Sobre el avión derribado

El caso del avión de Malasia derribado sobre Ucrania es lamentable y condenable, porque involucra a personas inocentes, las actualmente denominadas víctimas colaterales, ajenas al conflicto. De seguro se realizarán las investigaciones pertinentes para descubrir a los responsables de tal acto de barbarie. Sin embargo, llama la atención cómo, desde el primer momento de la tragedia, ya hayan salido a la palestra algunos personajes, que parecen disponer de una bolita mágica, repartiendo acusaciones sin evidencias, siendo su blanco preferido las autoridades de Ucrania, eximiendo de responsabilidades a los rusos y a los separatistas pro-rusos.

Los problemas de los ucranianos con los rusos, exacerbados ahora al separarse Kiev de Moscú, son de vieja data y ya existían en la época soviética, sólo que entonces fueron reprimidos con saña, para mantener a toda costa la extinta Unión Soviética y presentarla como un conjunto de unidos pueblos hermanos. Eso es algo bien conocido donde sobran evidencias. Las aspiraciones del presidente ruso para restablecer su perdido imperio también son bien conocidas. La anexión de Crimea, en realidad de origen tártaro, es un buen ejemplo. O sea, entre Rusia y Ucrania existe una confrontación de carácter geopolítico: los ucranianos tratando de mantener la integridad de su país, y los rusos tratando de desmembrarlo, aprovechando la población de origen ruso que colonizó territorios de ese país, método utilizado también con otras repúblicas durante la era soviética. Ejemplos: Estonia, Lituania y Letonia.

La pregunta a hacerse es la siguiente: ¿A quién beneficia el derribo del avión? A las autoridades ucranianas no las beneficia, pues las colocaría, de comprobarse su responsabilidad, en la picota pública. ¿Sirve a los rusos y separatistas pro-rusos en sus campañas contra el gobierno de Kiev? La respuesta está en el aire.

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Farol de la calle.

Foto Rebeca

Llama la atención la exagerada preocupación que muestran las autoridades cubanas por la protección del medio ambiente en el mundo. Declaraciones y denuncias llenan los espacios informativos oficialistas, y se asegura la participación en todos los eventos que las Naciones Unidas organizan sobre el tema.

Es una lástima que igual preocupación no dediquen a solucionar los graves problemas ambientales existentes en el país. La ciudad de La Habana es un muestrario de ruinas acumuladas, calles y aceras destruidas, edificaciones en estado de coma listas para venirse abajo, suciedad por doquier, aguas albañales de alcantarillas desbordadas, salideros en las redes del acueducto, animales abandonados enfermos y desnutridos, ratas y ratones a montones e insalubridad generalizada. En otras ciudades y pueblos del país se repite el muestrario.

Se puede, como es habitual, continuar echándole la culpa al embargo y a la falta de recursos, pero ya va siendo hora, después de cincuenta y seis años de repetir lo mismo, de aceptar la incapacidad manifiesta para resolver los problemas creados, los cuales no existían anteriormente. Ni La Habana, ni nuestras ciudades y pueblos eran sucios, insalubres, ruinosos, con calles y aceras destruidas y alcantarillados colapsados. Al contrario, constituíamos un ejemplo para muchos países del mundo.

Cuando los alcaldes y los concejales, que por lo general eran originarios del lugar, regían los destinos de los municipios y disponían de una parte importante de los recursos que éstos generaban, se resolvían los problemas, porque si no lo hacían, no eran reeligidos para los cargos. Todos los inventos posteriores, desde los comisionados hasta los presidentes de las administraciones municipales y provinciales del Poder Popular, han fracasado, simplemente porque ninguno de quienes dirigen son líderes naturales comunitarios, sino simples funcionarios designados, sin ningún tipo de raíces con sus pobladores. El caso de Manuel Fernández Supervielle, aquel alcalde de la ciudad de La Habana, que por no poder cumplir su promesa de resolver el problema del abasto de agua a la ciudad se suicidó, es impensable en estos tiempos.

Promesas van y promesas vienen, funcionarios también van y vienen sin que nadie los recuerde, pero los problemas se mantienen sin solucionar y, con el tiempo, aumentan. La responsabilidad se demuestra, no trabajando en la conmemoración de una determinada fecha histórica sino del día a día de cada ciudadano. Cuando esto se logre, comenzaremos realmente a movernos hacia delante, abandonando esta marcha atrás histórica, que parece haberse posicionado en nuestro país.

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Algunas dudas

Foto Rebeca

En el recién concluido período de sesiones de la Asamblea Nacional, donde, según la prensa oficialista, se pasó revista al estado general del país, llaman la atención algunos tópicos.

