Entre el cielo y el infierno

Como estaba predeterminado, el engendro de Constitución fue ratificado en el referendo del pasado domingo 24, independientemente de la chapucera manipulación de las cifras realizada por el régimen. Las razones son varias: el miedo inducido asentado y la demencial propaganda desatada, con presión política incluida, sobre los trabajadores, intelectuales, artistas, deportistas, profesionales y estudiantes con derecho al voto, así como sobre los infantes sin edad para ello, todos clamando por el “Yo Voto SI”. El gasto en dinero y recursos, aunque no se publique, debe haber sido muy superior al de cualquier elección presidencial en los Estados Unidos, siempre criticadas por los dirigentes cubanos y sus testaferros. Además, el “NO Votar” o el “Votar NO”, que dividió absurdamente a la oposición, fueron reprimidos, sin espacios legales para manifestarse, como no fueran las redes sociales, ya que todos los medios los monopolizó el Estado, saturando con su cantaleta a los ciudadanos.

A partir del 24 existe una nueva Constitución, cuyos artículos requerirán de un plazo de veinticuatro meses, para elaborar las leyes que asegurarán su puesta en práctica. Por sus características, deberá ser la Constitución menos longeva en la historia de Cuba, tal vez solo superada por la efímera de Baraguá, que duró tan solo los pocos días, en que Antonio Maceo intentó inútilmente prolongar una guerra ya muerta. Esta trata de extender, al menos en el papel, una revolución fracasada.

En 1944, cuando el Dr. Ramón Grau San Martín asumió la presidencia de la República, se presentó un devastador huracán, que indujo a la prensa a decir que “el nuevo gobierno presagiaba ser tormentoso”. Así sucedió. Ahora, desde que asumió la presidencia el “designado”, se han producido un terrible accidente aéreo, con una única superviviente, intensas lluvias con inundaciones que arrasaron con cosechas, viviendas, carreteras y puentes en el centro de la Isla, un tornado que destruyó parte de las ya destruidas zonas de Santos Suárez, Regla, Guanabacoa y San Miguel del Padrón en La Habana y, por si no fuera suficiente, hasta un meteorito que se fragmentó sobre Pinar del Río. Si existiera la prensa libre, esta hubiera dicho que “el nuevo gobierno presagiaba ser desastroso”. Así ha sucedido. A los fracasos económicos repetidos, al decrecimiento industrial, a la falta de inversiones y al deterioro de los servicios sociales, se une ahora la caída, más temprano que tarde, del régimen chavista en Venezuela, su principal mecenas.

Debido a esto, se han disparado las alarmas y los funcionarios cubanos gastan horas de vuelo recorriendo el mundo, en busca de nuevos socios, que estén dispuestos a “tirar un cabo”, como se dice en el argot popular. Sin embargo, los tiempos han cambiado. Dudo que Europa, con graves problemas en algunos de sus principales países, esté dispuesta a nuevos créditos difícilmente cobrables. Rusia es capitalista, así como las repúblicas que formaron parte de la extinta Unión Soviética, y China y Vietnam asumieron la economía de mercado. En todos ellos se vende pero no se regala y, si otorgan créditos, hay que pagarlos con sus correspondientes intereses. Hasta la cerrada Corea del Norte, que nada tiene para dar, está en conversaciones con Estados Unidos, su histórico enemigo. En América Latina, “el cuartico está cerrado’, con la excepción del indígena aymara, dedicado a despotricar contra el imperio, acusar a la carne de ave de propiciar el homosexualismo y bailar en honor de la Pachamama. Carente de recursos, poco puede ayudar a “su hermano presidente”. México, inmerso en graves problemas en sus fronteras norte y sur y con el narcotráfico, la violencia, los crímenes masivos y la corrupción histórica disparados, carece de tiempo para distraerse con su complicado vecino del Caribe. Las islitas vecinas no cuentan, pues necesitan más recibir que dar. Solo quedan Canadá y Estados Unidos y, el primero, siempre ha coordinado su política hacia la región con el segundo. En definitiva, se impone el diálogo con este último, para poder salir del atolladero y salvar a Cuba, que no significa necesariamente salvar también a su gobierno

Sin embargo, para dialogar, hay que hacer dejación de la guapería barriotera, de la prepotencia pueril, de los dogmas caducos, de la “idiotología” rampante y de las exigencias absurdas. Al diálogo se asiste con dos maletas: una llena para dar y una vacía para recibir.

Quieran Dios y los Orishas que a nuestros dirigentes se les abran las entendederas, obligados por la negra realidad imperante, y piensen en Cuba y en los cubanos, dejando de lado su adicción al poder absoluto. De no ser así, serán consumidos por el fuego de Lucifer y Shangó.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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