalla de oro.

Sucede que, para la mayoría de los países, incluido el anfitrión México, el deporte no constituye una necesidad política, como sucede en Cuba. A él, por tanto, no se le dedican tantos recursos económicos como los que, comparativamente, les dedica el gobierno cubano. Es bueno recordar que, desde hace años, nuestros gobernantes están obsesionados con la idea de que el país sea considerado una potencia en diversas esferas. Para ello ha tratado de prepararlo y presentarlo como potencia médica, potencia educacional, potencia hidráulica, potencia musical, potencia deportiva y otras más, en muchas de las cuales ha habido más ruido que nueces. Extrañamente, nunca se han preocupado porque el país sea una potencia económica o democrática.

Esta obsesión enfermiza hace que nuestros atletas deban competir bajo presión extrema, pues contraen la obligación ante los gobernantes, las organizaciones políticas y de masas, el pueblo y su familia de ganar la medalla de oro, ya que las otras no se valoran tanto, aunque en la propaganda oficial, cuando no se obtienen, se diga que las de plata y bronce brillan tanto como ella. Además, deben hacerlo como si cumplieran con un deber patriótico. En realidad es demasiado lastre inútil para un ser humano. Tal vez, entre otras razones económicas y políticas, a ello también se deba que tantos decidan no regresar.

 

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