El salario a debate

El asunto de los salarios siempre fue un tema tabú para las autoridades cubanas, del cual estaba prohibido hablar, so pena de ser acusado de ingrato al poder establecido y hasta de cómplice del imperio. La permanencia de bajos salarios se argumentaba por la existencia de sistemas de salud y de educación gratuitos, soslayando que en realidad nunca lo han sido, ya que han estado financiados con creces por el dinero que cada ciudadano ha dejado de recibir, por el trabajo realizado durante su vida laboral.

De un tiempo acá, ante las dificultades económicas en crecimiento, el tema ha sido planteado constantemente por los trabajadores, y hasta ha obligado a los sindicatos gubernamentales a tener que tratarlo en sus reuniones. Sin embargo, la respuesta de las autoridades y de sus funcionarios es que, para aumentar los salarios debe elevarse primero la producción, un enfoque absurdo y falso, pues está más que demostrado, y ha sido aceptado y aplicado exitosamente en muchos países, que para elevar la producción primero hay que aumentar los salarios, para que éstos sirvan de estímulo a la anterior.

Mientras nuestras autoridades no cambien su manera esquemática de pensar, y pretendan continuar enfrentando los problemas con formas y métodos obsoletos y fracasados, será muy difícil comenzar a resolver la crisis económica, política y social actual. Cada día son más necesarias soluciones frescas y novedosas, más acordes con los tiempos en que vivimos, dejando atrás el voluntarismo, el dogmatismo y todos los “ismos” que han caracterizado estos años de mal gobierno, responsables directos de nuestro atraso e involución.

El aumento de los salarios constituye una necesidad de sobrevivencia para la mayoría de las familias cubanas y, además, redundará en un aumento de la producción de bienes y en una mejoría de los servicios. De no realizarse en un corto plazo, se agravará la actual crisis y, como resultado, se incrementarán las tensiones sociales, lo cual no beneficiará ni a los ciudadanos ni a las autoridades.

El falso mito de que “gobierno y pueblo” son una misma cosa, cada día demuestra más su falsedad, al aparecer contradicciones de todo tipo entre uno y otro. Aplastadas durante años por la retórica populista y la represión, hoy surgen ante las exigencias de las nuevas generaciones que, a pesar del discurso oficialista y del accionar de las organizaciones gubernamentales de todo tipo, exigen cambios y nuevas formas de gobierno y de sus relaciones con él. El Estado “paternalista”, desgastado por sus fracasos y el tiempo, no interesa a nadie y, tal vez, ni a sus propios gestores.

Debido a esta realidad, resultan irónicos los titulares de la prensa oficialista sobre la celebración del próximo primero de mayo, donde todos sabemos que no aparecerá esta demanda de los trabajadores cubanos.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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