Atención al consumidor

Atención al consumidor

En la prensa oficialista se publicó: “Ante la dispersión legislativa y debido a la tendencia creciente de las violaciones de los derechos de los consumidores, el Ministerio del Comercio Interior (Mincin) aprobó la Resolución No. 54 del 2018 que publica hoy la Gaceta Oficial, referida a las Indicaciones para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interior, cuya implementación arrojará luces para la futura Ley de Protección al Consumidor”.

Han pasado veintidos meses y todo sigue igual. Si alguien piensa que, con resoluciones y leyes, va a resolver el extendido fenómeno del maltrato a los consumidores, está arando en el mar. Papeles son papeles y nadie los respeta, comenzando por los mismos que los elaboran.

En la República no existía este fenómeno y no habían ni hacían falta resoluciones ni leyes, porque funcionaba un principio elemental: “el cliente siempre tiene la razón”. Quien no lo respetaba, no tenía nada que hacer ni en el comercio ni en los servicios, debiendo buscarse un trabajo en que no tuviera trato directo con el público. Los empleadores y los empleados lo sabían.

Entonces existía el “cliente” y no se había inventado el “usuario”, un desmejorado aporte del socialismo. Además, los empleados, por lo general, extra a sus salarios básicos, recibían primas por las ventas que hacían: quien más vendía, ganaba más. Esto, sin contar que trabajaban en comercios y dependencias agradables, limpios, la mayoría con aire acondicionado y hasta con música indirecta.

Desde hace mucho tiempo todo esto cambió para peor: hoy, por lo general, reciben salarios de miseria vendan o no vendan, las condiciones de trabajo no son las mejores y, por si no fuera suficiente, sus jefes brillan por su ausencia durante el horario laboral, despreocupándose de lo que sucede bajo su supuesta administración.

Todo esto ha sido y es caldo de cultivo para el maltrato a los ciudadanos y, peor aún, para la corrupción generalizada.

Con el Corona Virus y las medidas de control y regulación para las ventas, el trato al público se ha deteriorado aún más: hoy, adquirir un producto de primera necesidad, se ha convertido en una verdadera odisea, que comienza marcando en una cola en horas tempranas del día y termina, si es que aparece, en horas de la tarde. Esto se repite día tras día, pues los productos aparecen en los mercados a cuenta gotas. Hablar de trato al consumidor, de regulaciones y de una supuesta Ley, pasaron al olvido. Es, en realidad, un sálvese quien pueda.

Atención al consumidor

En la prensa oficialista se publicó: “Ante la dispersión legislativa y debido a la tendencia creciente de las violaciones de los derechos de los consumidores, el Ministerio del Comercio Interior (Mincin) aprobó la Resolución No. 54 del 2018 que publica hoy la Gaceta Oficial, referida a las Indicaciones para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interior, cuya implementación arrojará luces para la futura Ley de Protección al Consumidor”.

Han pasado veintidos meses y todo sigue igual. Si alguien piensa que, con resoluciones y leyes, va a resolver el extendido fenómeno del maltrato a los consumidores, está arando en el mar. Papeles son papeles y nadie los respeta, comenzando por los mismos que los elaboran.

En la República no existía este fenómeno y no habían ni hacían falta resoluciones ni leyes, porque funcionaba un principio elemental: “el cliente siempre tiene la razón”. Quien no lo respetaba, no tenía nada que hacer ni en el comercio ni en los servicios, debiendo buscarse un trabajo en que no tuviera trato directo con el público. Los empleadores y los empleados lo sabían.

Entonces existía el “cliente” y no se había inventado el “usuario”, un desmejorado aporte del socialismo. Además, los empleados, por lo general, extra a sus salarios básicos, recibían primas por las ventas que hacían: quien más vendía, ganaba más. Esto, sin contar que trabajaban en comercios y dependencias agradables, limpios, la mayoría con aire acondicionado y hasta con música indirecta.

Desde hace mucho tiempo todo esto cambió para peor: hoy, por lo general, reciben salarios de miseria vendan o no vendan, las condiciones de trabajo no son las mejores y, por si no fuera suficiente, sus jefes brillan por su ausencia durante el horario laboral, despreocupándose de lo que sucede bajo su supuesta administración.

Todo esto ha sido y es caldo de cultivo para el maltrato a los ciudadanos y, peor aún, para la corrupción generalizada.

Con el Corona Virus y las medidas de control y regulación para las ventas, el trato al público se ha deteriorado aún más: hoy, adquirir un producto de primera necesidad, se ha convertido en una verdadera odisea, que comienza marcando en una cola en horas tempranas del día y termina, si es que aparece, en horas de la tarde. Esto se repite día tras día, pues los productos aparecen en los mercados a cuenta gotas. Hablar de trato al consumidor, de regulaciones y de una supuesta Ley, pasaron al olvido. Es, en realidad, un sálvese quien pueda.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s