Identidad nacional

El tema de la identidad nacional junto con el de la soberanía y el de la independencia, forman la tríada preferida de la idiotología oficialista. Todos hablan de ellas.

La identidad nacional no es una abstracción ideológica, sino una realidad histórica, que viene dada por la acumulación de hechos y de personalidades desde la época colonial hasta nuestros días, sin artificiales huecos negros ni espacios borrados por conveniencias políticas coyunturales.

En la formación de ella han participado los buenos, los regulares y los malos, los inteligentes y los brutos, los hacendosos y los vagos, los proxenetas, las prostitutas, los ladrones, los mentirosos y las personas decentes de uno y otro sexo. También, los de diferentes criterios políticos, ideológicos, económicos, sociales, sexuales, deportivos y artísticos. En esta amalgama de diferentes se fraguó la identidad nacional.

Nadie ha agredido más la identidad nacional que el régimen establecido en enero de 1959, desarticulando tanto el entramado nacional, como el provincial y municipal, con cambios y transformaciones absurdas, tanto en el plano económico como en el político y social.

Hoy nuestros pueblos y ciudades no se parecen en nada a lo que fueron, sobreviviendo solo los pequeños espacios salvados por los historiadores municipales y provinciales. Se han perdido, o han sido adulteradas, las tradiciones populares, y se ha desmontado toda la estructura económica y comercial, con sus reconocidas fábricas, empresas y establecimientos, desapareciendo la mayoría de ellos o siendo sustituidos sus nombres por otros sin historia ni arraigo popular. Las calles y avenidas no han quedado indemnes de la barbarie ideológica, cambiándoles sus nombres históricos más conocidos, por otros menos importantes o permeados de politiquería barata. Tampoco el arte y el deporte, eliminando figuras imprescindibles, que forman, por derecho propio, parte legítima de la identidad nacional. Así ha sucedido también con la historia, los centros docentes y los de salud.

Un viajero en el tiempo, proveniente del Siglo XIX o de la primera mitad del XX, se encontraría totalmente perdido en la Cuba de hoy, prácticamente sin referencias palpables del pasado y de quienes la construyeron y honraron.

Todo ha sido sustituido por lo acontecido en los últimos sesenta años, engendro surgido del pensamiento caótico y del hacer aún peor, de quienes se erigieron en decisores, apropiándose por la fuerza del poder económico y político, en nombre de una ideología obsoleta y de un sistema fracasado, que han destruido al país, convirtiéndolo en un triste despojo de los que un día fue.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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