Poner los pies sobre la tierra

En este primer trimestre del año, los ciudadanos cubanos y extranjeros que tienen negocios en el país, deberán presentar sus declaraciones juradas de ingresos en el año 2013 y pagar los impuestos correspondientes. Los impuestos a pagar, excesivamente elevados, son variados, y todos están dirigidos únicamente a recaudar recursos imprescindibles al Estado.

Aunque el cubano común carece de cultura tributaria (también carece de otras), pues antes del año 1959 sólo pagaban impuestos los propietarios de empresas, tierras, inmuebles, vehículos, embarcaciones, comercios, etcétera, con la aparición del trabajo privado (es hora ya de dejar de denominarlo trabajo por cuenta propia) comenzaron a establecerse éstos, para evitar el enriquecimiento y controlar, dentro de esta camisa de fuerza, su posible desarrollo más allá del conveniente a las autoridades. La mayoría de los impuestos vigentes, en lugar de estimular el crecimiento productivo y la creación de empleos, están en función de limitarlos. No sucede así con la denominada Zona Especial Mariel, donde con el objetivo de atraer inversionistas extranjeros (nunca de origen cubano sean de dentro o de fuera), se ha establecido un régimen tributario especial con grandes ventajas. Resulta irónico que un gobierno, que no se cansa de hablar de que defiende la soberanía y la independencia del país, discrimine tan groseramente a los cubanos.

Nadie niega la necesidad de los impuestos como sostén financiero principal del Estado, lo que sucede es que los impuestos, al establecer deberes a los ciudadanos, también establecen derechos, que el Estado está en la obligación de satisfacer con total transparencia. Cuando el ciudadano paga sus impuestos, está pagando por los servicios de salud, educación, seguridad social y otros, y el Estado, cuando los ofrece, no está realizando nada especial, sino simplemente cumpliendo con su deber. Mucho menos aún constituyen un logro de la revolución, como repiten muchos ciudadanos ante los periodistas, cuando reciben atención médica en un hospital, sus hijos estudian en un centro educacional o cobran su jubilación. Esto demuestra la falta de cultura sobre cuales son sus derechos entre los cubanos.

Esto de los impuestos exorbitantes y diferenciados, se me parece al listado de precios abultados de los vehículos que el Estado oferta en estos momentos: quienes los elaboraron y aprobaron parecen vivir en otra galaxia demasiado lejana de la nuestra. Es deber de todos obligarlos a poner los pies sobre la tierra.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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