El absurdo 10 por ciento

En cualquier restaurante y algunas cafeterías de La Habana, sean estatales o privados, a la cuenta de su consumo “se le adiciona un 10% por los servicios”, según reza un letrerito en español e inglés impreso en letras pequeñas en la carta. O sea, los precios de los platos son falsos, pues al final cuestan un 10% más que lo que dicen costar. El engendro, de tan extendido, constituye una verdadera epidemia.

¿Por qué existe aquí, cuando no está presente en ningún país y constituye un motivo de asombro y de molestia para nosotros y para quienes nos visitan?

Durante la República nunca existió. Si a usted le satisfacía lo que le ofertaban y salía satisfecho por el servicio, voluntariamente dejaba una propina, como estímulo al responsable de atenderlo y, a veces, hasta al cocinero. Esto es lo que se practica actualmente en el mundo.

El engendro surgió a partir de 1959, cuando un “inteligente” y preocupado Ministro de Comercio Interior de apellido Luzardo, entendió que la propina constituía una ofensa al trabajador gastronómico que la recibía, debido a que en el socialismo era su deber prestar un buen servicio a sus “hermanos trabajadores”, sin ningún tipo de recompensa por encima de su salario, y decidió abolirla. Ante la protesta de los gastronómicos, pues en ese momento era más lo que recibían como propinas que el salario fijo, salomónicamente estableció el 10% obligatorio sobre el consumo, el cual se repartiría entre todo el colectivo del establecimiento a partes iguales. El resultado no pudo ser peor: mala calidad de la oferta y pésimo servicio, convirtiéndose el cliente en un maltratado usuario.

El engendro estatal, con la reaparición de los establecimientos privados, se trasladó mecánicamente a los mismos y hoy se encuentra generalizado, con el agravante de que, quien le sirve, cuando trae la cuenta, que ya viene cargada con el absurdo 10%, espera sonriente su propina.

Hasta ahora muy pocos administradores estatales y dueños de negocios privados han tenido la valentía de eliminarlo, prefiriendo mantener esta fuente absurda e injusta de obtener ganancias extras a costa del bolsillo de sus clientes.

Yo, al menos, cuando puedo asistir a un restaurante o cafetería donde se aplica, no dejo ninguna propina, ya que considero que me la están cobrando obligatoriamente, independientemente de la oferta y del servicio prestado, aunque quien me atiende me mire extrañado y hasta me tache de tacaño. ¡A una, otra!

Anuncios

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El absurdo 10 por ciento

  1. Dayron Paz dijo:

    En Miami te le agregan hasta el 18% de precio de la cuenta como propina, que de esa manera se convierte en obligatoria.
    No veo la diferencia con Cuba…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s