Buenas y malas palabras

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Las palabras, por decenas de miles, son parte integrante de los idiomas. Sirven para definir y diferenciar los objetos, los elementos de la naturaleza, las personas, los sentimientos, las acciones, en fin, tanto todo lo material como todo lo inmaterial. Constantemente se encuentran en proceso de cambio y, mientras algunas dejan de ser utilizadas, aparecen otras nuevas, en correspondencia con el desarrollo de la humanidad. No existen, como tales, buenas y malas palabras. Esta división sólo depende de cómo, dónde y cuándo se utilizan.

En Cuba, en este último medio siglo, se han perdido muchas cosas materiales (la agricultura, la industria, el transporte, las viviendas y otras), y también muchas inmateriales (los valores morales, el civismo, el respeto, la buena educación, las buenas costumbres, la disciplina social, la tolerancia, etcétera).

Tratando de rescatar (verbo de moda) algunas de estas últimas, se ha dado un toque de corneta, llamando al combate para restaurarlas en el menor tiempo posible. Como es una característica nuestra quedarnos cortos o pasarnos, me preocupa que, después de quedarnos cortos durante decenas de años, permitiendo su pérdida sin hacer absolutamente nada para impedirlo, a pesar del alerta de muchos ciudadanos, ahora tratemos, pasándonos, de resolver el problema con consignas, compromisos y represión (ya hay quienes claman por multas, castigos en trabajos agrícolas, construcción de caminos, etcétera), que sólo tocan lo superficial, sin ir a su meollo, que se encuentra en el fracaso familiar y escolar, ante la educación y preparación de las nuevas generaciones que iban surgiendo, deslumbrados y ocupados la mayoría por el cumplimiento de los planes faraónicos y las ideas mesiánicas, que exigían la entrega de todo el tiempo disponible en aras de un futuro luminoso que, por cierto, se perdió en el camino

Dice un viejo refrán que los errores en la educación se pagan a largo plazo. Aquí está una muestra de su validez: sin educación en el seno familiar y con una deficiente educación en la escuela, los resultados no podían ser otros. Todos estamos de acuerdo en que la situación existente hay que enfrentarla y resolverla, pues atenta directamente contra una sana convivencia social. Es necesaria la educación y la prevención, pero ¡cuidado con los excesos! Nunca nos han dado buenos resultados.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Buenas y malas palabras

  1. Asi mismo….ya esa decadencia en la educacion se nota desde hace rato…..

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