Los “empresarios salvajes”

Los pocos restaurantes estatales que ofrecen variedad y calidad en sus ofertas y, además, buen servicio, tienen precios elevados, totalmente inaccesibles para el ciudadano medio. Platos de 10, 12 y más CUC, emparedados de 5 CUC, guarniciones de 2 CUC, postres de 3 y 5 CUC, cervezas nacionales de 1.50 y 2.50 CUC y refrescos, también nacionales, de 1 y 1.20 CUC. El fenómeno se repite en los establecimientos privados. Habiendo comenzado, muchos de ellos, con precios más o menos accesibles, buena calidad en sus ofertas y también buen servicio, gradualmente los han ido elevando en un 50 y hasta un 100%. Así, platos que costaban 3 CUC ahora valen 5 y los que costaban 5, ahora valen 7, 8 y más. Con las bebidas sucede peor: una cerveza nacional que, como máximo les cuesta 1 CUC, la ofertan a 1.50, 1.65, 2 y 2.50 CUC, un refresco nacional, que les cuesta 0.55 CUC, lo ofertan a 1 ó 1.20 CUC. De los vinos y bebidas fuertes es mejor no hablar, ya que los por cientos de ganancias son siderales. El mismo aumento se aplica a los postres, los cuales no bajan de 1.50 CUC, y los hay hasta de 3 y 5 CUC, siendo sólo simples cuñas de alguna torta.

Estos nuevos empresarios olvidaron la clásica fonda cubana, donde se comía bien y con precios económicos, y sólo aspiran a hacerse ricos de la noche a la mañana, a costa de exprimirles el bolsillo a sus clientes.

Es verdad que Cuba es hoy un mercado difícil, depreciado y envilecido, donde proliferan muchos nuevos empresarios de “cuchillo en mano”, dispuestos a despellejar a quienes se les pongan delante, pero esto, necesariamente, cambiará y deberán prevalecer aquellos honestos y responsables que, obteniendo ganancias razonables, oferten calidad y buenos servicios, y se ganen la estima y la fidelidad de sus clientes. Esto, sin lugar a dudas, les dará nombre y prestigio a sus establecimientos, así como les aportará ganancias.

El Floridita, Monseñor, El Castillo de Farnés, La Zaragozana, La Bodeguita del Medio, El Emperador, Europa, El Centro Vasco, Rancho Luna, El Polinesio, Mandarín, Hong Kong, Wakamba, La Cibeles, América y otros muchos restaurantes y cafeterías no fueron famosos precisamente por sus altos precios, sino por la calidad de sus ofertas y magnífico servicio, donde se establecía una relación de respeto entre los dueños y sus clientes. Es algo que deberían tener presente los nuevos “empresarios salvajes”.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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