Martí, de apóstol a “prét á porter”

Martí, de apóstol a “pret á porter”

La prédica y el pensamiento de José Martí tuvieron su mayor difusión en los Estados Unidos, entre los emigrados y los participantes en la Guerra de 1868, que lo conocieron y compartieron con él. Era lógico: aunando esfuerzos para la nueva guerra, trató de convencerlos, con su verbo, para incorporarlos a la cruzada. El Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria fueron instrumentos que reflejaban su ideario.

Comenzada la nueva contienda y, caído en combate a su inicio, sus ideas sobre la guerra, la independencia y la República a crear, quedaron en poder de sus más cercanos colaboradores, sin pasar a formar parte del ideario de la mayoría de los combatientes, tanto oficiales como simples soldados. Es así que, en los campamentos mambises y en el fragor de los combates, primaran los criterios y posiciones de los jefes militares a los cuales se subordinaban, fueran Gómez, los Maceo, Masó, Calixto García y otros.

Con el advenimiento de la República en 1902, desaparecidos los principales gestores de la misma, quedando sólo de ellos, como figuras principales, Máximo Gómez y Calixto García y eso, por muy poco tiempo, se pierde el ideario martiano, como elemento activo en el quehacer político. Desaparecido el Partido Revolucionario Cubano, por voluntad expresada en sus estatutos, la política se dirime entre liberales y conservadores, con figuras de segunda y tercera fila.

Martí permanece olvidado prácticamente hasta 1920, cuando comienza a ser retomado por los nacidos con la República, que comienzan a alcanzar la adultez, la denominada “generación del 25”, transitando desde la cultura hacia la política. Sus ideas, mezcladas con el nacionalismo de la revolución mexicana, el naciente antiimperialismo y conceptos socialistas, importados de la revolución rusa, se hacen presentes en la lucha contra Gerardo Machado y en las discusiones de los primeros momentos, después de 1933. A ello ayuda la aparición de libros sobre su ideario y su vida, que lo hacen una figura respetable ante los jóvenes, más la opinión de martianos fieles quienes, con su prédica, muestran las diferencias entre la República real y la República ideal. En 1922, el Congreso decreta el 28 de enero, fecha de su nacimiento, como fiesta nacional, y establece que cada escuela cubana tenga su busto. También se le exigió a cada municipio de la Isla, designar “una de sus principales calles con el nombre de José Martí”, así como dedicar “a la memoria del Apóstol una estatua, un busto, un obelisco, una columna conmemorativa, una placa de bronce o mármol en el más prominente lugar público”. O sea, Martí comienza a ser reivindicado en mármol y bronce, además de difundirse su ideario.

Después de 1933, se crea el Partido Revolucionario Cubano, que agrega a su denominación la palabra “Auténtico”, pretendiendo ser continuador del organizado por Martí en el Siglo XIX. Nada más ajeno a la realidad, en su práctica posterior.

Martí, en estos momentos, comienza a ser utilizado por unos y otros políticos, de acuerdo a sus intereses, sacando sus pensamientos de contexto, en dependencia de su eficacia movilizadora. Esto trae aparejada su manipulación demagógica. Sin embargo, su ideario, como tarea inconclusa, permanece en las mentes y corazones de muchos cubanos. Hace acto de presencia, como sombre protectora, en los constituyentes de 1939 y durante la redacción de la importante Constitución de 1940.

Los gobiernos, desde 1940 hasta 1958, recordaban a Martí en las fechas patrias, para ediciones de billetes de banco, sellos y al erigirle nuevos y más grandiosos monumentos. Desde el lado de la oposición, fue cada vez más traído e incorporado a la lucha, como principal aval de quienes lo utilizaban. Así lo hicieron quienes combatieron a Batista entre 1940-44, a Grau entre 1944-48, a Prío entre 1948-52 y a Batista, nuevamente, entre 1952-58. Es en esta última etapa, donde Martí adquiere una presencia inusual: “participa” en la marcha de las antorchas, un remedo fascista trasplantado a La Habana el 28 de enero de 1953, es el apóstol de la denominada “Generación del Centenario” (1953), el “autor intelectual” del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, “está presente” en el juicio posterior, y es el inspirador de la lucha armada y clandestina y mucho más. Martí se convierte en la razón de ser de todo lo que se hace, como si los sujetos actuantes carecieran de ideas para ello, o pretendieran justificar todos sus actos, como una “puesta en práctica de la prédica martiana”.

