Las puertas cerradas

Foto Rebeca

En La Habana de los años cincuenta, los comercios, las salas de cine, los teatros, las clínicas y los hospitales, tenían grandes puertas abiertas (cuando apareció el aire acondicionado, se abrían y cerraban para mantener la agradable temperatura interior). Esto permitía la entrada y salida de los ciudadanos, con facilidad y sin agolpamientos innecesarios y molestos. Entonces, cuando éramos tan malos según la propaganda oficial actual, los porteros, donde los había (hoteles, cines, teatros, etcétera), se ocupaban de dar la bienvenida con una sonrisa e invitar a pasar (en los cines y teatros, previa presentación del ticket correspondiente). Se entraba y salía con carteras y bolsos y nadie los registraba, sometiendo al portador a la humillación de considerarlo un delincuente.

Con el tiempo las cosas cambiaron y las grandes puertas se cerraron, dejando sólo pequeñas aberturas para entrar y salir, bajo los ojos escrutadores del portero de turno, cuya tarea consiste en impedir entrar con carteras o bolsas, y revisar las de las compras, comprobando que los productos que contienen correspondan al ticket de caja. Desapareció la sonrisa y alguno, como de mala gana, deja caer un vuelva pronto, tal vez esperando la propina que nunca llega. Resulta que, ahora que somos tan buenos también según la propaganda oficial, todo está enrejado, y hasta las puertas de cristal tienen sus gemelas de hierro, las que a veces se prolongan frente a las vidrieras, cuando éstas no han sido sustituidas por paredes de bloques o con cortinas metálicas de corredera, que las sellan totalmente.

Es el síndrome del secretismo, trasladado al comercio y a los restantes espacios públicos: primero ocultar y después complicar el acceso. ¡Innovaciones del socialismo tropical! Esperemos que los nuevos espacios del comercio privado destierren esta absurda costumbre, y de nuevo las grandes puertas, abiertas para todos, o abriéndose y cerrándose por el mucho aire acondicionado, regresen a la ciudad.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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