Un Presidente cordial

El doctor Carlos Prío Socarrás fue el octavo Presidente de la República. Surgido de la lucha estudiantil universitaria contra la dictadura de Gerardo Machado y de la revolución de 1933, tuvo una destacada participación en estos hechos, llegando a presidir la Junta Revolucionaria de Columbia que, junto al sargento Fulgencio Batista y otros complotados, estableció la Pentarquía, hechos que lo fueron convirtiendo en una joven figura política, participando además, posteriormente, en la Constituyente para la elaboración de la Constitución de 1940. Su presidencia se extendió desde el 10 de octubre de 1948 hasta el 10 de marzo de 1952, cuando fue derrocado por un golpe militar organizado y ejecutado por el general Fulgencio Batista Zaldívar, faltando uno pocos meses para la realización de las elecciones generales correspondientes. Formó parte de los doctores-presidentes y, desde su ascenso al poder se definió como un “presidente cordial”, lo cual trató de materializar desde los primeros momentos.

Su primer gran tropiezo como Presidente fue que, al haber sido promovido por Grau San Martín como candidato del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), éste, como presidente del mismo, pretendió continuar siendo “el poder tras el trono”, inmiscuyéndose en los asuntos de gobierno. Despejado el camino inteligentemente, tras un comienzo difícil en el cual se votó un empréstito de doscientos millones de pesos para emplear en un amplio Plan de Fomento, el Presidente planteó la realización de “la política de los nuevos rumbos”, que representó una etapa de rectificación para el país. Esta política incluyó la promulgación de las leyes complementarias para poder materializar lo establecido en la Constitución de 1940, la creación de algunas importantes instituciones que el país necesitaba urgentemente para su desarrollo, como el Banco Nacional de Cuba, el Banco de Fomento Agrícola e Industrial, el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales, un órgano independiente dentro del Tribunal Supremo, y el Tribunal de Cuentas, para la fiscalización de todos los gastos públicos. Todo esto contribuyó a la institucionalización del Estado, dotándolo de los instrumentos necesarios para el buen gobierno. Durante su mandato también se crearon la Junta Nacional de Economía y las Universidades de Las Villas y de Oriente, y se aprobaron la Ley Orgánica de las provincias y el derecho de réplica en los medios de información.

Además, realizó una Reforma Agraria, que aunque no resolvió totalmente el problema agrícola, mejoró la situación en el campo, estableció el libre comercio en los bateyes de los ingenios, equiparó a la mujer y al hombre en el ejercicio de los derechos civiles y estableció el Distrito Judicial de Holguín, el cual anteriormente no existía, dependiendo todos los procesos del de Oriente, establecido en la lejana Santiago de Cuba. Durante su gobierno la producción anual de azúcar siempre superó los cinco millones de toneladas, lo cual le aseguró una situación económica ventajosa.

Bajo el lema de “la cordialidad”, tratando de restablecer la convivencia ciudadana, retornaron a Cuba numerosos exilados, entre los que se encontraba el expresidente Batista. En 1950 se celebraron elecciones parciales y el gobierno las presidió con total pulcritud y respeto, al extremo de que el hermano del Presidente fue derrotado en sus aspiraciones a la Alcaldía de La Habana.

El mayor problema de su gobierno lo constituyó el auge del gangsterismo, rezago vicioso de la época revolucionaria anterior que, aparecido durante el gobierno anterior, tomó auge en las calles de La Habana, con el incremento de los asesinatos políticos, los cuales las autoridades no supieron o pudieron detener. Uno de los hechos que más impactó a la ciudadanía fue el asesinato de Alejo Cossío del Pino, quien había sido Ministro de Gobernación. En este ambiente convulso, contra Prío se incrementó, comenzada desde sus primeros días en el poder, una oposición virulenta del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), liderada por el presidente del mismo, el doctor Eduardo R. Chibás, el carismático y populista senador, que aspiraba a ser candidato a las próximas elecciones generales y se consideraba seguro vencedor. Sus ataques sistemáticos y demoledores, contribuyeron a que el gobierno se debilitase cada día más y, a veces pareciera que no controlaba la situación ni totalmente el poder. Ante una acusación al Ministro de Educación, responsabilizándolo del robo de fondos del presupuesto escolar, sin poder demostrarlo con ningún tipo de evidencia, presintiendo el golpe que tal derrota podría asestar a sus aspiraciones presidencialistas, el senador Chibás trató de repetir el “suicidio”, que tan buenos frutos le había dado en 1940 para que lo incluyeran en la Constituyente, disparándose un tiro en la ingle durante la transmisión de su programa radial dominical. Esta vez tuvo la mala suerte de que apareció una infección no prevista, falleciendo después de algunas horas de agonía. El hecho consternó al país.

La situación política imperante y el deterioro del gobierno, la división acaecida dentro de las filas del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) con la muerte auto inflingida de su principal dirigente y el error de sustituir meses antes al jefe del ejército, el general Genovevo Pérez, quien era respetado por los uniformados y hubiera constituido un valladar contra Batista y sus seguidores, por otro totalmente gris y sin ascendencia sobre los mismos, propició que se produjera el golpe militar del 10 de marzo de 1952 que, una vez más, después de un periodo de casi doce años de democracia, sumió al país en una nueva dictadura. Aparecía otra vez un general-presidente, ahora con el agravante de haber accedido al poder mediante un golpe militar, fenómeno que hasta entonces no se había producido en Cuba.

El doctor Carlos Prío Socarrás, independientemente de las acusaciones personales y de carácter íntimo que se le hicieron, falsas o verdaderas, respetó el lema de su gobierno, basado en “la cordialidad”, siendo un firme defensor del respeto a la libertad de opiniones y de prensa. Tal vez, debido a ello, el gobierno fue demasiado tolerante en algunas situaciones, como durante el incremento de los actos de gangsterismo, cuando debió hacer un uso más eficaz del poder que le confería la Constitución. Igual sucedió ante el golpe militar, el que “con el objetivo de no derramar sangre inocente” -según declaró posteriormente-, no enfrentó, teniendo en ese momento a la mayoría del ejército a su favor, pues los regimientos de las provincias no se habían sumado al mismo. Su mayor mérito, sin lugar a dudas, es haber institucionalizado al país. Nunca se erigió ningún monumento o busto que lo recordara.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Un Presidente cordial

  1. Armando De la Paz dijo:

    Muy buena leccion de historia cubana, consisa pero esclarecedora, gracias

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