Dos verbos malditos

Prohibir y perseguir han sido dos verbos ampliamente utilizados por las autoridades cubanas desde su acceso al poder, hace ya la friolera de cincuenta y seis años

Desde los primeros meses se prohibieron los partidos y las organizaciones políticas, las opiniones públicas y la prensa libre, el ejercicio de los oficios y las profesiones fuera del control estatal, la práctica pública de las religiones, la educación y los servicios de salud privados, las empresas y negocios particulares y todo lo que afectara al régimen totalitario que se estaba instaurando .Para lograrlo, se persiguió el surgimiento de todo lo que atentara contra él.

Por prohibir, se prohibió hasta la salida libre del país, los viajes privados al exterior, el acceso de los cubanos a los hoteles, tiendas y otros centros sólo para extranjeros, el poseer divisas, la compra y venta de viviendas y automóviles, pescar en la plataforma insular, la libre comercialización, por los campesinos, de los productos que cosechaban o producían y hasta el crear por los artistas, quienes debían hacerlo siempre “dentro de la revolución”.

Las víctimas de esta megalomanía prohibitiva se cuentan por miles y los daños causados al país, por billones, muchos más que los achacados al bloqueo (embargo) norteamericano. Quienes hemos vivido estos absurdos cotidianos, podemos dar fe de ello.

Por perseguir, se ha perseguido todo, bajo el “principio totalitario” de que “todo lo que no está debidamente autorizado, se encuentra prohibido”. Para ello se han creado voluminosos órganos de persecución. Se persigue lo mismo al disidente político, que al intermediario comercial, al vendedor ambulante que al dueño de un restaurante o cafetería debidamente establecido. El problema consiste en perseguir, para mantener el terror que provoca sometimiento. No resulta un acto fortuito.

Aún hoy, cuando se han eliminado algunas absurdas prohibiciones, se han incrementado las persecuciones. No podía ser de otra manera: es la única forma de mantener un tiempo más un sistema fracasado económica, política y socialmente.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Dos verbos malditos

  1. delarosa dijo:

    Teniedo yo 10 o 11 años mandaron a buscar a mis padres de la escuela por que tenia el pelo largo,mi pelo pasaba el cuello de la camisa,con esa edad me gustaba el rock y mi mama me llevo al barbero y me hicieron un pelado muy bonito y moderno,por lo que mis padres se negaron a cortarme el pelo.

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