Pasar revista a todos los problemas del país en sólo cinco días (dos en el trabajo por comisiones, uno escuchando los informes de algunos jefes de organismos y dos en discusión plenaria) resulta una tarea bastante difícil, por lo complicados y prolongados en el tiempo de cada uno de los problemas que se analizan. Si a cincuenta y seis años del mismo gobierno, con algunas caras secundarias diferentes, y de los mismos problemas nunca resueltos, aún estos no se conocen y, menos aún, no se sabe cómo darles solución, es para comenzar a preocuparse.

¿Para qué tantos experimentos y, además, por qué extenderlos? Ahora resulta que el experimento en Artemisa y Mayabeque sobre los órganos de gobierno y su funcionamiento, se extenderá hasta diciembre del 2016. ¿No es demasiado tiempo? ¿Y mientras, qué? Un país no es un laboratorio. Cuando se asume el poder, es para gobernar no para experimentar. Llevamos cincuenta y seis años haciendo experimentos, la mayoría fracasados. Debería, al menos, servirnos de experiencia.

¿Por qué tantos planes con fechas de cumplimiento en el 2020, 2030 y hasta 2050? ¿Alguien cree realmente que tiene tanto tiempo a su favor?

Todo esto me trae a la mente los años de los célebres planes quinquenales, cuando copiábamos a los hermanos mayores soviéticos al pie de la letra, quienes hasta nos inventaron una Estrategia Año 2000. Se trabajó en su elaboración, dedicándole tiempo y recursos, y al final explotó como una pompa de jabón. Nunca más se habló de ella, y eso que íbamos a fabricar locomotoras, aviones y barcos, autoabastecernos de productos agrícolas, exportar y hasta cubrir nuestras necesidades con la industria ligera. ¿Vamos nuevamente a repetir el mismo error, ahora con algunos jugadores nuevos? ¿Por qué no dedicar los pocos recursos y tiempo existentes, al menos, a aliviar el día a día de los cubanos?

Nuestras autoridades son adictas a repetir que el socialismo en Cuba es irreversible, haciendo un uso equivocado de la palabrita: en realidad, lo único irreversible es el cambio. Mientras no entiendan y acepten esta verdad, continuarán dando palos de ciego a costa de los cubanos.

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Marginalidad

Foto Rebeca

El tema de la pérdida de valores, la mala educación, las faltas de respeto, el lenguaje grosero y vulgar, la violencia callejera y la falta de disciplina social, mantiene su actualidad en nuestra depauperada sociedad.

Los llamados de las autoridades, aunque bastante tardíos, a revertir esta situación siguen ocupando espacios en los medios de comunicación oficialistas, pero parece que no logran calar en la población, pues la situación en lugar de mejorar tiende a continuar deteriorándose. Para comprobarlo sólo basta con desandar algún día de la semana cualquier barrio y recorrer sus calles: gritos estentóreos de acera a acera, palabras groseras y obscenidades conviven con personas mal vestidas, la suciedad y el deterioro ambiental.

Hay quienes argumentan que una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero parece no ser exactamente así, porque el medio, por lo regular, hace a las personas, aunque, como en toda regla, existan excepciones. Cuando la vulgaridad se confunde con la modernidad y se convierte en costumbre, es muy difícil de erradicar.

Una educación deficiente, tanto en el seno de las familias disgregadas como de la escuela durante años, más una cultura oficial de intolerancia y violencia, generalizada y aplaudida por la mayoría de los ciudadanos, ayudaron al establecimiento y consolidación de tantos males.

Hoy nos preocupan, pero la preocupación ha llegado con bastante retraso: se necesitarán muchos años de convivencia pacífica, de civismo ciudadano y de educación familiar y escolar para lograr algún resultado. Además, para ello será imprescindible la existencia de una sociedad verdaderamente democrática, donde se respeten los deberes y derechos de los ciudadanos.

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Otra vez con lo mismo

Muchas veces las resoluciones de los Comités de las Naciones Unidas mueven a risa. Así sucede con la reciente del Comité de Descolonización, ratificando el derecho de Puerto Rico a la libre autodeterminación. La iniciativa fue presentada por Cuba, con el patrocinio de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia y la intervención de Siria. Dios los cría y el Diablo los junta.

¿Acaso desconoce este Comité que el pueblo puertorriqueño ha votado reiteradas veces sobre esto, saliendo siempre derrotada con un mínimo de votos (4%) la opción independentista? ¿No se ha enterado que en el último referendo, la mayoría votó por la anexión a los Estados Unidos como el Estado 51, a diferencia de en los anteriores donde había empate del 48% para los que preferían el status actual y los que optaban por la anexión, para un gran total del 96%, contra el 4% que querían ser independientes?

