Respeto mutuo

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos ha sido recibido con beneplácito por la mayoría de los cubanos, tanto de dentro como de fuera. Aunque sólo significa un primer paso en la solución del diferendo entre los dos gobiernos, sienta las bases para el logro de una convivencia normal entre ambos vecinos, cercanos tanto geográfica como históricamente. Durante el proceso de solución de este diferendo, es de esperar que también se den pasos en la solución del otro diferendo: el existente entre los cubanos y su gobierno.

Como es de suponer, existen quienes no están de acuerdo con este primer paso, lo rechazan y harán tolo lo posible por hacerlo fracasar. Estos personajes se encuentran tanto dentro de los gobiernos de los dos países, como en la oposición interna y externa. Han sido, para algunos, demasiados años al amparo de este diferendo, y les cuesta trabajo renunciar a lo que se ha convertido en un modo de vida. Me refiero a personajes gubernamentales, que han hecho sus carreras aprovechándose del mismo, disfrutando de prebendas, sin carencias, escaseces ni período especial, y también a algunos opositores que, aunque pasando bastante trabajo, se han beneficiado de él, mediante protagonismo mediático, ayudas económicas y uno que otro viaje al exterior. También ha sucedido con algunos políticos cubano-americanos, tanto demócratas como republicanos. Esta es una realidad tan conocida que no se puede obviar.

Quienes apostamos por el cambio y tenemos como principal objetivo el bien de Cuba y el de todos los cubanos, sin ningún tipo de diferencias ni de exclusiones, estamos llamados a luchar por vencer los obstáculos que, sin lugar a dudas, aparecerán, y hacer avanzar este proceso.

Llama la atención que, en los últimos días, en la prensa y en la blogosfera oficialista, hayan aparecido algunos artículos que, en lugar de propiciar el entendimiento y las buenas relaciones, tratan de echar leña al fuego de las desavenencias, recordando momentos difíciles de la historia cercana, donde el único culpable, con o sin evidencias, continúa siendo el gobierno norteamericano, y Cuba sigue interpretando el papel de víctima inocente: parecen estancados en el cuento de El Lobo y Caperucita Roja.

Si se pretende realmente tener buenas relaciones con nuestro vecino, el lenguaje de barricada y barriotero, utilizado durante tantos años debería comenzar a variar: el respeto, para ser efectivo, debe ser mutuo.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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