El peligro de los extremos

Siempre he respetado a quienes evitan las posiciones extremas, las cuales, en definitiva, no conducen a nada bueno aunque, en determinados momentos, puedan ser consideradas correctas.

El Pacto del Zanjón fue una decisión sabia e inteligente, que respondía a la realidad del momento en que se firmó, aunque fuera rechazado por algunos y criticado históricamente por muchos, y sus firmantes señalados despectivamente como “zanjoneros”, obviando todos sus méritos acumulados durante años de lucha.

La Protesta de Baraguá fue una terquedad, que no respondía a la realidad del momento, aunque fuera aprobada por algunos y sus ejecutantes considerados honrosamente por los historiadores. En definitiva, duró solo unos cuantos días y, al final, los “protestantes”, excepto algunas pocas excepciones, aceptaron el Pacto que habían repudiado.

Sin el Pacto de Zanjón hubiera sido imposible la preservación y reconstrucción de las fuerzas que, años más tarde, participarían en la Guerra por la Independencia que culminó en 1898, pues éstas habrían sido diezmadas y sus principales jefes sacrificados inútilmente.

Años después, sin la aceptación por los cubanos más razonables de la Enmienda Platt, hubiera sido imposible el surgimiento de la República, porque las tropas de ocupación norteamericanas no hubieran abandonado Cuba, y ésta se hubiera convertido en un protectorado, sin llegar a constituirse en Nación, independientemente de todo lo malo que se le señale a la misma.

Si en la década de los años 30 hubiera primado la inteligencia y no las ambiciones de grupos, la realidad hubiera sido otra, y el país se habría encaminado más rápidamente por la senda del desarrollo.

Si en la década de los años 50 hubiera triunfado la tesis que planteaba una solución política y no violenta, mediante la lucha armada, nos habríamos evitado estas seis décadas de involución y miseria.

O sea, apostar por los extremos nunca ha sido sinónimo de sabiduría, aunque a algunos les atraiga más el ruido y la algarabía que la sensatez. Sería conveniente que en los días y meses por venir, primara esta última.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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