Pasar la página

Ante la inteligente propuesta del Presidente Barack Obama de dejar atrás el pasado, pasar la página y, juntos, construir un presente mejor, algunos fósiles cubanos han puesto el grito en el cielo o, en el infierno, vaya usted a saber.

Al terminar la Guerra de Independencia, cubanos y españoles, que se habían enfrentado en una cruenta contienda, con combates de verdad y no con simples escaramuzas, se dieron la mano, estuvieron de acuerdo en el perdón mutuo y dedicaron sus esfuerzos a edificar una República “con todos y para el bien de todos”. Esto fue posible porque prevaleció el ideario martiano, que siempre proclamó el amor sobre el odio y el rencor.

Hoy, desgraciadamente, la situación es otra, ya que durante demasiados años han prevalecido el odio y el rencor sobre el amor. El problema es que Martí es irrepetible. Cambiar esta mentalidad retrógrada y suicida es muy difícil, y sólo desaparecerá con la desaparición física de sus defensores.

Sin embargo, si actuaran inteligentemente y con algo de sensatez, deberían sentirse preocupados, pues más que nadie necesitan que los cubanos pasen la página también por todos sus actos arbitrarios, división de la familia, prohibiciones absurdas, represiones políticas, económicas, sociales, culturales, religiosas y sexuales, miles de muertos en el Estrecho de La Florida en busca de libertad y de realizar sus proyectos de vida, mítines de repudio, golpizas, fusilamientos, violaciones de los derechos ciudadanos, intervenciones en países extranjeros, tratando de cambiar gobiernos, y otras muchas barbaridades cometidas. Los culpables de las desgracias y miserias de los cubanos no estuvieron sólo del lado de allá, sino que también los hubo y los hay del lado de acá. Las reales y supuestas luces no alcanzan para ocultar sus muchas sombras.

Estas “pataletas” extemporáneas no ayudan a nadie y, menos aún, a quienes las protagonizan. Es hora ya de comenzar a pensar y actuar con la responsabilidad de adultos, dejando de lado el voluntarismo y tanto odio y rencor acumulados, el cual no debe ser traspasado a las nuevas generaciones como un supuesto “compromiso histórico”. Olvidemos a los falsos y fracasados profetas y volvamos a poner en primer plano a José Martí, pero al verdadero y no al manipulado.

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Un antes y un después

Los periodistas oficialistas y los funcionarios del gobierno cubano, todos a coro, con tal de demostrar que la BNG de Guantánamo es ilegal, la han emprendido contra los presidentes y gobiernos cubanos existentes en 1903 y 1934, años en que se firmó y ratificó, respectivamente, el status de la instalación. Se habla de entreguismo, sometimiento y otras acusaciones contra hechos, instituciones y personas que pertenecen a la historia y que ya han dejado de existir físicamente.

Sin embargo, ninguno pronunció una sola palabra en contra de la instalación, a espaldas del pueblo cubano y sin la aprobación de éste, de cohetes nucleares soviéticos en el territorio nacional en 1962. Tampoco, sobre la instalación de la Base de Espionaje Radioelectrónico “Lourdes” ni el despliegue de una unidad de combate motorizada soviética, también sin la aprobación del pueblo cubano. En estos casos, con un gobierno aún en el ejercicio del poder y con sus responsables físicamente presentes. ¿Cobardía u oportunismo político? Tan preocupadas como están las autoridades cubanas y sus servidores por la defensa de la independencia y soberanía nacionales, deberían responder ante los ciudadanos por estos actos cometidos en contra de ellas.

Exigirle al Presidente Obama, como se ha hecho de moda, que pida perdón por cosas que no hizo y, por lo tanto, que no son de su responsabilidad, es muy cómodo. ¿Por qué no exigirles a las autoridades cubanas, que si son las responsables, porque son las mismas desde hace 57 años, que pidan perdón a los cubanos por tantos años de sufrimientos, errores, arbitrariedades, prohibiciones, imposiciones y represiones?

No hay dudas que el impacto de la visita de Obama en los cubanos ha sido profundo y, más aún, su discurso en el Teatro “Alicia Alonso” parece haber llenado de preocupaciones a las autoridades cubanas y a sus adeptos más recalcitrantes.

