La necesidad de apresurarse

Foto Peter Deel

Quien haya tenido la resistencia para ver y oír las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, habrá llegado a la conclusión de que el 2014 se presenta gris con pespuntes negros.

Después de detallar un rosario de incumplimientos, tanto en la producción como en los servicios, por disímiles causas, una vez más se vuelve a repetir que en el nuevo año hay que trabajar mejor y con mayor eficiencia, o sea, todo vuelve a quedar en el marco de las buenas intenciones y las consignas, algo que, como está comprobado, no resuelve nada.

Mientras sea necesaria, para cada medida que se pretende tomar, analizarla en una comisión y después experimentarla en una de las provincias laboratorios (Artemisa y Mayabeque), el avance, si es que se produce, será sumamente lento. Las autoridades plantean que aquéllos que piden apresurarse le hacen el juego al enemigo, tratando de que se equivoquen. El argumento, además de repetitivo y poco original (siempre el enemigo), resulta infantil. Quien desea rapidez es el ciudadano de a pie, que carece de tiempo para continuar perdiéndolo en comisiones y experimentos. ¿55 años de experimentos e inventos no son suficientes? Pocos gobernantes han disfrutado de tanto tiempo para gobernar y, más aún, para equivocarse y volver a equivocarse, a costa de las penurias de sus ciudadanos.

¿Para liberar la venta de gas a la población, era necesario ensayarla en el Municipio Especial Isla de la Juventud? ¿Acaso en los años cincuenta esto no se hacía normalmente y, además, con sólo llamar a sus teléfonos, las empresas que prestaban el servicio (Shellane, Tropigas y otras), traían el balón a la casa y lo instalaban en apenas horas? ¿Hasta cuándo cada medida, por simple que sea, habrá que ensayarla primero antes de ponerla en práctica? Parece como si las autoridades cada día inventaran el agua tibia.

Hasta ahora, en definitiva, lo único que se ha hecho es enmendar algunos de los múltiples errores que se habían cometido por puro voluntarismo y, las llamadas aperturas, que no son más que el restablecimiento de derechos conculcados, están dirigidas principalmente a una naciente clase media y no al ciudadano de a pie, quien carece de recursos para viajar, comprar un automóvil, adquirir y mantener un teléfono celular o pagar 4,50 CUC por una hora de conexión a Internet. Esta es la cruda realidad.

Los conductores del deficiente transporte urbano de la ciudad de La Habana, debido a la aglomeración de pasajeros, cuando éstos suben al ómnibus por la puerta delantera, repiten una frase absurda: Avancen hacia atrás. Sólo se avanza hacia adelante, hacia atrás se retrocede. Esta frase parece ser la divisa principal de las autoridades cubanas.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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