Una camino sin salida

Venezuela, históricamente, ha sido un país de dictadores, tal y como otros de América Latina: lo fue Simón Bolívar, independientemente de sus méritos como Libertador de América del yugo español, y después lo han sido los hermanos Monagas (1846-1858), Guzmán Blanco (1870-1888), Cipriano Castro (1899-1908), Juan Vicente Gómez (1908-1931), Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez (1950-1958), Hugo Chávez y ahora, en proceso de aprendizaje, Nicolás Maduro.

Su pedantería, tratando de ser el continuador “designado” por Chávez, la pérdida acelerada de apoyo popular, el triunfo inobjetable de la oposición, logrando la amplia mayoría en la Asamblea Nacional, el entorpecer sistemáticamente su funcionamiento y, ahora, la abrumadora cantidad de firmas recogidas para proceder al referéndum revocatorio de mitad de mandato, más sus fracasos económicos, lo han puesto histérico, inventando conspiraciones, guerras económicas, intervenciones y otros dislates, sacados de su mente febril y de las de quienes lo orientan dentro y fuera del país. Por algo Mujica dijo “que estaba más loco que una cabra”.

A esto se agrega que el entorno que lo rodea no le es nada favorable: Argentina sin Cristina y con Macri, Brasil sin Dilma y con Temer, Evo sin poder reelegirse, Correa dedicado responsablemente a la recuperación de su país después del terremoto y Cuba cada vez peor.

Por si no fuera suficiente, las instituciones y organismos creados por la izquierda latinoamericana (UNASUR, ALBA, CELAC y otros) en sus años de esplendor, para apoyarse mutuamente y mantenerse en el poder, desconociendo los existentes anteriormente, andan de capa caída, al haber perdido sus principales fuentes económicas de sostenimiento, y muy poco han podido hacer, no pasando de algunas declaraciones genéricas, más formales que reales, para dar a entender que aún respiran, aunque se encuentran en terapia intensiva.

Maduro culpa a la oposición, al “imperio”, a la OEA, a Uribe y a cuántos lo critican de los problemas de Venezuela, pero olvida que éll y el chavismo son los máximos culpables. Con Maduro y quienes lo sostienen en el poder, Venezuela no saldrá de la crisis política, económica y social en que se encuentra.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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2 respuestas a Una camino sin salida

  1. Gomez dijo:

    Pronto veremos a los chavistas habriendo trincheras como se hizo en Cuba,despues vendran las lluvia y los mosquitos.

  2. jose dijo:

    Estimado Damaso ,coincido con tus con tus comentarios pero quisiera agregar que todo ese desastre que se vive en Venezuela se debe en gran medida a la nefasta influencia que ha ejercido la ”Revolucion Cubana” y las directrices del el Perpetuo y Vigilante Comandante,no solo alli sino en toda A. Latina,a travez de casi 6 decadas

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