El número mágico

En el año 2016, el número “90” ha tenido una importancia principal para las autoridades gubernamentales cubanas. Desatada la histeria del culto a la personalidad, resulta que, desde diciembre del 2015, se ordenó a los organismos e instituciones dedicar “absolutamente todas sus acciones” a este número mágico, por representar los años a cumplir por el “anciano máximo líder” en el mes de agosto.

Nunca antes en la Historia, la celebración de un onomástico se ha extendido tanto tiempo, una originalidad del “socialismo a la cubana” que, de seguro, deberá formar parte de los records Guinness.

En honor a los “90”, los trabajadores forestales han sembrado noventa cedros, el Archivo Nacional ha organizado la exposición “Noventa imágenes de una vida”, la feria “Arte en La Rampa” se dedica a ellos y expone “Soldado de las ideas”, la Unión de Jóvenes Comunistas tiene “90 razones para soñar”, conmemorarlos es tarea principal de los sindicatos, los cantantes les dedican noventa canciones, los músicos noventa guitarras, los bibliotecarios, noventa libros, los niños, noventa sonrisas, los ancianos, noventa aplausos y así hasta el aburrimiento.

Imbuido de tal “celebración nacional”, sugiero que, en lo que resta del año, el Ministerio de Salud Pública se proponga alcanzar los 90 casos de Zika, la Comisión Nacional de Viabilidad y Tránsito, llegar a los 90 accidentes, Acopio del Ministerio de la Agricultura, dejar de recoger 90 toneladas mensuales de viandas cosechadas, la Empresa de Ómnibus Urbanos, mantener diariamente 90 equipos fuera de servicio, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, asegurar 90 salideros en cada acueducto, las Administraciones Municipales del Poder Popular, mantener 90 baches activos, la Empresa Eléctrica, producir 90 apagones y la Ciudad de La Habana, no bajar de 90 derrumbes mensuales.

Pudieran haber muchas más iniciativas: la “importancia” de la fecha las merecen. Quienes ordenaron esta demencial conmemoración olvidaron que, en publicidad, cuando el “mensaje” satura al receptor, se logra un efecto contrario: el rechazo. Es lo que está sucediendo.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a El número mágico

  1. jose dijo:

    no me sorprenderia que al Comandante Perpetuo lo traten de elevar a la condicion de Dios Viviente y le construyan un Mausoleo para eternizarlo,hasta quiza lo momifiquen cuando muera ,para eso si habrian recursos aunque la Habana se caiga a pedazos,es demencial como bien dices

  2. Yahima dijo:

    Un absurdo más de Cuba y su dictadura. Todas son iguales. Me parece que a cada rato leo lo mismo de Corea del Norte.

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