El regreso del general

El general Fulgencio Batista Zaldívar, mediante la realización de un golpe militar incruento, tomó el poder el 10 de marzo de 1952, derrocando al Presidente constitucional doctor Carlos Prío Socarrás quien, al exilarse sin renunciar al cargo, lo obligó a tener que actuar como Primer Ministro hasta el año 1954, cuando se realizaron elecciones generales sin candidato opositor y se hizo Presidente. Por lo tanto, ejerció hasta ese momento como Presidente de facto, no constitucional ni elegido. Este pecado original marcó negativamente todos sus años en el poder.

Como antecedentes debe señalarse que Batista, simple sargento del ejército en 1933, enrolado en la vorágine revolucionaria de ese año, se convirtió en jefe del mismo, ascendió a coronel y jugó un papel determinante, constituyéndose en “el poder real” que quitaba y ponía presidentes hasta el año 1940, en que, dejando el grado de general, asumió por primera vez, obteniendo la victoria en unas elecciones caracterizadas por su limpieza, la Primera Magistratura del país. Su gobierno de entonces se considera un buen gobierno. Después, se retiró de la política y se estableció en los Estados Unidos, hasta que regreso a Cuba y comenzó a conspirar contra Prío.

En realidad, el periodo presidencial de Batista duró casi siete años, desde el 10 de marzo de 1952 hasta el 1 de enero de 1959, cuando fue obligado a abandonar el poder por una insurrección armada. Al establecerse como Presidente de facto, fue reconocido inmediatamente por los gobiernos de todos los países. Se presentó como “el hombre fuerte” que iba a restablecer el orden, después de las debilidades de dos gobiernos Auténticos. Frente a la crisis generada por la superproducción azucarera del año 1952, estableció una acertada política azucarera, realizó la movilización del crédito y estableció los llamados presupuestos deficitarios de carácter anticíclico, gracias a los cuales el país pudo sortear las dificultades económicas y entrar en un periodo de bonanza económica. Sabiéndose inconstitucional, trató de legalizar su situación haciendo una convocatoria a elecciones generales para el año 1954, pero en julio de 1953 se produjo el asalto sorpresivo a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, creándose una situación de violencia armada que sembró la simiente para desestabilizar a las fuerzas políticas. A partir de este momento y, posteriormente, con la salida de los asaltantes de prisión mediante una amnistía, y su declarada intención de proseguir la lucha armada contra el régimen, se aceleró el agotamiento de la vía pacífica para resolver el diferendo gobierno-oposición. Aún así, en 1954 se realizaron elecciones generales a las cuales se iba a presentar como candidato por la oposición el doctor Ramón Grau San Martín, pero éste se retiró a última hora, ganando las mismas, sin ninguna oposición, Batista, el cual asumió entonces como Presidente constitucional, restableciendo la época de los generales-presidentes.

Los cuatro primeros años de su gobierno, que van desde 1952 hasta 1956 fueron de relativa tranquilidad, exceptuando los hechos de julio de 1953. La actividad política ocupó los primeros planos y la violencia estuvo relegada a un segundo plano. En este contexto, los partidos políticos tradicionales y los movimientos y partidos de nueva creación, trataron de organizarse y consolidarse para enfrentar al gobierno. También lo hacían, secretamente, las fuerzas insurreccionales, tanto en Cuba como fuera de ella.

Como aspectos positivos del gobierno, debe señalarse que en 1954 se estableció un importante Plan de Desarrollo Económico y Social, con una inversión de 350 millones de pesos, que abarcó todos los sectores de la economía. En el sector agrícola incluyó la mejoría inmediata de las instalaciones de almacenamiento y refrigeración de las cosechas, una mayor mecanización, fertilización e irrigación, así como la investigación científica, mediante el aumento de las estaciones experimentales agrícolas. También se planteó un incremento en la producción de carne, leche, aves de corral, huevos, pescado, arroz, frijoles, frutas, verduras y café. El programa contó, además, con ayuda técnica y económica a los pequeños campesinos, mediante la organización de cooperativas agrícolas y la organización del comercio y del crédito. El mismo, puesto en marcha rápidamente, pronto comenzó a dar resultados.

En estos años, el ahorro y los depósitos a plazo fijo de los bancos se elevaron de 140 a 385,5 millones de pesos, y los bienes raíces, que siempre constituyeron la forma preferida de inversión en Cuba, propiciaron un asombroso auge de las construcciones en todo el país, cuyo centro principal fue la ciudad de La Habana, donde se edificaron numerosos grandes hoteles y edificios de apartamentos, que transformaron la imagen urbana, modernizándola. En la Plaza Cívica, que había sido un proyecto concebido e iniciado por el gobierno de Carlos Prío, se edificaron y se terminaron de edificar un enorme conjunto de edificios públicos, incluyendo el monumento a José Martí. Si en 1952 la inversión privada en las construcciones sumaba 53 millones de pesos anuales y la pública 76 millones, en 1957 las cifras habían aumentado a 77 millones la privada y a 195 millones la pública. Se construyeron, además, el túnel bajo la Bahía de La Habana, que incentivó el desarrollo de la ciudad hacia el este, mediante la autopista Monumental que enlazaba con la Vía Blanca hasta Matanzas, así como los dos túneles bajo el río Almendares, que conectaban hacia el oeste de la ciudad, y se reconstruyeron, ampliaron y mejoraron todas las principales avenidas y calzadas, así como se pavimentaron las calles de la ciudad de La Habana y de Marianao y de muchas ciudades y pueblos.

