El mal no mencionado

Foto Rebeca

La actualización económica, cuyas medidas se aprueban y aplican a cuenta gotas, no acaba, por que no puede, de liberar las fuerzas productivas, única posibilidad de comenzar a solucionar nuestra crítica situación.

Autorizar el ejercicio de todas las profesiones y oficios, sin ningún tipo de limitaciones, y permitir el establecimiento de las pequeñas y medianas empresas, sean particulares, cooperativas o de cualquier otro tipo, son condiciones indispensables para el desarrollo. Junto con ellas, también se vuelve una necesidad reformar la actual Ley de la Inversión Extranjera que, como su mismo nombre indica, no contempla la inversión de los cubanos residentes en el país o en el exterior, y sólo acepta la de extranjeros, algo que deja bastante mal paradas las pregonadas independencia y soberanía nacionales. Además, esta inversión foránea tampoco se ha producido en las cuantías previstas, debido a una deficiente base legal que la proteja contra los cambios de los vientos políticos, tan comunes en el país, ni se siente estimulada a asumir riesgos, por lo magro de las posibles ganancias. Para complicar la situación, los últimos procesos judiciales iniciados contra algunas firmas establecidas, que han llevado al cierre de las mismas y al enjuiciamiento de sus propietarios extranjeros y colaboradores cubanos, no han hecho más que agregar leña al fuego de las preocupaciones. Con tantos truenos no hay quien invierta, máxime cuando pueden hacerlo en otros países de la región, con mejores ofertas y mayor estabilidad y respeto a los acuerdos firmados.

Desmantelar la red burocrática política e ideológica que, primando sobre la economía, atenaza todas las iniciativas y dificulta su oxigenación, es una condición a cumplir, si realmente se pretende resolver algo. Continuar languideciendo a cuenta gotas, esperando tiempos mejores, algo que, desgraciadamente, ya se ha convertido en un mal crónico, aunque no haya aparecido en el listado presentado en las conclusiones a la última sesión de la Asamblea Nacional, sólo conduce al abismo.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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