El cuento de la buena pipa

Con serios problemas médicos en su territorio, manifestados en la existencia del cólera, la tuberculosis, el dengue (que ya se ha hecho endémico) y otras enfermedades, que hace decenas de años habían dejado de estar presentes en el país, más una desastrosa situación higiénico-epidemiológica en pueblos y ciudades, agravado todo esto por deficientes servicios en policlínicos y hospitales, el gobierno de Cuba acuerda con el de Brasil el envío de cuatro mil médicos, para prestar servicios en esa nación. Como siempre farol de la calle, oscuridad de la casa.

Dejando a un lado la palabrería de la nota informativa publicada, donde se habla de solidaridad y amistad con el pueblo brasileño, la razón del convenio son los intereses de ambos: políticos para el gobierno de Brasil, con el objetivo de captar votos electorales para una futura reelección, y económicos para el de Cuba, mediante la obtención de dólares contantes y sonantes. No es secreto que constituye un jugoso negocio donde, de los cuatro mil dólares mensuales que pagará por cada galeno el gobierno brasileño, el gobierno cubano se apropiará de no menos de tres mil quinientos, y el resto será el que disfrutará, según las reglas y limitaciones establecidas por el ministerio del ramo, el profesional. No es tampoco nada nuevo: así han funcionado y funcionan estas misiones en la mayoría de los 58 países donde se encuentran.

Teniendo en cuenta que aquí la fabricación de productos exportables anda de mal en peor, a pesar de la actualización, ésta de exportar servicios se ha convertido en una vía fundamental para captar divisas. Como la mayor parte de lo que se cobra queda en las arcas del Estado, éste puede ofrecer profesionales a muchos más bajos precios que otros países, compitiendo ventajosamente, aún y cuando su calidad no sea la mejor.

Mientras, por acá, trate de no enfermarse, y si usted tiene la mala suerte de no lograrlo y quiere curarse, búsquese un médico amigo, de esos que le tiran una trompetilla a las órdenes ideológicas y son amigos de los amigos pero, si no lo encuentra, entonces acuda a un buen curandero (existen en cada barrio) y a bastante medicina verde, de esa que algunos denominan natural (y si profesa alguna creencia, eche mano también de la sobrenatural), porque lo de potencia médica no es más que un cuento tan viejo como el de la buena pipa.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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3 respuestas a El cuento de la buena pipa

  1. Yahima dijo:

    Como siempre, llamando a las cosas por su nombre. Muy bueno

  2. Excelente, Fernando. Obscuridad en la casa.

  3. Joel dijo:

    Más que farol de la calle y oscuridad en la casa yo diría que es pura demagogia del gobierno cubano. Los hermanos Castro no mueven un solo dedo sin antes obtener, a cambio, algún jugoso beneficio. Ya sea económico, estratégico o de cualquier otra índole. Como dueños y señores de la granja, mueven los peones a su antojo. Los intercambian. los prestan o simplemente los canjean como pura mercancía. Lo hacen de una manera muy astuta porque al enviar a técnicos de la salud a otros países con la excusa, como bien lo planteó el autor, de la solidaridad, disfrazan el verdadero objetivo que es, además de obtener beneficios económico, una forma de infiltración en los distintos poblados a dónde son enviados para adoctrinar a sus habitantes a través de sondeos de opinión. Y de paso, estos dos diabólicos y maquiavelicos hermanitos quedan ante la opinión pública como los buenos y humanos.
    La mejor evidencia que prueba el total fracaso del sistema o modelo, como mejor lo qieran llamar, en los últimos 50 años, es el retorno de enfermedades que habían sido erradicadas. Cuba es la viva estampa de un país en guerra, bombardeado y totalmente arruinado sin haber sido atacada por nación alguna. Es algo nunca antes visto en los anales de la historia.
    Mis felicitaciones al señor Fernando Dámaso por tan lúcido y brillante artículo.

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