Ni blancos ni negros, cubanos

Foto Rebeca

Ni blanca ni negra, Cuba es mestiza, aseveran algunos investigadores e intelectuales del país, desde hace algún tiempo. La declaración parece responder a una intención eminentemente política: incorporarse al actual mestizaje latinoamericano, tan de moda entre nuestros populistas. Esta tendencia, promovida por las autoridades y algunas personalidades afines, en lugar de situar objetivamente la influencia africana en la formación de la nacionalidad e identidad cubanas, pretende sobrevalorarla en detrimento de la española, raíz original de las mismas. Para ello, durante muchos años, se han venido apoyando y promocionando oficialmente sus manifestaciones, tanto en las artes como en la religión, con el objetivo de presentarlas como lo genuinamente cubano.

El llevado y traído asunto de las razas tiene muchas aristas y, por tanto, variadas interpretaciones. Martí afirmaba que no existían y, sin embargo, escribió sobre los diferentes habitantes que poblaban las distintas regiones del planeta, señalando sus características peculiares, tanto positivas como negativas y, en la práctica, diferenciándolos. Su romanticismo humanista iba por un lado y la realidad por otro. En época más reciente, nos enviaron a África a combatir contra el colonialismo, para saldar una deuda histórica con los habitantes de ese Continente, traídos a Cuba como esclavos, según se nos dijo. O sea, aceptamos que ellos por sí solos no podían liberarse y, nosotros, de alguna forma considerándonos superiores, acudimos en su ayuda, aparte de los intereses políticos hegemónicos reales, que constituyeron la verdadera razón de nuestra presencia, a favor de uno de los bandos en pugna, durante la denominada Guerra Fría.

Sin caer en extremismos absurdos, hablando de razas superiores e inferiores, en realidad existen diferencias de todo tipo, entre los habitantes históricos de unas regiones y de otras. Ocultarlo o tergiversarlo no ayuda a nadie. Unas etnias se han desarrollado más que otras y han aportado más a la humanidad, y aún lo hacen. No por gusto se habla de un Norte desarrollado y de un Sur subdesarrollado, y en ello no sólo ha influido la explotación de unos por otros, como gustan de argumentar, tanto la izquierda carnívora como la vegetariana y sus seguidores. Hay quienes, con su talento y trabajo, son capaces de producir riquezas, y a quienes les es más difícil y sólo generan miseria.

En Cuba, la población originaria vino del norte de Suramérica y se expandió por las Antillas. Después llegaron los españoles y, más tarde, los negros, los chinos, los árabes, los franceses, los japoneses y los representantes de otras naciones del mundo, trayéndonos sus costumbres, características, tradiciones, virtudes, defectos y culturas que, en un gran ajiaco (nunca en una caldosa), formaron la nación cubana. Durante muchos años los blancos fueron mayoría, seguidos por los mestizos, los negros y los denominados amarillos (en 1953, los blancos eran el 72,8%, los mestizos el 14,5%, los negros el 12,4% y los amarillos el 0,3% de la población).

A partir del año 1959, con el masivo éxodo de la población blanca y amarilla, que se asentó principalmente en los Estados Unidos, y el aumento de los nacimientos dentro de la población negra y mestiza, más los de las diferentes mezclas raciales, sus por cientos se incrementaron dentro del país, no sucediendo así con los cubanos que habitan en el exterior, quienes son mayormente blancos. Obviarlos estadísticamente constituye tanto un error demográfico como político, pues son tan cubanos como los que radican en el territorio nacional, muchas veces con costumbres, tradiciones y cultura más enraizadas. Cuba es blanca, mestiza, negra y amarilla y mucho más, pero ante todo, es Cuba. ¿A quién beneficia políticamente esta extemporánea definición de una Cuba mestiza? ¿Qué se persigue con ella? ¿Dividir aún más a los cubanos?

Resulta un absurdo que, después de años adoctrinando a la población sobre la no existencia de las razas (Dígase hombre y se habrá dicho todo), y de no tenerlas en cuenta al elaborar y publicar estadísticas, ahora aparezca esta extraña aseveración, la cual a nadie interesa ni preocupa, dedicados todos, blancos, mestizos, negros y amarillos, a tratar de sobrevivir dentro de un sistema que ha sido incapaz, durante más de 56 años, de resolver los problemas de los ciudadanos. Para nadie resulta un secreto, que es precisamente la población negra y mestiza, la más afectada por la crisis económica y social y, además, la más discriminada por las autoridades, a pesar de los discursos, de la propaganda y del 30% establecido, como presencia dentro de las organizaciones políticas y gubernamentales. Con excepción de los que se dedican a la práctica de los deportes y a actividades artísticas, los negros y mestizos son los más pobres, los que detentan los peores trabajos, los que menos terminan estudios universitarios, los que viven en más precarias condiciones, muchas veces rayando con la marginalidad, y los que llenan mayoritariamente nuestras cárceles y establecimientos penitenciarios.

Dudo que las conclusiones a las cuales han llegado estos investigadores e intelectuales convocados, tengan alguna utilidad práctica y ayuden en algo a cambiar esta terrible situación, ni a que las autoridades del Orden Público dejen de asediarlos, exigiéndoles continuamente el carné de identidad en las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Ni blancos ni negros, cubanos

  1. Dearthur dijo:

    Pienso que ese conflicto racial también debe de ser como un castigo de Dios por la exterminación de los indígenas originarios. Todo tiene su precio ante la Ley del Universo.

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