Tratando de restar importancia a lo expresado por el presidente norteamericano, han ordenado la publicación de artículos panfletarios como: “Lo que dice y no dice Obama”, “La sonrisa de Obama”, “Una carta a Obama sin respuesta”, “¿Obama “el bueno”?”, “Una apuesta equivocada”, el ofensivo e irrespetuoso “Negro, ¿tú eres sueco?” y, como colofón, el insulso “El hermano Obama”, que no convencen a nadie ni disminuyen la importancia de sus palabras. Todos repiten (¿será casualidad o un guión previamente entregado?) los mismos hechos y argumentos en contra de los Estados Unidos, pero olvidan la historia del gobierno cubano: represión política, económica, religiosa, social, sexual y cultural, prohibición de viajar al extranjero y de comprar y vender la vivienda y los vehículos, organización y sostenimiento de focos guerrilleros en muchos países de América Latina y de África, participación en guerras ajenas con pérdidas de vidas de cubanos, hundimiento del remolcador “13 de marzo”, fusilamientos sumarios sin las debidas garantías judiciales, actos vandálicos de repudio, golpizas y otros excesos..

Sin lugar a dudas, no es más que una muestra del “pataleo de los perdedores”. Aunque se nieguen a reconocerlo, existe un antes y un después del viaje de Obama.

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Visión incompleta de GITMO

En un artículo titulado “Guantánamo y la Base”, publicado en el diario oficialista “Juventud Rebelde” el 20.3.16, la periodista desgrana algunos recuerdos de su infancia y adolescencia que resultan interesantes, aunque su objetivo real sea “echar leña al fuego” del tema de la BNG, incluido entre las exigencias de las autoridades cubanas, para el mejoramiento de las relaciones entre los gobiernos de Cuba de los Estados Unidos. En el artículo, sin embargo, existen algunas imprecisiones y lagunas.

Plantea que su abuelo y su padre trabajaron en ella, este último porque sólo tuvo dos opciones: “ser guardia de Batista o ser obrero de la Base”. No creo que en esa época las opciones fueran solamente éstas: pudo haber sido carpintero, albañil, electricista, plomero, chofer, panadero, dulcero, oficinista y otros muchos oficios y profesiones. Además, como se sabe, trabajar en la Base era considerado un privilegio al que muchos aspiraban, porque allí existían magníficas condiciones para laborar y se pagaban mejores salarios que en el territorio nacional. Muestra de ello es que la mayoría de estos trabajadores adquirían autos y otros bienes a precios módicos dentro de la instalación militar, y muchos pudieron hasta construirse sus viviendas. Por si no fuera suficiente, como la periodista reconoce, aún su padre cobra la pensión por jubilación y, agrego yo, seguro en dólares contantes y sonantes. Todo parece indicar que su decisión de trabajar en la Base no fue para nada una mala decisión. De todos es conocido que, cuando los trabajadores cubanos dejaron de prestar sus servicios en la Base, la economía de Guantánamo se contrajo y debilitó, pues ellos eran quienes aportaban los principales recursos económicos a la ciudad, y se produjo el éxodo de sus habitantes, el cual dura hasta nuestros días. La periodista, que reside en La Habana, es un buen ejemplo.

Tratando otro aspecto, escribe sobre la vergüenza que representó la “zona de tolerancia” que tuvo la prostitución, para el “franco americano” en sus horas de asueto los fines de semana, olvidando que éstas siempre han existido y existen en las cercanías de cualquier Base Militar y en todas las ciudades del mundo, inclusive en las de la Cuba actual, con sus bien instruidos prostitutos y prostitutas, con la diferencia de que aquí carecen de límites geográficos para el ejercicio del oficio, considerado el más antiguo de todos. Siempre me ha llamado la atención, por qué no se encuentra incluido en la lista oficial de oficios que se pueden ejercer por cuenta propia en Cuba.

Recuerda también a las “chicas USO”, en realidad jóvenes de familias decentes que participaban en la actividades festivas de los oficiales en la Base y confraternizaban con “estos, que eran trasladadas en un tren denominado “La Titina”, lo cual no tenía nada que ver con la prostitución, pero olvida que aquí la misma práctica existió durante bastante tiempo en muchas unidades militares, cuando se celebraban actividades festivas de oficiales, solo que las “movilizadas” pertenecían a algunas “organizaciones gubernamentales” de la sociedad civil y eran trasladas en ómnibus. La práctica desapareció por las protestas de algunas “movilizadas” casadas y con compromisos formales, que denunciaron y rechazaron estas “movilizaciones patrióticas”.

Es bueno que se realizara el sueño de su abuelo de tener un hospital en esa zona, y también que se cumpla el de ella, de irse a vivir en la “tierra reconquistada”, posiblemente el único lugar en la Cuba actual con viviendas y establecimientos en buen estado, moderno, desarrollado y con todas las condiciones necesarias para residir, ante tanta destrucción y ruinas. ¡No es nada boba la periodista!

