Vamos a hablar claro

Después del papelazo del béisbol cubano oficialista en la reciente Serie del Caribe, más el mal estado de los ocho equipos que participan en esta etapa de la Serie Nacional, los cronistas deportivos del “patio gubernamental” no se ponen de acuerdo en cómo resolver la catastrófica situación, y hasta hablan y escriben con nostalgia sobre los buenos tiempos en que “éramos respetados e invencibles”, olvidando que entonces nuestros peloteros profesionales (cobraban sus salarios por jugar béisbol) competían contra estudiantes universitarios y verdaderos amateurs, en una suerte de “león a mono amarrado”. En los equipos que enfrentaban no había profesionales de ningún país, ni de la Doble A, Triple A o Grandes Ligas de los Estados Unidos. Todo fue una gran mentira bien sazonada, que sirvió para engañar a nuestros fanáticos y hasta a algunos de otros países que se la creyeron, y hacer propaganda política sobre las supuestas ventajas del “deporte revolucionario”, frente al rentado y comercial.

Esto no significa que no existieran individualidades, como en todos los países que lo practican, que hubieran hecho un buen papel en las Grandes Ligas: unos se decidieron, se fueron y lo lograron, y hoy son reconocidos internacionalmente, y otros optaron por quedarse y, después de repetirse en múltiples Series Nacionales o integrar algún equipo Cuba, les ha tocado vegetar con más penas que glorias, sin importancia en el “béisbol de verdad”.

Desde que se erradicó “oficialmente” el profesionalismo en Cuba, el béisbol y otros deportes, entre ellos el boxeo, han ido de mal en peor. Sucede con el primero, donde nunca hemos sido los mejores, y también con el segundo, donde nuestros boxeadores se desgastan en su propia salsa, sin competir en verdaderos campeonatos mundiales por los cinturones en las diferentes divisiones, a no ser que abandonen el país, siendo tachados entonces de traidores y otras tonterías similares. Para nadie es un secreto que en la actual Serie Mundial de Boxeo (WSB) de la AIBA, donde algunos de los nuestros participan, no compiten los mejores boxeadores de los países que la integran.

Si queremos avanzar en estos deportes y en otros, debemos abandonar la “pureza chovinista” de que nuestros equipos sólo los integren deportistas residentes en la Isla, y permitir que la integren otros que residan fuera y, más aún, hasta deportistas de otros países, al igual que queremos que los nuestros lo hagan en ellos. Esto enriquecería el deporte nacional y elevaría su calidad.

Al mal estado actual se agregan otros factores internos, como estructuras organizativas sobredimensionadas, pésimo trabajo en la base, falta de masividad real, métodos obsoletos de muchos de nuestros entrenadores y priorizar la política sobre todos los demás factores. O sea, hay bastante tela por donde cortar.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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