Absurdos burocrático

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Foto Rebeca

A los burócratas gubernamentales les gusta complicar las cosas y, de paso, la vida a los ciudadanos. Desde sus posiciones privilegiadas en el poder, hacen y deshacen a su antojo.

Con el asunto de las cooperativas, la forma preferida por el Estado para el trabajo por cuenta propia, han formado un terrible enredo: comenzaron con las denominadas cooperativas agropecuarias de diferente tipo y, cuando decidieron salirse del marco rural, no encontraron mejor denominación para las nuevas que cooperativas no agropecuarias. Hasta ya tienen su abreviatura, un ejemplo de originalidad: CNoA. ¿Por qué no denominarlas sencillamente cooperativas.

Otro engendro es el denominado primer Mercado Mayorista de Abasto de Productos Agropecuarios El Trigal, ubicado algo alejado del centro de la ciudad, con los inconvenientes que ello conlleva. En realidad no es más que un simple Mercado Concentrador, ya que su estructura carece del ordenamiento espacial adecuado para vender y comprar, además de que en el mismo no funciona la oferta y la demanda: usted paga lo mismo por una libra, si compra 20 que si compra 200. Antes los comerciantes chinos vendían más barato que los bodegueros españoles y cubanos, porque se agrupaban y compraban al por mayor a precios inferiores, lo cual les permitía hacer rebajas a sus clientes. La ventaja de un mercado mayorista es precisamente la de ofrecer variedad de productos a precios más bajos que en el mercado minorista, en correspondencia con el volumen de la compra. Esto es lo que permite que los comerciantes minoristas, después de deducir sus gastos, no tengan que elevar los precios al consumidor para obtener ganancias. Una interrogante: ¿Por qué no se habilita el céntrico antiguo Mercado Único de la calle Cristina, hoy en estado de abandono, como Mercado Mayorista?

Otra más: ¿Por qué en los comercios estatales, entregados en usufructo a particulares, se centra toda la atención de los supervisores de la Dirección Integral de Supervisión (DIS) en cada territorio? Cuando eran estatales, a pesar de su mal funcionamiento, nunca se controló su confort, la presencia de los trabajadores, la higiene, la calidad de los servicios y de sus ofertas, así como muchos otros aspectos. Ahora, como inquisidores, caen sobre los particulares, repartiendo multas a diestra y siniestra, con cuotas de 1200, 700 y 200 pesos y, si consideran que existe reincidencia, retirando la licencia. Nadie plantea que no se controle y se vele por el cumplimiento de las regulaciones establecidas, aunque éstas sean exageradas y, a veces, hasta absurdas, pero debe ser igual para todos, tanto particulares como estatales. ¿O es que los estatales disfrutan de patente de corso?

Si se quiere que la actualización, aunque lenta y limitada, introduzca alguna pequeña mejoría en la difícil vida de los ciudadanos deben, por lo menos, eliminarse los absurdos burocráticos.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Absurdos burocrático

  1. Armienne la Puta dijo:

    En mi opinión, se pasan la vida inventando soluciones que no funcionan.

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