Palabra camaleónica

Foto Archivo

Existe una palabra en el idioma español, que es utilizada de diferentes formas por las autoridades cubanas, según convenga a sus intereses: esta es diversidad.

En las relaciones internacionales se utiliza ampliamente por los principales dirigentes y por sus representantes, exigiendo su respecto. Es lógico. Cuando la mayoría de los países tienen gobiernos democráticos, la diversidad está representada por los que no los tienen. En esta situación, la presencia de éstos, Cuba entre ellos, sólo es posible si ésta se acepta y respeta. Así sucede en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Asociación de Estados del Caribe (AEC), etcétera.

En el caso de países en particular, la diversidad funciona de dos formas diferentes. Si en estos países existen gobiernos democráticos, que no comulgan con el espectro político-ideológico cubano, la defensa de la diversidad se hace para apoyar a los partidos, movimientos y organizaciones opositoras. Si los gobiernos son autoritarios y populistas, y responden a los intereses de las autoridades cubanas, entonces se ataca la diversidad, acusando a quienes la representan de burgueses, apátridas, fascistas, mercenarios, lacayos, aliados del imperio, etcétera.

Sin embargo, la deformación extrema se produce en la situación nacional, donde la palabra diversidad se convierte en un verdadero camaleón, cambiando de color constantemente, según las conveniencias. En las cuestiones políticas está totalmente excluida, refrendada esta exclusión por la concepción de una ideología única durante más de cincuenta años, acusando a quienes no la comparten de todos los improperios conocidos y de hasta algunos creados al efecto (gusanos, anexionistas, vendepatrias, etcétera), mientras se emplea en las cuestiones de género, raza y sexo, con el objetivo de atraer estos conglomerados sociales al redil gubernamental, mediante organizaciones e instituciones oficialistas creadas y financiadas al efecto.

Esta no es la única palabra camaleónica utilizada por las autoridades cubanas. Existen muchas otras. Sirva la tratada como simple ejemplo.

Hasta tanto las palabras no se despojen de la gruesa capa de barniz ideológico, con que han sido cubiertas para su utilización coyuntural, y retomen su único y real significado , los discursos y las declaraciones oficiales donde se empleen, continuarán gozando de poca credibilidad.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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