Una propuesta indecente

Ahora que el año próximo se celebrará el 500 Aniversario de la Fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana, con el objetivo de ayudar a la recuperación de su identidad, sería saludable restituir a algunas de sus avenidas, calles, calzadas, teatros, cines, centros de salud y docentes, parques, comercios, empresas, museos y otros lugares públicos, los nombres originales y tradicionales, que les fueron cambiados en momentos de sarampión ideológico y de oportunismo político.

Así, regresarían las avenidas de Carlos III y de Dolores, la calzada de Jesús del Monte, el teatro Blanquita, los cines Warner, Radiocentro, Rodi y Olympic, el parque de la Escuela Normal, los hospitales La Covadonga, La Benéfica, La Dependiente, La Balear, los colegios Baldor, Trelles y de los Maristas, La Salle, Belén y Escolapios, el Instituto Edison, las fábricas La Estrella, La Ambrosía, Tropical, Polar y Hatuey y decenas de otras y de centros comerciales.

Haber cambiado los nombres originales y tradicionales por los que fueron conocidos, además de un atentado a la identidad de la ciudad ha sido una falta de respeto para con los habaneros.

Los nuevos nombres, como es lógico, debieron haberse utilizado en las nuevas construcciones o instalaciones de diferente tipo, pero nunca suplantando a los anteriores, enraizados en los ciudadanos.

La calzada de Reina, aunque oficialmente se denomina Simón Bolívar, fue, es y será Reina. Sucede igual con la de Monte, aunque se denomine oficialmente Máximo Gómez, y con otras muchas calzadas, avenidas, calles, establecimientos, etcétera. La fuerza de la costumbre, convertida en tradición e identidad, es mucho más fuerte que cualquier decisión burocrática. Debieran saberlo nuestras autoridades. Quien único ha respetado la identidad de la ciudad ha sido el Dr. Eusebio Leal, Historiador de La Habana.

Por cierto, La Habana se fundó, construyó y desarrolló durante los 440 años correspondientes a la colonia y la República: en los últimos 60 de socialismo tropical se destruyó y se convirtió en la ruina que es hoy. ¡Más claro ni el agua filtrada!

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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