Dos pecados capitales

En los sistemas democráticos, las Constituciones se elaboran por una Asamblea Constituyente, conformada por los representantes más preparados sobre el tema, de los diferentes partidos políticos que participan en su elección, cuya cantidad depende de los votos obtenidos según los proyectos presentados. La elección, como es de suponer, la realizan los ciudadanos según sus criterios políticos, económicos y sociales.

En el actual proyecto, la elaboración quedó en manos de una Comisión de 33 miembros, presidida por el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y conformada por miembros del mismo y de diferentes instancias del Estado, todos comprometidos con el proyecto socialista y sus implicaciones, sin ningún tipo de participación ciudadana en la elección de la misma.

Este es el primer pecado capital.

Para tratar de dar la impresión de participación ciudadana, se decidió someter el proyecto, una vez aprobado en primera instancia por la Asamblea Nacional de Poder Popular, donde siempre el voto es unánime, a la consideración ciudadana, mediante Asambleas, donde cada quien podía dar su opinión personal y esta debía ser recogida en el acta correspondiente, sin someter la propuesta a votación entre los participantes. La artimaña es fácil de detectar: sin importar cuántos ciudadanos pudieran estar de acuerdo o en contra de ella, quedaba registrada una sola propuesta ya que, al ya haber sido hecha, no se aceptaba la repetición de la misma.

Este es el segundo pecado capital.

Si las propuestas se hubieran sometido a votación y registrado el número de votos a favor y en contra, se hubiera obtenido un indicador real de la opinión ciudadana y no las cifras y por cientos escuálidos, dados a conocer por el señor Homero Acosta, en la sesión de la Asamblea Nacional donde fue aprobada, también por el voto unánime de sus miembros.

Este mismo señor señaló que “Esta es la Constitución de la Revolución”, y tiene toda la razón: es el testamento político de un fenómeno en extinción. Además, no es la Constitución de todos los cubanos, sino la del Partido Comunista, cuya militancia selectiva no supera el 0,7 por ciento de los once millones de cubanos residentes en la Isla y los casi tres millones residentes en el exterior, todos cubanos.

Aunque no cuestiono ni estigmatizo, como ya están haciendo algunos personeros del régimen, el voto de cada cubano en el próximo referéndum, al ver conculcados, con imposiciones y arbitrariedades, muchos de los derechos políticos, económicos y sociales de los ciudadanos, mi deber cívico es votar “NO”.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Dos pecados capitales

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