El mito de la revolución perpetua

Mantener el concepto de “revolución perpetua” conviene a las autoridades gubernamentales porque así, quienes no estén de acuerdo con ellas, no están en contra del gobierno sino de la “revolución”, esa entelequia convertida en mito, y confundida por la mayoría de los ciudadanos con la Nación y la Patria. Es una fórmula primitiva que les ha dado buenos resultados durante sesenta años.

Revolución es simplemente un cambio violento en las estructuras políticas, sociales o económicas de un Estado. Nación es una comunidad humana generalmente establecida en un mismo territorio, unida por lazos históricos, lingüísticos, religiosos, culturales, de tradiciones y económicos en mayor o menor grado. La diferencia entre ambas es notable.

Todas las revoluciones tienen un comienzo y un final, totalmente ajenos a los deseos de quienes las ejecutan: en el caso de las políticas, sociales o económicas, comienzan con el asalto al poder establecido y terminan con la institucionalización del nuevo poder. Son fenómenos efímeros, aunque sus consecuencias y efectos se prolonguen en el tiempo, más allá de sus períodos de vida. La cubana no es una excepción: existió sólo durante la etapa de transición.

Hablar hoy de revolución, como si mantuviera su vigencia, y peor aún de “Gobierno Revolucionario de Cuba”, como muchas veces aparece escrito en declaraciones oficiales, además de referirse a algo que no existe, es ilegal, pues, según la Constitución, lo que ésta reconoce es el Gobierno de la República de Cuba. Tal parece que este absurdo responde a la necesidad, que tienen los “viejos revolucionarios”, de mantener sus “historiales” y defender sus añejas concepciones, sin atreverse a insertarse en el presente.

Son adictos a la palabrita (revolución económica, agrícola, industrial, educacional, cultural y otras), aunque con el tiempo, a pesar de haber tratado de borrar el denominado periodo burgués, cambiando las estructuras políticas, sociales y económicas, y además los nombres de muchos pueblos, empresas, comercios, centros de salud, educacionales, culturales y otros, así como de plazas, parques, avenidas y calles, se hayan convertido en acomodados dirigentes y funcionarios, con niveles de vida superiores a los de los burgueses que tanto combatieron, con la diferencia que los de ellos eran a costa de sus recursos propios, y los de estos son a costa de los recursos del pueblo.

Continuarán llamándose “revolucionarios” hasta el fin de sus días, pero su revolución ya hace tiempo que dejo de existir.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a El mito de la revolución perpetua

  1. Gomez dijo:

    La palabra revolucion es lo unico que les queda,el gobierno esta metido en un callejon sin salida y no saben como salir,unos dicen que son fidel el martes y el miercoles almuerzan en Miami.

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