Una terminología absurda

Foto Rebeca

En esto de ponerle nuevos nombres a lo que ya existe, en este último medio siglo, los cubanos hemos sido pródigos. Comenzamos eliminando los nombres originales de los diferentes comercios y establecimientos, sustituyéndolos por un engendro de letra y número que nadie nunca entendió. Así, una bodega que siempre se llamó La Complaciente, pasó a denominarse Establecimiento E-14. La genial iniciativa agotó las letras del alfabeto, combinándolas con números. Estos engendros se agruparon en otro denominado consolidado, que se aplicaba a todo. Existían el consolidado de la carne (aunque esta brillara por su ausencia), el de las pieles (ídem), el del pan, el de las bebidas, etcétera. Con el paso del tiempo, los cambios continuaron produciéndose, transitando por las uniones, complejos, agrupaciones, cadenas y más.

El problema siempre ha sido, no querer llamar a las cosas y a los fenómenos por sus nombres conocidos y reconocidos. A la crisis económica se le denomina período especial, a los fracasos, rectificaciones, a las reformas, actualizaciones, al trabajador independiente, cuentapropista, al corrupto, desviador de recursos, a la prostituta, jinetera, al restaurante, paladar, al opositor, mercenario, a la empresa agrícola privada, cooperativa agropecuaria, a la pequeña empresa privada, cooperativa no agropecuaria o de nuevo tipo, al cliente, usuario, y así hasta el infinito.

¡Qué fácil sería utilizar correctamente el idioma español! De esa forma todos nos entenderíamos mejor y, quienes nos visitan, no pasarían tanto trabajo tratando de entender cada uno de estos extraños términos. Cuando no se quiere aceptar la realidad, y llamarle al pan, pan y al vino, vino, se produce este escamoteo idiomático.

Como el agua, que aunque no se desee y trate de impedirse por diferentes medios, siempre coge su nivel, más temprano que tarde, toda esta absurda terminología será cosa del pasado y se olvidará, evitando el trabajo de tener que escribir un diccionario del nuevo idioma cubano. Entonces, una crisis será una crisis, un fracaso un fracaso, una reforma una reforma, un trabajador un trabajador, una empresa una empresa, etcétera. ¡Volveremos a hablar y a entendernos en español!

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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