Los “atributos” de un candidato

Reconozco que el recientemente fallecido presidente bolivariano nunca fue santo de mi devoción: siempre lo consideré un populista melodramático con algunos genes autoritarios, además de rechazar su pretensión de ser la reencarnación de Bolívar en el Siglo XXI. Esto no quita que, dada su personalidad y su carisma, algunas de sus actuaciones públicas y payasadas, totalmente ajenas a lo que se espera de un mandatario responsable, provocaran risas y cierto atractivo entre las capas sociales más humildes venezolanas, latinoamericanas y de otras regiones, así como los aplausos de ciertos personajes, acostumbrados a los extremos.

Su sucesor, ahora candidato oficialista a las próximas elecciones, un personaje totalmente gris, sin carisma y sin personalidad, en su campaña proselitista, utilizándolo como icono y hasta con intenciones de canonizarlo, trata de parecérsele a toda costa, pretendiendo apropiarse de su personalidad y, más aún, de sus votos, con el objetivo de asegurar el triunfo. Creo que, por primera vez en la historia, en un país se votará por un candidato difunto para que otro, que pretende ser su reencarnación inmediata, una especie de clon, ocupe la presidencia. Sin lugar a dudas, constituye una fórmula original, que supera con creces todo lo sucedido en Macondo y lo imaginado por los autores adscriptos al realismo mágico latinoamericano.

Después del 14 de abril quedará por ver si el presidente elegido, ante la situación crítica actual del país y los problemas que deberá enfrentar, gobernará siguiendo al pie de la letra las indicaciones que le envíe su antecesor desde el más allá, en forma de mensajes espirituales, o se los dicte al oído, reencarnado en un pajarito u otro animalito.

Parece que en estos tiempos todo vale, hasta hacer el ridículo ante el mundo. Los cubanos, por idiosincrasia caribeña, rechazamos a los ridículos y, más aún, si resultan pesados o, como se dice popularmente, verdaderos chorros de plomo, batidos de tuercas o puentes rotos. En otras palabras: personas intragables e intransitables.

Por lo demostrado hasta ahora, el candidato oficialista demuestra poseer todos estos atributos. Una vez más se confirma la justa apreciación de Albert Einstein de que Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la imbecilidad humana.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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4 respuestas a Los “atributos” de un candidato

  1. John J Vallejo dijo:

    Maduro imita. El que imita fracasa.

  2. José Carlos Carmona Toledano dijo:

    Discrepo sobre su tesis de 2 posibles infinitos: considero que tan solo hay una posibilidad. Y su artículo demuestra y señala cuál es.

  3. Joel dijo:

    Excelentísimo artículo Fernando. Has descrito a Nicolás Maduro tal y como es. Un personaje descolorido, poco o nada original, mal imitador, que trata de mimetizarse en la figura del difunto presidente, ridículo hasta la enésima potencia rayando en la demencia. No son pocos los que han sugerido que pueda padecer esquizofrenia por las burradas y los disparates que habla. Y lo peor: Sumiso hasta el extremo de vender la soberanía de su propio país a un gobierno extranjero. En fin, es el orgulloso pupilo del gobierno Cubano.

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