Elevados impuestos

Para ningún cubano constituye un secreto que su gobierno es incapaz e ineficiente: 58 años de fracasos lo demuestran.

Con el surgimiento del trabajo por cuenta propia, las autoridades han descubierto un filón para llenar las arcas del Estado, sin tener que dedicar recursos ni trabajo para ello: los impuestos.

Han inventado impuestos de todo tipo (y los continúan inventando) para esquilmar a estos ciudadanos, que han decidido trabajar por su cuenta, sin depender del Estado.

El reciente aumento de los impuestos para la compra-venta de viviendas responde a ello. Se habla de aumentos también en otras actividades, y ahora se anuncia el invento de un contrato entre los arrendatarios de habitaciones a turistas con Salud Pública, para atender a los que enfermen o necesiten atención médica, todo, como es lógico, a cuenta del cuentapropista, independientemente de que todo viajero lo hace con su seguro de vida. Nunca, en la historia de Cuba, ha existido un gobierno más depredador con sus ciudadanos que éste, incluyendo los de la etapa colonial.

Nadie niega la necesidad de los impuestos, como una contribución al sostenimiento del Estado y de sus servicios sociales, pero se supone que éste cree riquezas y no que viva, principalmente, a costa de ellos. Además, en Cuba, no existe un organismo o autoridad que ejerza, en nombre de los ciudadanos, el control de los gastos del Estado. La denominada Contraloría General de la República no ejerce esta función sobre el Presidente ni los Vicepresidentes, sino solo de Ministro para abajo.

Según se ratificó en la última Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional, “no se permite ni permitirá la acumulación de la propiedad ni de riquezas por los ciudadanos”. Esta parece ser una prebenda sólo para determinadas figuras, algo que siempre ha existido dentro de “la nueva clase” existente en los países socialistas, fenómeno que se manifestó en todo el Este de Europa, como es más que conocido. Cuba no es la excepción de la regla, sino una confirmación más.

Para suerte de los ciudadanos, las leyes las hacen los hombres y, cuando estos desaparecen, la mayoría de las veces cambian también las leyes. Nada es eterno. Creer lo contrario demuestra falta de inteligencia.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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