Después de enero de 1959, Martí se divide en dos mitades: una parte al exilio junto con los cubanos que emigran, y la otra se queda aquí. La utilización de Martí se produce en ambas orillas. Aquí se vuelve abrumadora y se convierte en algo fuera de lo normal, rompiéndose los límites de la cordura, produciéndose su manipulación más grosera. Un ejemplo: las cuestionadas Escuelas al Campo y en el Campo, según las nuevas autoridades, “constituyen la aplicación de la concepción martiana de estudio y trabajo”, algo totalmente falso, pues su planteamiento en uno de sus escritos, correspondientes a Escenas Norteamericanas, se refería a una ciudad que visitó, donde la principal fuente de trabajo era el ferrocarril, y sacó la conclusión de que, en este caso, sería conveniente que las escuelas, además de impartir las asignaturas docentes, deberían impartir clases referentes a los oficios ferroviarios. Igual se refirió a una zona rural, con escuelas impartiendo clases que tuvieran que ver con la agricultura, etcétera. ¡Nunca planteó el absurdo de que todas las escuelas urbanas tenían que trasladarse al campo ni viceversa!

A partir de abril de 1961, con la declaración del carácter socialista del proceso, el ideario de Martí es sustituido por el de Marx, Engels y Lenin, estableciéndose el adoctrinamiento masivo desde el kindergarten hasta la universidad, así como de toda la población. Banderas rojas con la hoz y el martillo, la Internacional y las viejas consignas de la izquierda mundial llenan los días de los cubanos, como un espectáculo circense, a falta del pan que ya comenzaba a escasear.

Unas veces más, otras menos, según las conveniencias, Martí ha sido manipulado, desfigurado, acomodado y sobre utilizado, creando en muchos jóvenes, y no tan jóvenes, un rechazo a esta prédica alienante y absurda. El clímax llegó con la frase: “Martí de lo prometió y Fidel te lo cumplió” y con la aseveración de que, el personaje de marras, “era su mejor discípulo y el más fiel intérprete de sus ideas”. Después se fue aún más lejos, colocando sus cenizas cercanas a su tumba. Es necesario un proceso de desintoxicación de este falso Martí, retomar su ideario y su figura reales en su justa medida, sin pretender endiosarlo ni considerarlo poseedor de todas las verdades y soluciones para todos los tiempos. Martí debe ser quien avance y tropiece con nosotros, pero no puede sustituirnos.

La prédica y el pensamiento de José Martí tuvieron su mayor difusión en los Estados Unidos, entre los emigrados y los participantes en la Guerra de 1868, que lo conocieron y compartieron con él. Era lógico: aunando esfuerzos para la nueva guerra, trató de convencerlos, con su verbo, para incorporarlos a la cruzada. El Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria fueron instrumentos que reflejaban su ideario.

Comenzada la nueva contienda y, caído en combate a su inicio, sus ideas sobre la guerra, la independencia y la República a crear, quedaron en poder de sus más cercanos colaboradores, sin pasar a formar parte del ideario de la mayoría de los combatientes, tanto oficiales como simples soldados. Es así que, en los campamentos mambises y en el fragor de los combates, primaran los criterios y posiciones de los jefes militares a los cuales se subordinaban, fueran Gómez, los Maceo, Masó, Calixto García y otros.

Con el advenimiento de la República en 1902, desaparecidos los principales gestores de la misma, quedando sólo de ellos, como figuras principales, Máximo Gómez y Calixto García y eso, por muy poco tiempo, se pierde el ideario martiano, como elemento activo en el quehacer político. Desaparecido el Partido Revolucionario Cubano, por voluntad expresada en sus estatutos, la política se dirime entre liberales y conservadores, con figuras de segunda y tercera fila.

Martí permanece olvidado prácticamente hasta 1920, cuando comienza a ser retomado por los nacidos con la República, que comienzan a alcanzar la adultez, la denominada “generación del 25”, transitando desde la cultura hacia la política. Sus ideas, mezcladas con el nacionalismo de la revolución mexicana, el naciente antiimperialismo y conceptos socialistas, importados de la revolución rusa, se hacen presentes en la lucha contra Gerardo Machado y en las discusiones de los primeros momentos, después de 1933. A ello ayuda la aparición de libros sobre su ideario y su vida, que lo hacen una figura respetable ante los jóvenes, más la opinión de martianos fieles quienes, con su prédica, muestran las diferencias entre la República real y la República ideal. En 1922, el Congreso decreta el 28 de enero, fecha de su nacimiento, como fiesta nacional, y establece que cada escuela cubana tenga su busto. También se le exigió a cada municipio de la Isla, designar “una de sus principales calles con el nombre de José Martí”, así como dedicar “a la memoria del Apóstol una estatua, un busto, un obelisco, una columna conmemorativa, una placa de bronce o mármol en el más prominente lugar público”. O sea, Martí comienza a ser reivindicado en mármol y bronce, además de difundirse su ideario.

