El telenovelón cubano

Graffiti callejero

El telenovelón de los cinco espías, reciclados como antiterroristas y héroes, desde hace algunos años ocupa bastante espacio en la programación política nacional. Estructurado por temporadas, al mejor estilo de los seriales, éstas aparecen una detrás de otra, sin importar su audiencia real. Presentados sus personajes principales, al comienzo, como mansas e inocentes palomas, atacadas por el águila imperial, de acuerdo a la temporada que se transmite, se ha ido adaptando el argumento a los intereses del momento.

En la primera, las actuaciones estelares estuvieron a cargo de los abogados, algunos funcionarios designados y periodistas escogidos, quienes se encargaron de tratar de convencernos de su inocencia, bombardeándonos constantemente con sesudas intervenciones y artículos. En ella, los personajes principales se mantuvieron en un discreto segundo plano, con pocas declaraciones públicas, para dar la impresión de que se encontraban sometidos, además de a encierro, a aislamiento.

En la segunda, comenzaron a aparecer junto a figuras populares (principalmente actores que los visitaban) y con sus madres, donde se veían lozanos y saludables, aunque éstas al regresar, hablaban de crueles torturas físicas y sicológicas, condiciones infrahumanas, vejaciones, etcétera, y derramaban alguna que otra lágrima para condimentar sus palabras, al mejor estilo de las denominadas novelas jaboneras de la década de los años cincuenta del siglo pasado. La carga melodramática se incrementó de capítulo en capítulo, con la incorporación de las amorosas y sufridas esposas e hijas, que no perdían su oportunidad de protagonismo nacional e internacional, tanto en la prensa escrita como en la radial y televisiva.

La tercera se caracterizó por su reciclaje como intelectuales. Resulta que en ella no sólo eran antiterroristas y héroes, sino también caricaturistas, pintores, poetas y escritores. La razón de este reajuste argumental estuvo dada porque debían incorporar a los artistas e intelectuales nacionales y extranjeros a la causa, y era necesario que los personajes principales formaran parte del sector. Proliferaron caricaturas, pinturas, poemas y escritos, la mayoría de pésima calidad, a pesar del arduo trabajo de los caricaturistas, pintores, poetas y escritores negros, tratando de mejorar las obras y hacerlas más digeribles.

En esta cuarta temporada, con uno de los personajes principales fuera de la trama (ya cumplió su condena), el argumento ha derivado hacia las cuestiones morales y altruistas, relacionadas con la virtud, la dignidad, la lealtad y el valor. Así, uno de los que aún permanecen en prisión, se maravilla de la actitud de un ponchero cuentapropista de Las Tunas, al cual felicita y saluda por coger los ponches de forma gratuita a las ambulancias. El liberado, ahora como héroe en funciones (no se le conoce otro trabajo), participa en cuanto congreso, conferencia, reunión o taller se realiza e imparte conferencias sobre moral, lealtad, dignidad, etcétera a los estudiantes y, desfasado en el tiempo, les habla de visitar la heladería Coppelia, sin darse cuenta que ésta dejó de ser opción para los jóvenes desde hace muchos años, más interesados en las discotecas, los hoteles, los viajes al extranjero y los paladares. Todos juntos, con la participación de algunos artistas plásticos del Team Cuba Gubernamental, confeccionan un gran mural para el Pabellón Cuba en La Rampa habanera, y así continúa.

No sabemos de qué tratará la quinta temporada ni las que vendrán después, pero parece que el telenovelón se prolongará en el tiempo, teniendo en cuenta que, a falta de que aparezca algún argumento más interesante, éste se continuará estirando, pues es una forma de mantener entretenida a una parte de la población, haciendo que se olvide de cosas más importantes y trascendentales, al menos hasta que el aburrimiento de más de lo mismo la agote. El argumento, que no es nada original, ya ha sido utilizado múltiples veces. ¡Sólo se le cambian los personajes!

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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