Una apuesta perdida

Los problemas reales y supuestos que la revolución cubana planteó resolver, como fundamento de su necesidad histórica, después de más de medio siglo de ejercicio del poder absoluto, muchos no han sido resueltos, la mayoría se han agravado y han surgido otros que entonces no existían.

La falta de viviendas, las miles de familias viviendo en condiciones precarias y de hacinamiento, y las también miles albergadas en locales inadecuados, constituyen una clara demostración de su fracaso. El transporte público insuficiente e ineficiente, incapaz durante años de cubrir las necesidades mínimas de la población, y los pésimos servicios públicos de todo tipo y su falta de estabilidad, muestran otra cara del fracaso. Si a esto agregamos la pérdida de importantes producciones agrícolas, la obsolescencia del fondo industrial, su no renovación y la falta de inversiones importantes, más la improductividad generalizada, la situación se torna caótica.

Lo político y lo social tampoco han alcanzado lo prometido, manteniéndose la falta de libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos, así como los bajos salarios y pensiones, una discriminación racial y de género solapadas, violencia callejera y familiar, mala educación, actitudes antisociales, drogadicción, corrupción e irrespeto hacia la fauna y la flora.

La culpa de este rosario de calamidades siempre se le ha echado al “embargo”, pero ni siquiera cuando no se hablaba de él y se disfrutaba de la enorme subvención soviética, estos problemas tuvieron mejoría ni mucho menos fueron resueltos. Entonces, los abundantes recursos se dilapidaban en guerras ajenas, insurgencias financiadas, absurdos planes faraónicos fracasados y otras veleidades aventureras.

El Estado socialista y sus dirigentes, aunque abusen de la retórica revolucionaria, han demostrado fehacientemente en Cuba, que el sistema no funciona y que resulta impracticable, tal y como también sucedió en los restantes países socialistas, que erróneamente apostaron por él.

Proponer “un socialismo próspero, eficiente, sostenible, soberano, independiente y democrático” es proponer una negación, y no constituye más que otra utopía para engatusar a los ciudadanos y detentar el poder un tiempo más, sabiendo que, al final, fracasará, como ha sucedido hasta ahora. El socialismo, tal vez atractivo en teoría, en la práctica es un fracaso. Apostar por él, en cualquiera de sus formas, es asegurar perder.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Una apuesta perdida

  1. Gomez dijo:

    Lo doloroso es que no se sabe cuanto durara esta locura.

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