¿Crítico o comisario?

Un conocido crítico cinematográfico, aficionado a las cirugías plásticas y al tinte negro para el cabello y el bigote, y, además, acérrimo enemigo del cine de Hollywood, ahora en el papel de “comisario político”, ante el auge entre los cubanos de los símbolos norteamericanos, principalmente la bandera, ha propuesto que cada bandera norteamericana que aparezca sea rodeada por cien banderas cubanas.

¿Acaso no sabe que las banderas cubanas se fabrican en China y se venden en CUC a elevados precios, inaccesibles para la mayoría de los cubanos? Entre comprar una bandera con los pocos CUC disponibles, la mayoría opta por emplearlos en un paquete de picadillo u otro alimento, necesarios para subsistir.

Por si no fuera suficiente, la emprende también contra la octava entrega de la saga “Rápido y Furioso”, que se filmó en La Habana, aceptando que, aunque no le interesan estos filmes, al menos esta filmación dejará dividendos económicos para el gobierno cubano.

Su preferencia por los “clavos” cinematográficos, principalmente de Europa, Asia y África, es bien conocida. Además, sus análisis se centran más en el contenido político-ideológico del filme, que en sus valores cinematográficos: guión, dirección, actuaciones, fotografía, banda sonora, ambientación, edición, efectos especiales, etcétera. Ha llegado hasta a decir que los filmes musicales de la India (creo que la mayoría son musicales), no tienen nada que envidiarle a los de Hollywood. Para él, los directores más importantes de Hollywood han sido CharlesChaplin, Orson Welles, Alfred Hitchcock y otros “importados”, desconociendo que Estados Unidos es precisamente un país de emigrantes de otros lugares (irlandeses, italianos, alemanes, rusos, franceses, árabes, latinos, africanos y muchos más), lo que tal vez les ha permitido avanzar y desarrollarse. No conozco, aunque tal vez existan, directores sioux, cheyennes, seminoles, pies negros, apaches y otros, al igual que en Cuba tampoco los hay taínos ni siboneyes.

El crítico parece que, últimamente, comparte su profesión con la de “comisario político” para aumentar sus ingresos económicos. En tiempos difíciles, el multioficio es una forma de sobrevivir.

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Una camino sin salida

Venezuela, históricamente, ha sido un país de dictadores, tal y como otros de América Latina: lo fue Simón Bolívar, independientemente de sus méritos como Libertador de América del yugo español, y después lo han sido los hermanos Monagas (1846-1858), Guzmán Blanco (1870-1888), Cipriano Castro (1899-1908), Juan Vicente Gómez (1908-1931), Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez (1950-1958), Hugo Chávez y ahora, en proceso de aprendizaje, Nicolás Maduro.

Su pedantería, tratando de ser el continuador “designado” por Chávez, la pérdida acelerada de apoyo popular, el triunfo inobjetable de la oposición, logrando la amplia mayoría en la Asamblea Nacional, el entorpecer sistemáticamente su funcionamiento y, ahora, la abrumadora cantidad de firmas recogidas para proceder al referéndum revocatorio de mitad de mandato, más sus fracasos económicos, lo han puesto histérico, inventando conspiraciones, guerras económicas, intervenciones y otros dislates, sacados de su mente febril y de las de quienes lo orientan dentro y fuera del país. Por algo Mujica dijo “que estaba más loco que una cabra”.

A esto se agrega que el entorno que lo rodea no le es nada favorable: Argentina sin Cristina y con Macri, Brasil sin Dilma y con Temer, Evo sin poder reelegirse, Correa dedicado responsablemente a la recuperación de su país después del terremoto y Cuba cada vez peor.

Por si no fuera suficiente, las instituciones y organismos creados por la izquierda latinoamericana (UNASUR, ALBA, CELAC y otros) en sus años de esplendor, para apoyarse mutuamente y mantenerse en el poder, desconociendo los existentes anteriormente, andan de capa caída, al haber perdido sus principales fuentes económicas de sostenimiento, y muy poco han podido hacer, no pasando de algunas declaraciones genéricas, más formales que reales, para dar a entender que aún respiran, aunque se encuentran en terapia intensiva.

Maduro culpa a la oposición, al “imperio”, a la OEA, a Uribe y a cuántos lo critican de los problemas de Venezuela, pero olvida que éll y el chavismo son los máximos culpables. Con Maduro y quienes lo sostienen en el poder, Venezuela no saldrá de la crisis política, económica y social en que se encuentra.

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¿Reglas para el debate?

El diario “Granma” del 17.5.16 reproduce un escrito de Rafael Cruz Ramos, tomado de “La pupila insomne”. El motivo principal de su publicación debe ser porque comparte sus planteamientos.

Comencemos por el título: ¿Reglas para el debate o cuestión de principios? Me pregunto: ¿reglas para debatir?, ¿no deben ser los debates sin condicionantes, abiertos, francos, respetuosos y democráticos? ¿realmente necesita el debate de reglas? ¿quién tiene el derecho de establecerlas, ¿las autoridades? Además: ¿qué tienen que ver los “principios” con el debate? ¿los “principios” de quién, de las autoridades? O sea, que ya desde el título comienza la imposición a priori de una “agenda oficialista”, de la cual se hace vocero el autor.