En la educación pública se edificaron nuevas escuelas y centros escolares, tanto en las ciudades como en los pueblos y áreas rurales, dotándose de maestros titulados, asegurándose, además de la instrucción, los materiales de instrucción y el desayuno escolar gratuitos a los educandos, lo que permitió reducir el analfabetismo general a un 23,6%, ocupando el segundo lugar en Iberoamérica con el más bajo índice de analfabetos. En la salud pública se continuó la construcción de hospitales, tanto en La Habana como en el interior, así como de Casas de Socorro, equipándolas con los medios y medicamentos necesarios, inclusive ambulancias, ocupando el país el primer lugar en número de médicos per cápita (1 por cada 957 habitantes), y el segundo lugar en Iberoamérica con la tasa más baja de mortalidad infantil para la época.

Entre otros logros, deben señalarse el fomento de la Marina Mercante mediante la adquisición de barcos, la construcción de tres nuevas refinerías para la transformación del petróleo crudo importado, que por primera vez produjeron un saldo de gasolina para la exportación; la edificación de tres nuevas fábricas de neumáticos, que elevaron la producción de los mismos a más del doble de la de diez años atrás; la instalación de una fábrica de conductores eléctricos de cobre, quedando cubiertas las necesidades del país y de una nueva fábrica de tuberías centrifugadas de hierro, que cubría las necesidades y permitía la exportación. También se construyeron cinco nuevas fábricas de papel y cartón de bagazo, el primero de los cuales se utilizaba en la edición de periódicos y revistas de tiradas masivas y el segundo en la de cajas y embalajes. La inversión extranjera levantó una planta con capacidad para cubrir las necesidades del consumo nacional de botellas y otros envases de cristal, una planta para la producción de papel y envases de aluminio y una avanzada planta para la explotación del níquel. Además, el gobierno construyó numerosos acueductos, inclusive el que resolvió el problema del abasto de agua a la ciudad de La Habana, así como alcantarillados, carreteras y autopistas, y se efectuaron prospecciones en busca de petróleo en varias regiones del país. El año 1957, a pesar de la existencia de la lucha insurreccional, está considerado por los especialistas como el año más próspero en la historia de Cuba. Durante la década de los años cincuenta, Cuba siempre ocupó el segundo o tercer lugar en entradas per cápita en Iberoamérica, y el lugar 29 entre las mayores economías del mundo.

Si en el orden económico se marchaba bien, en lo político no era así. Clausurada la vía pacífica por errores garrafales tanto del gobierno como de la oposición, había asumido la iniciativa la violenta, con el componente de acciones insurreccionales en ciudades y pueblos y de la lucha armada en las regiones montañosas. Los partidos políticos tradicionales, que al principio se habían opuesto a ella, inclusive el Partido Socialista Popular, se le plegaron, buscando sobrevivir en los cambios que se avecinaban. El ejército, falto de preparación y desmoralizado, acostumbrado más a la vida de cuartel que a las campañas militares, estaba incapacitado para enfrentar este tipo de lucha irregular, máxime cuando sus mandos principales tampoco lo estaban. Batista arrastraba un problema genético: había ocupado el poder por un golpe militar, pasando por encima de la Constitución. Eso, a pesar del auge económico, no se lo perdonaban la mayoría de los cubanos. Además, la situación de violencia generalizada, que se había ido incrementando con asesinatos, torturas, sabotajes, atentados, ataques a cuarteles, desembarcos y hasta un ataque al Palacio Presidencial y otros actos violentos, que propiciaban la censura de prensa y coartaban la libertad de expresión, era repudiada por la mayoría de la población, que deseaba que terminara lo antes posible. Estos elementos, bien utilizados por las fuerzas revolucionarias en contra del régimen, que se presentaban como democráticas y restauradoras de la libertad perdida y de la Constitución de 1940, más las acciones victoriosas que llevaban a cabo tanto en las montañas como en el llano, condujeron a la derrota y caída del gobierno. Las elecciones generales realizadas el 1 de junio de 1958, en las cuales sin oposición salió el candidato del gobierno, además de extemporáneas, carecieron de respaldo popular y de credibilidad y, por lo tanto, no pudieron ejercer ningún tipo de influencia en los acontecimientos que se estaban desarrollando.

Batista, que pudo haberse quedado con el hálito de buen gobernante ganado entre 1940 y 1944, que ya había borrado en parte su nefasta actuación durante los siete años precedentes, repitió el grave error de querer regresar al poder, en el cual ya habían incurrido otros dos presidentes, al tratar de reelegirse en contra de la voluntad popular. Además, lo hizo de forma violenta, pasando por encima de la misma Constitución, cuyos principios él había defendido anteriormente, faltando sólo unos pocos meses para que los cubanos, de forma democrática, acudieran a las urnas y eligieran un nuevo Presidente. Esto lo marcó negativamente, independientemente de que durante sus siete años de gobierno Cuba avanzó económicamente y se desarrolló, como nunca antes lo había hecho en toda su historia. Desgraciadamente, le tocó en suerte cerrar la importante y vilipendiada etapa republicana. Durante su gobierno, su nombre le fue impuesto a una importante avenida de la capital, la calle Línea, y dado al sanatorio nacional que había construido en Topes de Collantes, así como se mantuvo izada la bandera del 4 de septiembre en las instalaciones militares. Todo esto desapareció con la llegada al poder de las nuevas autoridades.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a El regreso del general

  1. Gomez dijo:

    Exelente,me ha gustado mucho esta parte de la historia cubana,no conocia lo de las fabricas de neumaticos o carton.

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