FotoPeter Deel
José Martí, su figura y su pensamiento, ha sido utilizado, sobre utilizado y hasta subutilizado, en diferentes épocas. Sin lugar a dudas, esto fue algo que no fue capaz de imaginar, a pesar de su amplia visión de futuro. Nosotros, los cubanos, le hemos sido desagradecidos, y hemos permitido su manipulación, echándole en cara en vida el haber promovido la guerra y no participar en ella, lo cual trajo como consecuencia su muerte absurda en combate; reprochándole el haber imaginado una nación superior a las posibilidades del ciudadano común y hasta que se le haya hecho responsable del ataque a un cuartel, en el cual no participó ni física ni intelectualmente; responsable de que miles de jóvenes hayan tenido que realizar sus estudios en Escuelas en el Campo o al Campo, alejados de sus familiares y de su entorno social, trabajando la tierra como agricultores, con baja productividad, porque un día escribió un artículo, reseñando la experiencia de una comunidad norteamericana, donde los hijos de los obreros, además de estudiar las asignaturas escolares, aprendían el oficio de sus padres; responsable del antiimperialismo y de ser enemigo de los Estados Unidos de Norteamérica, cuando sólo se refirió a ello, como una preocupación que tenía, en su carta póstuma, habiendo residido y hecho vida política en ese país la mayor parte de su existencia socialmente activa; responsable de la existencia de un solo partido, cuando jamás planteó esto, y fue un defensor acérrimo del derecho de cada quien a pensar por cabeza propia y actuar en consecuencia, y de otros muchos absurdos, traídos por los pelos a conveniencia, con los cuales nunca ha tenido nada que ver, pero cuya responsabilidad le han echado sobre sus hombros durante años.
Esto es demasiado: el Apóstol no se merece tanta falta de consideración. Ahora, por si todo esto fuera poco, a un presidente amigo, le ha dado por utilizarlo, después de, al parecer, haber agotado el ideario de Simón Bolívar. Frases de Martí aparecen bastante a menudo en sus intervenciones, la mayoría de las veces sacadas de contexto, tal vez por el solo hecho de que suenan bonitas e interesantes. Como Martí escribió prácticamente sobre todo de forma general, sin precisar detalles, el saco le sirve a cualquiera. Esa es precisamente su gran tragedia como personalidad histórica.
Los cubanos, al menos, siempre en deuda con su ideario, deberíamos ser más respetuosos con el Apóstol, y no permitir y menos aún aplaudir- su utilización, por cualquiera que lo estime conveniente para sus fines políticos. En este nuevo aniversario de su nacimiento, debería constituirse en un compromiso moral.