Pasemos al texto, a la denominada “primera regla para el debate”. No sé por qué la estructura me recuerda a los viejos manuales de marxismo-leninismo. ¿Qué es esto de dar por sentado, que quienes se acercan a debatir “portan granadas de fragmentación para demoler el socialismo”? ¿Qué posee la contraparte para defenderlo: un cañón, un tanque o una bomba nuclear? Además, ¿qué es esto de asociar República, Nación y Patria con el socialismo? ¿Acaso éstas no existen desde mucho antes del socialismo y, de seguro, continuarán existiendo cuando este desaparezca? La República, la Nación y la Patria son eternas, todo lo contrario de los regímenes político-sociales que surgen y desaparecen, aunque a veces se presenten irresponsablemente como “irrevocables” en alguna que otra Constitución.

La sarta de mentiras, manipulaciones, tergiversaciones, dogmatismo y acusaciones que siguen despojan de seriedad a su autor y no vale la pena rebatirlas. Ni siquiera se cuida de escribir “la condición de no regresar al capitalismo y la irreversibilidad del socialismo no fue un capricho, ni una enmienda adoptada por señores de corbata, asalariados del poder, sino el parto popular de una decisión pensada y firme de la inmensa mayoría de la población cubana, consultada en las urnas, avalada con sus firmas, argumentada con su historia”. No recuerda el autor que todo esto se decidió un día “por un señor sin corbata, adicto al poder”, sin contar con nadie, y las firmas se obtuvieron apresuradamente en los días siguientes, mediante la coacción polítical, en mesas improvisadas por todo el país. ¿A cuáles urnas y consulta se refiere?

La “segunda regla” es aún más cavernícola y poco seria que la primera. ¿Acaso el autor no es financiado por el régimen cubano? ¿Quién le paga su salario? Otra vez mentiras, tergiversaciones y acusaciones a falta de argumentos convincentes.

Realmente, con personajes de la edad de piedra como éste y similares, que se consideran dueños de la verdad absoluta y que se creen detentores divinos del poder, capaces inclusive de hasta enviar mensajes de cómo hay que comportarse, es imposible debatir. Ellos son sólo capaces de escucharse a sí mismos.

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Una dura realidad

En los pocos espacios de opinión ciudadana existentes en los medios oficialistas cubanos (Cartas a la Dirección de “Granma”, Acuse de recibo de “Juventud Rebelde”, una página de “Trabajadores”, Papelitos hablan en Canal Habana, Cuba dice en Cubavisión y otros), éstos, en sus quejas, arremeten contra los funcionarios incapaces, burocráticos, irresponsables e indolentes que no cumplen con sus obligaciones y permiten que los problemas se acumulen y aumenten. Igual hacen los responsables de estos espacios: el señalamiento o la crítica se mantienen en este escalón primario y, raras veces, suben hasta los organismos e instituciones gubernamentales. Tal parece que estos hechos deplorables sólo suceden por culpa de los funcionarios, ya que más arriba todo es perfecto y no existen responsabilidades por ellos.

Sin embargo, no puede ser que tantos funcionarios de diferentes organismos e instituciones (Empresa Eléctrica, Correos, ETECSA, Salud Pública, Educación, Vivienda, Planificación Física, Acueductos y Alcantarillado, Comunales, Transporte, Trabajo y Seguridad Social, Justicia, Banco Nacional, Poder Popular, etcétera) sean tan poco profesionales e ineptos.

Habría que preguntarse si estas “cualidades” no están presentes también en estos organismos e instituciones y, por lógica, hasta en el “sistema”. Parece que, realmente, el que no funciona es este último, por la simple razón de que no sirve. Más de cincuenta y cinco años con los mismos problemas en aumento, otros muchos nuevos y sin soluciones reales, lo demuestran.

Se puede continuar haciendo llamamientos al patriotismo, la disciplina, la eficiencia y a todo lo que se quiera, pero hasta tanto no se satisfagan las necesidades siempre crecientes de los ciudadanos y se les permita desarrollar libremente sus iniciativas y talentos, es perder el tiempo.

Desgraciadamente, y no sólo en Cuba, el socialismo ha demostrado ser un “sistema político, económico y social” fracasado.

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Los talentos serviles

“No hay espectáculo, en verdad, más odioso que el de los talentos serviles” (José Martí. Obras Completas. Tomo 13. Página 158. Imprenta Nacional de Cuba). He querido comenzar estas líneas con este pensamiento del Apóstol, debido a que muchos de nuestros intelectuales, algunos hasta con apellidos ilustres y sin necesidad de ello, se han incorporado al rebaño gubernamental, tomando parte activa en sus campañas de desinformación y manipulación de los ciudadanos, y hasta en actos violentos en contra de quienes piensan diferente, mostrando una agresividad que les era desconocida y que no se corresponde con sus personalidades.