Una aclaración necesaria: la Base no es ilegal, sino producto de un acuerdo firmado entre los gobiernos reconocidos de Cuba y de los Estados Unidos en 1934, ratificando este aspecto del Tratado Permanente de 1903, acuerdo tan legal y válido como los que hoy están firmando los gobiernos actuales de ambos países. Por lo tanto, la situación sólo se resolverá mediante la firma de nuevos acuerdos y no con campañas políticas ni con exigencias absurdas y unilaterales.

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Los cambios aún están por hacer

En su intervención ante la prensa nacional y extranjera el pasado 17 de marzo, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, uno de los más grises y sin brillo que ha detentado el cargo, repitió una vez más (esto de repetirse parece ser uno de sus atributos) que “todos los cambios en Cuba ya se habían hecho el 1 de enero de 1959”.

El Ministro parece dar por sentado que sólo a la denominada “generación del centenario” le corresponde el derecho de ejercer el poder y, más aún, de ejercerlo de forma eterna. Olvida que, después de esta generación, han surgido cinco generaciones más de cubanos, muchos de los cuales no tienen ningún compromiso con estos “personajes históricos” ni con sus actos, y que poseen también el derecho a cambiar todo lo que consideren que deba ser cambiado, en bien del país y de sus ciudadanos. Aquí no existe ninguna “deuda histórica” que deba ser pagada.

Tal vez el Ministro piense que, el incorporar a algunos jóvenes, de forma selectiva, a la cúpula del poder, significa darle participación a las nuevas generaciones, cuando todos sabemos que no es así: constituyen simple utilería de adorno junto a quienes en verdad gobiernan. El caso más reciente y demostrativo es el de la Presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria, con 23 años de edad, incorporada sorpresivamente al Consejo de Estado. ¿Alguien con dos dedos de frente cree que puede decidir algo?

Los cambios que Cuba necesita no fueron hechos el 1 de enero de 1959, sino que aún están por hacer, y corresponde a las generaciones que vinieron después y a la actual, ejecutarlos. No entenderlo así, sería negar las leyes de la dialéctica y del desarrollo de las sociedades.

Parece que las palabras del día de ayer del Presidente Obama en el Teatro Alicia Alonso, antiguo García Lorca, han levantado ronchas en la fina epidermis de las autoridades cubanas, ya que no fue publicado en la prensa oficialista y, en su lugar, ha sido objeto de análisis críticos por reconocidos personajes incondicionales del régimen, quienes no han hecho más que repetir los mismos argumentos absurdos de siempre. En la calle, los cubanos de a pie, en una escala del 1 al 10, dan 10 al presidente norteamericano y 2 al cubano. Como en el béisbol, donde Cuba perdió por 4 carreras a 1 contra el Tampa Bay Rays, en política sucedió lo mismo.

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Una falta de educación y de respeto

En mi familia siempre me dijeron que, cuando alguien visitaba la casa, la figura principal de ella debía recibir personalmente al visitante, como una muestra de educación y de respeto.

Llama la atención que ninguna de las principales autoridades cubanas, quienes siempre han recibido con bombo y platillos a cuanto “mequetrefe político” ha visitado al país, no hayan hecho acto de presencia en el aeropuerto en esta visita del Presidente Obama: nada de saludo al pie de la escalerilla, alfombra roja, guardia de honor, banda de música ni los 21 cañonazos presidenciales. Ha sido una manifestación de mala educación y de falta de respeto. ¿Piensan, acaso, que así demuestran a sus “amigos populistas” en crisis su independencia y soberanía? Craso error.

Me imagino a los Medios, haciéndose eco en todo el mundo de esta descomunal “metedura de pata“ política. ¿Así es cómo pretenden mejorar las relaciones entre los dos gobiernos?

Parece que la crisis cubana no es sólo política, económica y social, sino también de inteligencia. Pobre país. Cada día se hace más necesario el cambio, si realmente deseamos salvarlo.

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Una extraña visita

La gran pregunta este fin de semana ha sido: ¿Qué vino a hacer Nicolás Maduro y su comitiva a Cuba, dos días antes de la llegada del Presidente Barack Obama?

Además de ser una visita no anunciada previamente, como normalmente se hace, los objetivos esgrimidos para la misma resultan risibles: “Firmar acuerdos de cooperación para el presente año (ya estamos a mitad de marzo) y hasta el 2030 (por alguien que tiene los días contados como presidente).

Llama la atención también el gran despliegue realizado por las autoridades cubanas, con ceremonia oficial de recepción (este personaje visita Cuba todos los meses), más el otorgamiento de la Orden “José Martí” (precisamente a alguien con un bajo nivel de aceptación entre los venezolanos, quien ha demostrado su incapacidad e ineptitud para gobernar).

