Una buena experiencia olvidada

Foto Archivo

Para nadie es un secreto que la transportación de pasajeros constituye un problema nacional, el cual durante años, en lugar de solucionarse se ha agravado. En estos momentos afecta prácticamente a todas las ciudades del país y, en la capital, con dos millones de habitantes, representa un dolor de cabeza diario para los ciudadanos que dependen de él -la mayoría-, para trasladarse de un lugar a otro por motivos laborales, de estudio, salud, recreativos, personales u otros.

Ninguna medida estatal ni ningún plan han sido capaces de darle solución: siempre faltan ómnibus, piezas de repuesto, mantenimientos, mecánicos, herramientas, talleres, conductores, etcétera. Todo esto se complementa con problemas organizativos, corrupción y falta de control. Las excusas siempre han estado presente y, cuando han faltado, se ha echado y se echa mano del dichoso bloqueo, el eterno chivo expiatorio con que las autoridades cubren su ineficiencia. Últimamente, en la llamada actualización, se habla de organizar algunas cooperativas de ómnibus, pero manteniendo el transporte principal y los ómnibus de estas cooperativas, como propiedad estatal. No hace falta ser adivino para augurarle un rotundo fracaso. En Cuba, sin embargo, existe una valiosa experiencia histórica de eficiencia sobre este tema: la Cooperativa de Ómnibus Aliados. Tomarla en cuenta sería inteligente.

En abril de 1933 -un año difícil-, los pequeños propietarios de ómnibus, entonces dispersos, decidieron unirse en una asociación de carácter civil, para conciliar sus intereses y defenderlos. En sus inicios la asociación poseía recursos bastante limitados, pero ello no fue obstáculo para crear su formidable ensayo cooperativo, que le permitió responsabilizarse con la prestación de este vital servicio público. En el último año de su existencia, antes de ser intervenida por el nuevo gobierno, poseía más de mil quinientos ómnibus en servicio, distribuidos en diferentes rutas, que cubrían prácticamente todos los municipios y repartos, con frecuencias de entre tres y siete minutos, disponía de terminales con talleres y mecánicos que daban mantenimiento y reparaban los equipos, cubría el 70% de la transportación -el restante 30% lo hacía principalmente Autobuses Modernos S.A., una empresa surgida en sustitución de los tranvías-, estaba compuesta por doce mil trabajadores y contribuía a la caja de jubilaciones con dos millones cuatrocientos mil pesos anuales. Toda esta riqueza y experiencia, conseguidas con años de duro trabajo, se dejó perder, y pretendió ser sustituida con los diferentes engendros socialistas, todos fracasados.

Pasar al sistema de cooperativas en el transporte público, pudiera ser una buena solución para ofrecer un mejor servicio, pero para lograr verdaderos resultados, la propiedad de los medios (ómnibus, talleres, terminales, etcétera) debe pasar a manos de los trabajadores. Estas cooperativas atrofiadas, muevo invento del socialismo agonizante, donde sus miembros no son dueños de los medios que necesitan para trabajar, son una negación de sí mismas. La obsoleta mentalidad de entregarlos sólo en usufructo, con el objetivo de deshacerse de la responsabilidad y transferirla a los ciudadanos, pero manteniendo a toda costa el nefasto cordón umbilical de la propiedad estatal, debe acabar de ser desterrada, si en realidad se quieren resolver los problemas.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Una buena experiencia olvidada

  1. Joel dijo:

    Una vez más queda demostrado la superioridad de un sistema donde las fuerzas productivas, en cualquier área económica, son liberadas para crear riquezas, donde se crean las condiciones para que todo un tejido empresarial se pueda expandir y desarrollar bajo la libre competencia, y donde la iniciativa privada tenga libertad y creatividad. El gobierno y el estado le correspondería administrar correcta y adecuadamente los recursos de la nación y si acaso, encargarse de algunos asuntos de aspecto social como la educación, la salud y la seguridad social de los más necesitados. Todo esto ocurre en las 30 naciones más prósperas del planeta. Ninguna de ellas tiene un sistema socialista de corte marxista. Se ha demostrado, a través de la historia, que el comunismo ha fracasado en el mundo entero.

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