Formalismos

Los teóricos constitucionalistas oficialistas, cuando hablan o escriben sobre las distintas Constituciones cubanas, hacen hincapié en que sólo, a partir de la de 1976, “el pueblo, detentador del poder soberano, tuvo oportunidad de expresarse y ser atendido sobre el proyecto de Constitución, de manera directa en consulta o discusión popular y mediante representantes legítimamente establecidos”. En su fundamentación esgrimen cifras estadísticas, como que: “en la consulta popular participaron 6,216,981 personas, quienes formularon 12,883 modificaciones, 2,343 adiciones, 1,022 proposiciones y 84 aclaraciones”.

Todos sabemos, incluidos los teóricos oficialistas, que estas cifras son formales, ya que en realidad la participación popular se produce por inducción colectiva y no como un acto cívico personal, y “las modificaciones, adiciones, proposiciones y aclaraciones” se refieren a aspectos del lenguaje o de expresiones, nunca a cuestiones medulares de contenido. Desde hace bastante tiempo, el cubano perdió el civismo, dejó de ser ciudadano y se convirtió en masa amipulada.

Recuerdo las reuniones sobre el proyecto de Constitución, presididas por un representante del Partido o de algunas de sus organizaciones afines (CTC, CDR, FMC, ANAP y otras), donde este dirigía el supuesto debate y los participantes, para terminar rápido y regresar a sus casas después de un día de trabajo o de estudio, no hablaban y aceptaban todo lo propuesto, bajo el supuesto de que “no había nada que decir, ya que había sido redactado por quienes más sabían de esto”. Así funciona en Cuba la denominada democracia, buscando siempre el máximo consenso con la mano levantada en reuniones colectivas, y no mediante el voto individual y secreto. Presentar como ejemplo de democracia a la Asamblea Nacional del Poder Popular resulta ridículo, ya que representa solamente los intereses de un partido único y del gobierno subordinado a este, donde todos los acuerdos se adoptan por unanimidad, cumpliendo las órdenes recibidas. En ella no existen representantes de las diferentes concepciones políticas, económicas y sociales presentes en la actual sociedad cubana, lo cual le quita legitimidad para hablar y legislar en nombre de los ciudadanos.

Además, plantear que el absurdo acuerdo V-74, que aprobó la Ley de Reforma Constitucional del 26.6.02, que dejó establecido “el carácter irrevocable del socialismo y del sistema político, social y económico y el papel dirigente del Partido único”, estableciendo también “la intangibilidad en cualquier texto constitucional futuro de estos principios”, achacándoselos “a la voluntad expresa del pueblo”, resulta una falta de respeto a las actuales y futuras generaciones de cubanos, así como una pedantería, suponiendo que nada deberá ser cambiado, algo negado por la propia historia de la humanidad. A quién se le ocurre que castrar el futuro desde el presente es algo que prevalecerá y que será respetado.

Imágen: Guitarrista de Adigio Benítez

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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