Dejar atrás la “pacotilla política”

El trabajo por cuenta propia, al cual las autoridades son reacias a designar por su verdadero nombre de trabajo privado, tratando de mantener a toda costa la hoja de parra de su socialismo tropical, con sus estira y encoge, avances y retrocesos, ha representado una opción para la sobre vivencia de miles de cubanos (según las últimas cifras oficiales 442 mil). Sin embargo, no ha incidido para nada en el incremento de la producción, ya que el mismo se limita a un estrecho espacio del área de los servicios.

Si echamos un vistazo a la base industrial cubana, dan ganas de llorar, por su atraso tecnológico y obsolescencia acumulada, con escasos mantenimientos, malas reparaciones y adaptaciones primitivas para prolongar su explotación, aunque sin posibilidades de competir, por la baja calidad de sus reducidas producciones. De este mal no escapan los pocos centrales azucareros en activo, verdaderos dinosaurios industriales, con repetidas interrupciones por roturas durante el proceso fabril. La industria ligera, que en los años cincuenta era moderna y productiva, ha desaparecido, y la que queda, obsoleta también, es incapaz de producir los bienes mínimos necesarios para el consumo de la población, obligando a tener que importarlos, con la consiguiente erogación de divisas

Si de verdad se quieren dar pasos en la dirección correcta, que lleven a la solución de los problemas existentes, hay que acabar de dejarse de remilgos ideológicos fracasados y acudir a la inversión extranjera. El país, quebrado como está, no tiene posibilidades reales de cambiar su situación, pues carece de capital para hacerlo. Esta inversión, sin exclusiones de ningún tipo, debe estar asegurada por un sólido entramado legal, que les de confianza a los inversores y protección contra los exabruptos ideológicos, a que son tan propensos nuestros dirigentes cada cierto tiempo. Esta inversión desde el exterior, debe estar acompañada de la inversión interna de aquéllos cubanos que, a pesar de todo, han sido capaces de hacer algún pequeño capital.

En un mundo globalizado pretender vivir aislados y, menos aún, amamantados por otros, es una soberana locura. La inserción de Cuba al mismo, algo que sucederá más temprano que tarde, debe realizarse dando muestras de responsabilidad y madurez. Aquí sobran las consignas y los discursos sentimentales, recordando glorias pasadas, reales o ficticias. La realidad se impone y, en correspondencia con sus reglas y exigencias, se debe actuar. Todo lo demás es pura pacotilla política.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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