El dengue nuestro de cada verano

El dengue nuestro de cada verano

Al terminar la colonia, Cuba era un país con una elevada mortalidad, pues el paludismo, la viruela, el tétanos infantil, la tifoidea, la fiebre amarilla y otras enfermedades diezmaban a la población. El Gobierno Interventor de Estados Unidos, primero con el general Brooke, y después con el general Wood, se dio a la tarea de, en breve tiempo, higienizar el país y mejorar el estado sanitario. Para ello creó el departamento de Sanidad, base de la secretaría del mismo nombre constituida después, dotado de amplias facultades y con la participación de eminentes médicos cubanos y norteamericanos, el cual logró, poco a poco, librar al país de las enfermedades endémicas que, con exacerbaciones epidémicas frecuentes, constituían un grave problema.

Durante la República el proceso continuó, con un gran trabajo de higienización y la organización de un eficiente sistema de salubridad, constituido por postas médicas, casas de socorro y hospitales de diferente tipo, ubicados en las principales ciudades y poblados de la Isla, en permanente desarrollo, más la participación de la medicina privada. Para el control vectorial y la evitación de epidemias, existían brigadas que, en cooperación con el Fondo Panamericano para la Salud, saneaban arroyos, zanjas, lagunas, solares yermos y alcantarillas, ya que del saneamiento de las viviendas se ocupaban sus moradores, utilizando para ello, además de diferentes desinfectantes, el famoso insecticida DDT, las espirales humeantes “Yokel”, las mallas anti-mosquito en puertas y ventanas y los mosquiteros sobre las camas.

El dengue era una enfermedad desconocida en Cuba hasta que apareció en 1978, como resultado directo de la falta de higiene ambiental generalizada en ciudades y pueblos, y de la errónea desactivación, tiempo atrás, de las brigadas existentes. Desatado como epidemia, obligó a las autoridades a crear apresuradamente y a preparar nuevas brigadas, equiparlas con equipos de fumigación comprados en Japón y trasladados en aviones de Cubana de Aviación y adquirir, mediante compra directa, para burlar el embargo, a los “lancheros” que trasladaban droga a Estados Unidos desde Colombia y otros países del Caribe, en sus viajes de regreso, el insecticida “Mallation”, considerado en ese momento el más eficaz. Los pagos se efectuaban en efectivo, una vez comprobada la calidad del producto por personal del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). A los lancheros se les reabastecía de combustible, para continuar el viaje de regreso a sus países de origen y, cuando era necesario, se les facilitaba alojamiento y descanso en alguna Marina.

Masivamente y con mucha “bulla” y partes diarios en la prensa, Cuba se llenó de humo y había hasta que aplastar las cáscaras de huevo, porque podían convertirse en alojamientos del terrible “Aedes Aegypti”, el mosquito transmisor de la enfermedad con sus picadas. Se fumigaba a toda hora, al principio con “Mallation”, y después hasta con petróleo quemado. Los soviéticos de las unidades militares asentadas en Cuba, quisieron cooperar, poniendo a disposición de las autoridades sus equipos creadores de cortinas de humo, los cuales se utilizaron al efecto. Se formó hasta una “caravana invasora” que, partiendo de Occidente recorrió el país hasta Oriente, fumigando pueblos y ciudades a lo largo de la Carretera Central, aunque los epidemiólogos al frente de la tarea, dudaban de su efectividad, planteando que el efecto era más sicológico que práctico. Un buen día, después del último fallecido, se decretó oficialmente el fin de la epidemia. Una funcionaria del Ministerio de Salud Pública comentó en un círculo íntimo: “Pueden estar convencidos que, a partir de ahora, nadie más fallecerá de dengue. Si aparece algún “muerto tardío”, se le cargará a cualquier otra enfermedad”. A pesar de las medidas tomadas, la epidemia causó más de un centenar de muertos.

Sin embargo, cada verano reaparece el dengue. Esto ha venido sucediendo desde hace cuatro décadas. Sin lugar a dudas ya se ha hecho endémico y, como se mantiene la falta de higiene ambiental, parece que la enfermedad le ha ganado la batalla al MINSAP.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El dengue nuestro de cada verano

  1. delarosa dijo:

    En Cuba, todos los ministerios han perdido las batallas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s