Intelectuales y pseudointelectuales (que también abundan) de ambos sexos, unidos en una denominada “defensa de la identidad nacional, la independencia y la soberanía”, repiten como loritos bien amaestrados todo lo que dicen los viejos “dirigentes históricos”, algunos hasta estalinistas confesos que, alejados de la realidad, aún sueñan con la pesadilla de un mundo comunista, dando por sentado que sus palabras encarnan el sentir de la mayoría de los cubanos y que, desde ya, son históricas, porque sólo ellos detentan la facultad de pensar, la cual les está vedada al resto de los ciudadanos.

Tanto servilismo, oportunismo y fanatismo primitivo repugnan, máxime cuando provienen de personas que se consideran cultas y que deberían servir de ejemplos de ética y dignidad al resto de la población.

No voy a citar nombres, ante el temor de ser injusto y olvidar a algunos, pues la mayoría son bien conocidos por aparecer regularmente en los medios oficialistas con sus “sesudos” artículos, declaraciones y entrevistas, publicar libros sin dificultades y recibir premios, condecoraciones y homenajes gubernamentales por el “deber político cumplido”, más que por sus méritos intelectuales o artísticos, que no niego que los posean.

Aunque hoy disfrutan de “su pedacito de domingo”, como decía hace años la propaganda de una popular marca de cerveza, mañana serán cuestionados y hasta repudiados por su cobardía y falta de civismo.

Termino con otro pensamiento del Apóstol: “Todas las tiranías tienen a mano uno de esos cultos, para que piense y escriba, para que justifique, atenúe y disfrace: o muchos de ellos, porque con la literatura suele ir pareja el apetito del lujo, y con éste, viene el afán de venderse a quien pueda satisfacerlo. Por casa, coche y bolsa para queridas vende la lengua o la pluma mucho bribón inteligente” (José Martí. Obras Completas. Tomo 12. Página 276. Imprenta Nacional de Cuba).

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Dos terminos absurdos

Cuando oigo a los viejos dirigentes políticos hablar de la irrevocabilidad y eternidad del socialismo cubano, siento pena por ellos, pensando en cómo se estarán riendo en el mundo las personas con más de dos dedos de frente. Sucede que nada hecho por los seres humanos es irrevocable ni eterno.

Lenin, Mussolini, Hitler y Stalin, por poner sólo cuatro ejemplos cercanos en el tiempo, pensaron que sus ideas y regímenes los eran y, sin embargo, la dura realidad les demostró cuán equivocados estaban. Parece que por acá abunda el analfabetismo histórico.

Pensar, siquiera, que Cuba pudiera constituir la excepción, es un absurdo. Albert Einstein sentenció: “Hay dos cosas infinitas: el universo y la imbecilidad humana”. Parece que por acá florece la segunda.

El haber, apresuradamente, incorporado estos términos en la Constitución no significa nada, ya que las Cartas Magnas las hacen y las deshacen las personas. Sin ir más lejos: ¿Cuántas han sido derogadas y cambiadas en los últimos años en América Latina? La cubana también lo será.

Parece que los dirigentes políticos que se consideran “seres iluminados”, cuando se acerca su hora final, pretenden perpetuarse asegurando que todo quede cómo ellos lo ordenaron. Otra vez la dura realidad demuestra que raramente sucede así, aunque a veces los cambios se frenen y se demoren más de lo debido.

Este socialismo a la cubana, impuesto con mucho jolgorio y construido con poca seriedad, desaparecerá como el engendro fallido que ha sido y, además, por haber sumido a los cubanos en la miseria.y haber destruido el país.

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Cubanos en las fronteras

Nuevamente se concentran los cubanos en la frontera entre Costa Rica y Panamá. El gobierno cubano, como ya es habitual, le echa la culpa a la existencia de la “Ley de Ajuste Cubano” y obvia, como siempre, las verdaderas causas: los cubanos no creen en el prometido “socialismo próspero, sostenible e irrevocable” y, menos aún, en sus viejos dirigentes políticos. La situación política, económica y social, en lugar de mejorar, ha continuado deteriorándose, sin aparecer alguna medida inteligente que pueda revertirla. Todo se vuelve palabras, consignas, discursos reciclados y promesas vacías, de los mismos responsables “históricos” de la crisis existente y de sus voceros nacionales e internacionales. Nada de esto interesa a los cubanos de a pie, quienes emigran en busca de la realización de sus proyectos de vida.

Si las propuestas del Presidente Obama despertaron algunas esperanzas, las respuestas dogmáticas y seniles de las autoridades cubanas, algunas veces hasta irrespetuosas, se encargaron de liquidarlas rápidamente. Para todos quedó claro que, con estos “personajes rencorosos y odiadores” por naturaleza, no hay nada que hacer, como no sea esperar a que desaparezcan físicamente por ley inexorable de la vida. Solo que muchos ciudadanos no están dispuestos a continuar esperando y perdiendo el tiempo, y deciden emigrar ya. Son tan cubanos como los que nos quedamos, pero algo menos pacientes y, por cierto, no esperan nada después del fracasado VII Congreso con la aparición de “la sombra del pasado” en papel nuevamente de mandón.

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