Después de 1933, se crea el Partido Revolucionario Cubano, que agrega a su denominación la palabra “Auténtico”, pretendiendo ser continuador del organizado por Martí en el Siglo XIX. Nada más ajeno a la realidad, en su práctica posterior.

Martí, en estos momentos, comienza a ser utilizado por unos y otros políticos, de acuerdo a sus intereses, sacando sus pensamientos de contexto, en dependencia de su eficacia movilizadora. Esto trae aparejada su manipulación demagógica. Sin embargo, su ideario, como tarea inconclusa, permanece en las mentes y corazones de muchos cubanos. Hace acto de presencia, como sombre protectora, en los constituyentes de 1939 y durante la redacción de la importante Constitución de 1940.

Los gobiernos, desde 1940 hasta 1958, recordaban a Martí en las fechas patrias, para ediciones de billetes de banco, sellos y al erigirle nuevos y más grandiosos monumentos. Desde el lado de la oposición, fue cada vez más traído e incorporado a la lucha, como principal aval de quienes lo utilizaban. Así lo hicieron quienes combatieron a Batista entre 1940-44, a Grau entre 1944-48, a Prío entre 1948-52 y a Batista, nuevamente, entre 1952-58. Es en esta última etapa, donde Martí adquiere una presencia inusual: “participa” en la marcha de las antorchas, un remedo fascista trasplantado a La Habana el 28 de enero de 1953, es el apóstol de la denominada “Generación del Centenario” (1953), el “autor intelectual” del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, “está presente” en el juicio posterior, y es el inspirador de la lucha armada y clandestina y mucho más. Martí se convierte en la razón de ser de todo lo que se hace, como si los sujetos actuantes carecieran de ideas para ello, o pretendieran justificar todos sus actos, como una “puesta en práctica de la prédica martiana”.

Después de enero de 1959, Martí se divide en dos mitades: una parte al exilio junto con los cubanos que emigran, y la otra se queda aquí. La utilización de Martí se produce en ambas orillas. Aquí se vuelve abrumadora y se convierte en algo fuera de lo normal, rompiéndose los límites de la cordura, produciéndose su manipulación más grosera. Un ejemplo: las cuestionadas Escuelas al Campo y en el Campo, según las nuevas autoridades, “constituyen la aplicación de la concepción martiana de estudio y trabajo”, algo totalmente falso, pues su planteamiento en uno de sus escritos, correspondientes a Escenas Norteamericanas, se refería a una ciudad que visitó, donde la principal fuente de trabajo era el ferrocarril, y sacó la conclusión de que, en este caso, sería conveniente que las escuelas, además de impartir las asignaturas docentes, deberían impartir clases referentes a los oficios ferroviarios. Igual se refirió a una zona rural, con escuelas impartiendo clases que tuvieran que ver con la agricultura, etcétera. ¡Nunca planteó el absurdo de que todas las escuelas urbanas tenían que trasladarse al campo ni viceversa!

A partir de abril de 1961, con la declaración del carácter socialista del proceso, el ideario de Martí es sustituido por el de Marx, Engels y Lenin, estableciéndose el adoctrinamiento masivo desde el kindergarten hasta la universidad, así como de toda la población. Banderas rojas con la hoz y el martillo, la Internacional y las viejas consignas de la izquierda mundial llenan los días de los cubanos, como un espectáculo circense, a falta del pan que ya comenzaba a escasear.

Unas veces más, otras menos, según las conveniencias, Martí ha sido manipulado, desfigurado, acomodado y sobre utilizado, creando en muchos jóvenes, y no tan jóvenes, un rechazo a esta prédica alienante y absurda. El clímax llegó con la frase: “Martí de lo prometió y Fidel te lo cumplió” y con la aseveración de que, el personaje de marras, “era su mejor discípulo y el más fiel intérprete de sus ideas”. Después se fue aún más lejos, colocando sus cenizas cercanas a su tumba. Es necesario un proceso de desintoxicación de este falso Martí, retomar su ideario y su figura reales en su justa medida, sin pretender endiosarlo ni considerarlo poseedor de todas las verdades y soluciones para todos los tiempos. Martí debe ser quien avance y tropiece con nosotros, pero no puede sustituirnos.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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