Claro que el Comité y sus miembros conocen todo esto, pero se entretienen en seguir perdiendo el tiempo. Se dice que es la trigésimo tercera vez que se aprueba un documento similar. ¿Cuántas veces es necesario tropezar con la misma piedra? También se ratifica el carácter latinoamericano y caribeño de Puerto Rico, lo cual, debido a que es eminentemente geográfico, nadie niega. Pero caribeños también son Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Granada, Aruba, Gran Caimán, Guadalupe, Islas Vírgenes, Martinica, Trinidad y Tobago, Barbados, etcétera, unidos por el idioma, historia y tradiciones a Gran Bretaña, Francia, Holanda y los Estados Unidos y nadie los cuestiona.

¿Se pretende acaso incluir a Puerto Rico, en contra de los deseos de la mayoría de sus ciudadanos, dentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)? ¿A quién se le ha ocurrido que los puertorriqueños van a cambiar gato por liebre?

Si el Comité se está quedando sin trabajo, porque ya no tienen a quien descolonizar, es mejor que se desactive y sus miembros se dediquen a algo más útil. Así al menos ayudarían a reducir los voluminosos gastos de las Naciones Unidas.

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Fuera de toda duda

Que Cuba cada día se parece más a Macondo, el mítico pueblo de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, no lo duda nadie. Tampoco que el periodismo oficial es fiel reflejo de ello.

Los dos principales diarios gubernamentales se hacen eco, el mismo día y dedicándole cada uno una página completa de las ocho con que cuentan, a la escasez de condones (preservativos) en las farmacias. Lo que no es noticia en ningún país, y aquí, donde el Estado lo controla todo, podría haberse resuelto con una simple nota informativa del Ministerio de Salud Pública, ocupa amplio espacio, con una detallada e innecesaria explicación sobre marcas, tallas, fabricantes, consumo, precios de compra y de venta, etcétera. Tal vez hubiera sido más conveniente, dedicar tanto espacio y explicaciones a cuestiones más importantes que afectan a los cubanos y que, sin embargo, se obvian o se tratan superficialmente.

Pero hay más: por el Día del Trabajador Forestal, Trabajadores, una publicación semanal, presenta un artículo bajo el título Mambisa del carbón, dedicado a una señora de 63 años de edad, que se dedica desde hace 25, hacha y machete en mano, a cortar leña, acarrearla en un vagón y construir hornos de carbón. Se muestra como un ejemplo de igualdad de género y como un logro en la emancipación social de las mujeres. Aunque todo tipo de trabajo merece respeto, no considero que éste sea una opción atractiva para los hombres, y menos aún para las mujeres. Independientemente del amor a la tierra y al monte que, según la periodista, les profesa esta señora, a su edad debería estar descansando o, al menos, realizando una labor menos dura, máxime cuando han transcurrido cincuenta y seis años de Revolución.

Esto me recuerda a Macondo, cuando los gitanos llegaron por primera vez con el hielo y los helados. ¡Señores, estamos en el Siglo XXI!

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¡Apaga y vámonos!

Archivo

En estos días, el tema económico ha sido resaltado en la prensa oficial, debido a declaraciones de algunos importantes funcionarios gubernamentales. Así nos enteramos que la producción de azúcar aumentó, pero se incumplió el plan. Buscando detalles, resulta que la zafra recientemente concluida experimentó un incremento del 4,2% en comparación con la anterior. No se dice cuánto se produjo en la anterior (problemas del secretismo), aunque por cálculos no oficiales se presupone que no superó 1 millón 400 mil toneladas (inferior a la del año 1907 del siglo pasado, que fue de 1 millón 430 mil 991 toneladas, con caña cortada y alzada a manos y transportada en carretas tiradas por bueyes). Si se agrega el referido 4,2%, el resultado sería de cerca de 1 millón 450 mil toneladas, inferior también a la del año 1910 y a todas las siguientes de los años de la República. Esto, sin contar que se extendió casi por siete meses. Tampoco sabemos de cuánto era el plan (continúa el secretismo), ya que sólo se dice que se cumplió al 88%. Las causas del fracaso, como en cada zafra, se repiten: disminución del rendimiento industrial por lluvias y altas temperaturas (parece que antes ni llovía ni habían altas temperaturas), bajo aprovechamiento de la capacidad potencial y dificultades en el corte y tiro. Resumiendo: AZCUBA, la gran empresa socialista perfeccionada que sustituyó al Ministerio del Azúcar, lleva cuatro zafras sin dar pie con bola.

A este panorama azucarero gris con pespuntes negros, se agregan las declaraciones del Jefe de la Comisión para la implantación de los lineamientos, señalando la necesidad de eliminar la dualidad monetaria y cambiaria -una originalidad del presidente anterior-, la matriz de generación eléctrica -basada en combustibles- y el Producto Interno Bruto (PIB) -que se haya por el piso-, lo cual no tiene carácter de corto plazo, sino que tiene carácter estratégico, agregando, para rematar: No nos imaginamos el país fuera del socialismo.

Después de tantos problemas, más esta declaración de carencia de imaginación, como diría mi vecino El Chaca: ¡Apaga y vámonos!

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