Una mala consejera

Fotos Rebeca

En estos días he recorrido algunos barrios de la ciudad, esquivando charcos de aguas pútridas y derrumbes, en busca de la situación real de los comercios privados y estatales.

Los primeros, a pesar de los impuestos abusivos y de las regulaciones absurdas, se desarrollan exitosamente, unos más que otros como es lógico, en dependencia de la iniciativa y pericia de sus propietarios, y cada día aparecen otros nuevos, llenando de vida los espacios demasiado tiempo vacíos de nuestra ciudad. Reflejan la creatividad y el deseo de triunfar de los cubanos, presentando lugares agradables, modernos, limpios, bien iluminados, con ofertas de calidad y buena atención, a pesar de que, en la mayoría, sus precios no se encuentran al alcance del cubano de a pie, lo cual los convierte en elitistas, pues sus clientes son principalmente, además de los extranjeros residentes y visitantes, los ciudadanos que disfrutan de una economía más holgada, por trabajar en áreas donde circula la moneda libremente convertible o recibir remesas del exterior. Esta situación, que tiene que ver directamente con los bajos salarios, la existencia de dos monedas y la falta de mercados mayoristas, influye en que no puedan ser disfrutados por la mayoría de la población, aún y cuando constituyen oasis agradables y son bienvenidos.

Los segundos, en crisis desde hace años y más aún ante la competencia de los primeros, cada día más vacíos y tristes, constituyen un contundente ejemplo del fracaso del comercio estatal, a pesar de disfrutar de todo el apoyo de las autoridades. Desagradables, sucios, pobremente iluminados, con ofertas de baja calidad y mala atención, pretenden subsistir en una ciudad que ya los ha desechado.

Sería deseable que las autoridades acaben de entender que el anquilosado comercio estatal no puede competir con el privado, y se decidan a abrir las compuertas que limitan su expansión y, sin tantas limitaciones y prohibiciones, le permitan dar solución a los problemas no resueltos durante años de ineficiencia. Me refiero a tiendas, mercados, cafeterías, restaurantes, dulcerías, peluquerías, barberías, salas cinematográficas, bares, lavanderías, talleres de reparación, tintorerías y otros, que hoy languidecen en manos estatales, aún y cuando muchos de ellos ofrecen sus servicios en moneda convertible y, los que lo hacen en moneda nacional, aún aumentado sus precios, los que en manos privadas mostrarían otra cara totalmente diferente.

De todas maneras, más temprano que tarde sucederá y, demorarlo por tozudez política, no beneficia ni al Estado ni a los ciudadanos.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Una mala consejera

  1. El anquilosado comercio estatal no puede competir con el privado pero los funcionarios pueden reprimir toda iniciativa.

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