Entre transfusiones

Que el Partido Comunista de Cuba está enfermo, no es noticia. Previo al VII Congreso se ha desatado una campaña de “transfusiones” para tratar de restablecerlo: fragmentos enmarcados de viejos discursos que hablan de él en la primera página de “Granma”, artículos de opinión y hasta de corte editorial sobre el mismo tema y, por último, uno con el sugerente título de “Sin el Partido no podría existir la Revolución”. Es verdad, sólo que la “revolución” es un proceso que se prolonga por un tiempo limitado y nunca es eterna ni dura 57 años. La cubana se extendió, más o menos, hasta los años 1975-76, cuando se institucionalizó el país. A partir de ahí, hubo simplemente un gobierno, el Gobierno de la República de Cuba. Lo de seguir denominándolo “revolucionario” no es más que una “adicción ideológica”.

Con la desaparición de la revolución, el Partido ha ido perdiendo importancia y hoy no interesa a los jóvenes, los adultos lo soportan por conveniencia oportunista y muchos viejos por inercia.

Su gran problema es que nunca ha aceptado los errores que ha cometido ni ha pedido perdón al pueblo cubano por ellos. Trata de mantener su actitud triunfalista, hablando de “logros” y “éxitos” que muchas veces no son tales, sino el resultado de sus “meteduras de pata” previas. Así, por ejemplo, habla de haber dirigido al pueblo en la lucha contra los errores en la economía, pero no dice que es el responsable máximo de estos errores. Tampoco habla de su responsabilidad en la persecución a los que piensan distinto, a los homosexuales y a los religiosos, de la creación y mantenimiento de las UMAP, de los planes agrícolas disparatados que destruyeron la agricultura y la ganadería, del envío de cubanos a participar en “guerras ajenas”, de las muchas prohibiciones mantenidas durante años, del control de la información, de los mítines de repudio, de las golpizas a los ciudadanos, de las arbitrariedades judiciales, de los fusilamiento injustos y de muchos excesos más.

A pesar de toda la propaganda desatada, el PCC es hoy un organismo tan viejo como sus “dirigentes históricos”, aquejado por los mismos achaques del paso del tiempo, los cuales son imposibles de evitar. Si pretende sobrevivir, tendrá que renovarse totalmente, dejando de lado su dogmatismo y fanatismo, y adaptarse a los nuevos tiempos, que ya no parecen ser de rencores y odios ancestrales acumulados, sino de respeto y de convivencia. Al menos, eso es lo que interesa a las nuevas generaciones, cansadas de tanta palabrería hueca y de tanta miseria acumulada y falta de esperanza real.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Entre transfusiones

  1. gomez dijo:

    La palabra transfucion me recordo la pelicula Vampiros en la Hanana,asi deberia llamarse el congreso del Partido,Vampiros en la Habana.

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