Manchas en el Calixto

Hace unas semanas, conducido por un médico amigo que, como Elegguá, me abrió las diferentes puertas, tuve que asistir al Hospital Docente Clínico-Quirúrgico General Calixto García, con el fin de recibir tratamiento médico. De la atención profesional no puedo quejarme, pues los médicos, a pesar de las dificultades y carencias con las que deben trabajar, se esfuerzan por prestar un buen servicio, siendo amables y preocupados por sus pacientes. Esta coyuntura me permitió conocer, de primera mano, el estado real del referido centro hospitalario, sometido desde hace algunos años a una prolongada e interminable reparación, después de décadas de abandono. El reguero constructivo, tan común al medio, se observa por doquier: pabellones ruinosos, demoliciones a medias, materiales almacenados en las calles y espacios interiores, equipos mecánicos en movimiento, constructores desandando a todas horas de un lugar a otro sin hacer nada, gritería, etcétera. Los pocos objetos de obra dados por terminados, muestran en sus paredes mal repelladas y losas de pisos mal colocadas, así como en otros detalles, el chapucero trabajo realizado, garantía de un pronto deterioro.

Desconozco a quien se le ocurrió la genial idea, de ubicar los locales de consulta externa de las diferentes especialidades médicas en los sótanos de los correspondientes pabellones, tanto en ruinas como reparados, donde el acceso se realiza por aceras rotas, senderos y estrechas e inclinadas escaleras exteriores, sin rampas para su utilización por los limitados e impedidos físicos, lo que obliga a los familiares de éstos y a pacientes presentes, a tener que cargarlos para bajarlos o subirlos, en un espectáculo peligroso y bochornoso, ya que no pueden hacerlo en sus sillas de ruedas. Los locales nuevos, en el salón de espera, carecen de climatización y de buena ventilación, siendo verdaderas saunas, donde el calor resulta insoportable a los pacientes antes de ser atendidos. De los viejos es mejor no hablar, pues tienen filtraciones en los techos, los pisos están encharcados, las paredes descascaradas, las puertas rotas, la suciedad y el deterioro abundan y parecen todo, menos instalaciones de un servicio de salud. Es inconcebible cómo se continúan prestando servicios en estos pésimos y antihigiénicos locales. Además, los médicos carecen en sus consultas de los medios elementales para su trabajo: un panel de luz para observar las placas, una computadora para leer los resultados de las diferentes pruebas, etcétera. Todo se resume a una mesa, dos sillas y, cuando más, una camilla, todos en estado de deterioro.

En relación con la atención a los pacientes, se nota carencia de especialistas, lo cual provoca grandes aglomeraciones y pérdida de tiempo entre el personal médico y de enfermería en las consultas, quienes mantienen prolongadas conversaciones sobre sus problemas personales, muchas veces con el empleo de palabras inadecuadas, mientras los pacientes aguardan para ser atendidos: los que alcanzaron espacio dentro de los salones de espera, aburridos de leer en las paredes la profusa propaganda, recordándoles la falacia de que la atención a lasalud en Cuba es gratuita pero cuesta al Estado (en realidad a quien cuesta es a los ciudadanos), como conminándolos a que acepten todo con resignación, y los que quedaron fuera, sentados en las aceras de las calles aledañas, muros y hasta en el césped, aguardando sus turnos. Si hay alguna operación de por medio, entonces el proceso se alarga interminablemente, primero por las diferentes pruebas y análisis a realizar, la obtención de cuyos resultados se prolonga en el tiempo, y después por la espera de la cama para ingresar, que puede demorar hasta meses, con la amarga posibilidad de tener que repetir los exámenes y análisis, al perder éstos su vigencia. Los salones de operaciones muestran un elevado estado de deterioro y en los pabellones recién reparados, donde se ubican los recién operados, se nota la falta de una administración responsable, pues los servicios sanitarios carecen de herrajes, de tres lavamanos sólo funciona uno y a las duchas les faltan sus accesorios. Igual sucede con la limpieza, que se realiza por personas no calificadas, que lo que hacen es regar la suciedad, pues con un cubo de agua pretenden limpiar todo un pabellón, además de que todo lo realizan a regañadientes, bajo protestas constantes. A esto debe agregarse que, quienes reparten los alimentos, por lo regular bastante mal elaborados, lo hacen con su ropa de calle, sin utilizar batas, tapabocas, gorros ni guantes, y que durante el día proliferan dentro de los pabellones vendedores de emparedados, maní, café, chocolates, galletas, etcétera, lo cual contraviene las regulaciones que deben existir en una instalación de salud.

Parece que, además del lento ajetreo constructivo y de los recursos invertidos, algunas manchas persisten en el Calixto, pues al final, a pesar de la buena atención de los médicos, los servicios hospitalarios dejan un mal recuerdo en los pacientes, que se ven obligados a sufrirlos por no tener acceso a los centros para extranjeros y pacientes especiales, que son los que se muestran en los reportajes y a los visitantes, que aún se creen el cuento de la potencia médica cubana.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Manchas en el Calixto

  1. Aldo Gómez dijo:

    Si se desea ver en vivo y en directo otros capítulos del relato aquí publicado, basta con dar un recorrido por cualquier otro centro hospitalario del país, que no sea de los destinados a militares, al turismo internacional, o a la alta dirigencia. Puede comenzar, por ejemplo, por el Hospital Clínico Quirúrgico “Joaquín Albarrán”, situado en la Avenida 26, cerca de la Fuente Luminosa. Ahí verá lo mismo, con algunas adiciones, como la presencia de gatos en los patios de los niveles bajos para valerse de sus servicios en el control de roedores (ratas y ratones).

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