Cinco menos tres es dos

Foto Peter Deel

El día 27, después de cumplir su condena, otro de los espías fue puesto en libertad y posteriormente deportado a Cuba. Ya la prensa oficial y las autoridades, desde hace días, montaron el circo informativo, el cual a partir de hoy se incrementará. Por lo tanto, sólo quedan tres cumpliendo sus condenas en cárceles norteamericanas. Sin embargo, estoy seguro, la campaña mediática manipuladora continuará hablando de cinco. Es mucho lo invertido, y sería como cambiarle el nombre a un producto ya conocido. Ésta, en definitiva, no es más que una campaña publicitaria como otra cualquiera. Además, a las autoridades cubanas siempre les ha costado tiempo y trabajo reaccionar ante la realidad. Si una vez, hace muchos años, se consideraban revolucionarias, desde hace décadas son profundamente reaccionarias. Parece que el tiempo no pasa en vano, y a los ancianos de hoy les cuesta mucho cambiar algo, temiendo perderlo todo. Es comprensible: ya la edad no les permite volver a comenzar.

Lo de los espías, más que un acto de humanismo, constituye una forma de mantener entretenida a una parte de la población, para que se olvide de sus problemas más cotidianos, y darle algún sentido a las absurdas protestas y exigencias de los amigos del gobierno en el exterior, lo que además les asegura turismo pagado por el pueblo cubano, y sentirse protagonistas de algo, cuanto más a la izquierda mejor, para ser diferentes a la mayoría.

Hay alguien más que, estoy seguro, en contradicción con sus sentimientos naturales, preferirían que se prolongase la situación, para no perder sus pedacitos de domingo, de los que llevan disfrutando desde hace años: sus familiares. De desconocidos ciudadanos de a pie, por obra y gracia de las autoridades, se han convertido en personajes públicos, que viajan, visten bien, dan conferencias, participan en eventos, reciben condecoraciones y tienen resueltos sus problemas de vivienda, transporte, comida y vestuario, todo a costa de nuestro bolsillo, pues los méritos brillan por su ausencia, a no ser que en la nueva escala de valores, se considere un mérito ser familiar de un espía confeso.

Estos son algunos de los absurdos que persisten en Cuba y han trastocado a nuestra sociedad, haciendo que los jóvenes y no tan jóvenes prefieran emigrar, y que los viejos, condenados a su desgracia, sueñen con días mejores en los años que les queden por vivir.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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