Apropiación ilícita

Foto de prensa

Hace unos días, convocado por el gobierno, se efectuó un Foro Debate Online de una genérica sociedad civil cubana, sobre los derechos humanos en el país, teniendo en cuenta la próxima presentación del informe de Cuba ante el Examen Periódico Universal (EPU) del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Como era de esperar, en el mismo sólo participaron representantes de las mujeres, los intelectuales, los religiosos y los artistas cubanos adictos al régimen, pertenecientes a organizaciones e instituciones gubernamentales o progubernamentales como la Unión Nacional de Juristas de Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el Consejo de Iglesias, el Centro Martin Luther King Jr., el Movimiento Cubano por la Paz, la Sociedad Cultural José Martí, el Consejo de Sociedades Científicas de la Salud, la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina, entre otras.

Todos, a una sola voz (síndrome coral), como si lo hubieran ensayado repetidas veces, repitieron los mismos argumentos ya gastados sobre el maravilloso sistema político cubano, la democracia de nuestro socialismo, el enfoque de género, la igualdad racial y el respeto a la diversidad sexual, el bloqueo, el terrorismo, etcétera. No vale la pena dedicar ni una sola línea a los planteamientos hechos, por archiconocidos, carecer de originalidad y no aportar nada nuevo.

Voy a referirme a otro aspecto que llama la atención: la apropiación de algunos términos, por las autoridades, que antes eran considerados tabúes, y que habían sido desechados del vocabulario oficial, como democracia, derechos humanos, diversidad, sociedad civil, etcétera, y en su lugar se utilizaban democracia socialista o nuestra democracia, derechos socialistas, unidad, dictadura del proletariado, etcétera.

Parece que, con el paso del tiempo y la acumulación de fracasos, tanto nacionales como internacionales, estos últimos perdieron credibilidad y vigencia, y han debido echar mano de los antes considerados tabúes, eso sí, debidamente reciclados ideológicamente. Así vemos que, al utilizar el término democracia, las autoridades aseguran que es la más perfecta y mejor existente en todo el planeta, los únicos derechos humanos defendibles son los aceptados oficialmente, la diversidad sólo se refiere a género, raza y sexo, excluyendo la política y, de la sociedad civil, sólo forman parte quienes comparten la ideología del sistema.

El apego a lo políticamente arcaico, caduco y pasado de moda está tan enraizado, que dejarlo atrás parece una tarea imposible para las autoridades, a pesar de las actualizaciones, experimentos y otros ajustes, diseñados para su supervivencia. Mientras los cubanos, piensen como piensen, no formen parte de los términos al uso, y éstos pretendan ser monopolizados por el gobierno, sin comprender, aceptar y respetar la diversidad como componente imprescindible de la unidad, se mantendrá intransitable el camino para la solución de nuestra crisis nacional.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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