Farol de la calle.

Foto Rebeca

Llama la atención la exagerada preocupación que muestran las autoridades cubanas por la protección del medio ambiente en el mundo. Declaraciones y denuncias llenan los espacios informativos oficialistas, y se asegura la participación en todos los eventos que las Naciones Unidas organizan sobre el tema.

Es una lástima que igual preocupación no dediquen a solucionar los graves problemas ambientales existentes en el país. La ciudad de La Habana es un muestrario de ruinas acumuladas, calles y aceras destruidas, edificaciones en estado de coma listas para venirse abajo, suciedad por doquier, aguas albañales de alcantarillas desbordadas, salideros en las redes del acueducto, animales abandonados enfermos y desnutridos, ratas y ratones a montones e insalubridad generalizada. En otras ciudades y pueblos del país se repite el muestrario.

Se puede, como es habitual, continuar echándole la culpa al embargo y a la falta de recursos, pero ya va siendo hora, después de cincuenta y seis años de repetir lo mismo, de aceptar la incapacidad manifiesta para resolver los problemas creados, los cuales no existían anteriormente. Ni La Habana, ni nuestras ciudades y pueblos eran sucios, insalubres, ruinosos, con calles y aceras destruidas y alcantarillados colapsados. Al contrario, constituíamos un ejemplo para muchos países del mundo.

Cuando los alcaldes y los concejales, que por lo general eran originarios del lugar, regían los destinos de los municipios y disponían de una parte importante de los recursos que éstos generaban, se resolvían los problemas, porque si no lo hacían, no eran reeligidos para los cargos. Todos los inventos posteriores, desde los comisionados hasta los presidentes de las administraciones municipales y provinciales del Poder Popular, han fracasado, simplemente porque ninguno de quienes dirigen son líderes naturales comunitarios, sino simples funcionarios designados, sin ningún tipo de raíces con sus pobladores. El caso de Manuel Fernández Supervielle, aquel alcalde de la ciudad de La Habana, que por no poder cumplir su promesa de resolver el problema del abasto de agua a la ciudad se suicidó, es impensable en estos tiempos.

Promesas van y promesas vienen, funcionarios también van y vienen sin que nadie los recuerde, pero los problemas se mantienen sin solucionar y, con el tiempo, aumentan. La responsabilidad se demuestra, no trabajando en la conmemoración de una determinada fecha histórica sino del día a día de cada ciudadano. Cuando esto se logre, comenzaremos realmente a movernos hacia delante, abandonando esta marcha atrás histórica, que parece haberse posicionado en nuestro país.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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3 respuestas a Farol de la calle.

  1. Joel dijo:

    Precisamente esa es una característica del régimen cubano, fijarse siempre en los problemas de los demás, criticar lo mal hecho que hacen otros, despotricar de lo que hacen determinados gobiernos, grupos políticos o instituciones pero nunca hablar de sus propios errores ni de las deficiencias y los disparates que ellos mismos cometen. Con esa táctica, inteligentemente se quitan los ojos de arriba, desvian la atención de los ciudadano, los cuales se consolan siempre diciendo que hay otros peores que nosotros. Y aunque nos parezca mentira, el juego le ha funcionado muy bien a la dictadura, aunque el país se está cayendo a pedazos por su pésima e ineficiente gestión, muchos creen que realmente “afuera” están peores que ellos. Por su puesto que el régimen logra su objetivo por el control absoluto que ejerce sobre la sociedad en general, principalmente de los medios de información y de difusión masiva, esto le permite manipular y tergiversar la realidad a su antojo. Por suerte ningún regímen de éste tipo ha perdurado por mucho tiempo; y éste no será la excepción. La verdad siempre saldrá a la luz.

  2. lunajuanluna dijo:

    un dia del 1959 llego a mi pueblo el capitan fiallo. bajo con un grupito de revelde y yo di un salto de alegria, por que se acabo la guerra, y llego la paz, pero alos pocos dias comenso unapesadilla que nunca he podido olvidar. llegaron los fusilamientos masivo, rapido y la revista bohemia y el mundo hablava de eso todos los dia.luego otros fusilamiento, recuerdo que el gobierno llevava a los trabadores al teatro frente a la terminal de omnibu de la habsn haber el fusilamiento del espia francicsco, de pinal del RIo, como para intimidar y que no se repita eso mas hoy 56 anos despues diera el salto mas grande de mi vida si viera triumfar una verdadera revolucion .con plena libertad, para hablar protestar, elejir mi candidato, mi presidente, y ver a un abogado defendiendo. un ciudadano. con todo el derecho que lay le permite actuar. yo diera ese salto. y todos los dia se lo pido adios, y st judas tadeo.por una cuba realmmente libre

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