La Orden “José Martí” se ha convertido en un “artículo utilitario”, para premiar a quienes demuestran fidelidad e incondicionalidad al régimen, independientemente de lo que hagan en sus respectivos países. La larga lista de mediocridades a quienes les ha sido otorgada lo demuestra.

Regresando a la pregunta inicial: ¿Vino a informar y recibir instrucciones?, ¿Vino a “meter ruido” con respecto a la visita del presidente norteamericano?, ¿Vino a pedir que intercedan por él? El tiempo dará la respuesta.

Sin embargo, puede ser también que esta “extraña visita” forme parte de los incomprensibles “gestos” de las autoridades cubanas, previos a la llegada de Obama: el absurdo editorial de “Granma”, las declaraciones “ordenadamente planificadas” de las “organizaciones gubernamentales” de la sociedad civil y las repetitivas y vacías declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores, todos en la misma cuerda y siguiendo un mismo poco original guión.

Esperemos para ver en qué termina todo, y si la histórica visita de Obama realmente merece tal calificativo, o se diluirá ante la intransigencia suicida sistemática del gobierno cubano.

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Lo que no se dice de Baraguá

Ayer, 15 de marzo, la prensa oficialista cubana dedicó, en cada uno de sus dos diarios nacionales, una página (de las ocho que tienen) a recordar la Protesta de Baraguá, escenificada por el general Antonio Maceo y algunos de sus seguidores, en igual fecha de 1878.

La guerra comenzada en 1868, después de diez años de lucha, agonizaba, debido al caudillismo, la indisciplina, el regionalismo, las rencillas y odios entre los jefes, las traiciones, el agotamiento físico y material, tanto de los combatientes como de la emigración que los sostenía, mediante el envío de expediciones, y la falta de una unidad real y sólida en torno a los principios de la independencia.

Ante esta realidad, el acuerdo de paz conocido como el Pacto del Zanjón, firmado el 10 de febrero entre las fuerzas patrióticas y los españoles, fue aceptado por la mayoría de los jefes, con la excepción de Maceo y algunos de sus seguidores.

El acuerdo incluía la concesión a la Isla de las mismas condiciones políticas, orgánicas y administrativas de que disfrutaba la Isla de Puerto Rico, el olvido de lo pasado, respecto a los delitos políticos cometidos desde 1868 hasta la fecha, y la libertad de los encausados o que se hallaren cumpliendo condenas dentro o fuera de la Isla, el indulto a los desertores del ejército español y a cuantos hubieran tomado parte directa o indirectamente en el movimiento revolucionario, la libertad a los esclavos y colonos asiáticos que se hallaren en las filas insurrectas y se disponía, además, que todo individuo que deseara marchar al extranjero quedaba facultado y se le proporcionarían, por el gobierno español, los medios para hacerlo.

El 27 de febrero, el general Máximo Gómez en entrevista con el general español Martínez Campos, aceptó embarcar hacia Jamaica en un cañonero español, rechazando la oferta que éste le hiciera de ayudarlo con efectivo para que pudiera instalarse debidamente.

El 15 de marzo se produjo el gesto de Maceo y de sus seguidores, rechazando el “pacto”, y anunciando la continuación de las hostilidades, actitud que, ante el deseo de ambas partes de no combatir, hizo que éste, el 9 de mayo, partiera hacia Jamaica en un cañonero español, puesto a su disposición por Martínez Campos. El 28 de mayo los “protestantes” de Baraguá aceptaron acogerse al “pacto”, con la excepción de Limbano Sánchez en Oriente y de Ramón Leocadio Bonachea, quien prolongó la resistencia once meses más en zonas de Camaguey y Las Villas.

La “protesta”, como tal, a pesar de representar un gesto heróico y de intransigencia, estuvo totalmente ajena a la realidad que se vivía en ese momento y, al final, con la aceptación posterior del “pacto”, quedó demostrado que la razón estaba del lado de quienes lo suscribieron, aunque fueran acusados por algunos de “sanjoneros”. Posteriormente los “sanjoneros” y los “protestantes”, convocados por José Martí, se unieron en la guerra grande de 1895, dejando atrás sus diferencias.

Los hechos acaecidos no rebajan en nada la gloria de nuestros mambises, sino que simplemente los sitúan como lo que son: seres humanos con aciertos y desaciertos, bien alejados de los héroes puros que nos han querido vender durante las últimas cinco décadas. Es saludable que la historia se cuente completa, y no sólo las partes que respondan a intereses políticos coyunturales.

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