Extrañas instituciones

En Cuba, todas las instituciones que dicen representar a los diferentes profesionales (abogados, arquitectos, economistas, artistas, periodistas, historiadores, artesanos, etcétera), así como a las mujeres, estudiantes, campesinos, obreros y otros, y que se presentan internacionalmente como ONG, en realidad son gubernamentales. Organizadas, dirigidas, financiadas y controladas por el Estado, en lugar de defender los intereses de sus miembros, actúan como verdaderas camisas de fuerza, para obligarlos a comportarse dentro de los límites políticos e ideológicos establecidos. Quien se atreve a sobrepasarlos o ignorarlos, creyendo que posee alguna independencia, es inmediatamente sometido a llamadas de atención y, si éstas no logran su objetivo, puede hasta ser expulsado deshonrosamente de la institución, lo cual lo convierte en un paria social y, en el caso de los profesionales, sin derecho al ejercicio legal de su profesión.

Existe un grupo mayoritario de personas que pertenecen a estas instituciones y, como es de esperar, cumplen rigurosamente todos sus mandamientos, con el objetivo de poder trabajar, estudiar, viajar, disfrutar de algunas ventajas y tener reconocimiento oficial. Otro grupo, menos numeroso, trata de sobrevivir dentro de ellas con alguna independencia, adoptando posturas disímiles: unas veces oficialistas y otras, las menos, más liberales, tratando de estar a bien con Dios y con el Diablo. También existe un grupo de rebeldes que no pertenecen a ninguna de ellas y, por lo tanto, carecen de amparo legal, y tienen que actuar por su cuenta y riesgo, sin posibilidades de acceso a los espacios gubernamentales.

Mientras no se producen hechos polémicos, estas instituciones son verdaderos remansos de paz, con las naturales envidias y zancadillas características de cada sector. Sin embargo, cuando alguien, sea de uno u otro grupo, se atreve a actuar con independencia y cierta dosis de valentía y a plantear algún tipo de cuestionamiento, las instituciones, capitaneadas por sus miembros más ortodoxos, se convierten en tribunales de la inquisición, redactando y publicando acuerdos, comunicados, declaraciones y cartas con muchas firmas voluntarias, incinerando en la hoguera de la más absoluta intolerancia al infractor o infractora de los sacrosantos mandamientos. Los ejemplos sobran en todas las instituciones y son más que conocidos.

Sucede que, en estos casos, la indignación es política e ideológica y además dirigida, y no tiene nada que ver con los sentimientos reales entre colegas. Desgraciadamente, estas actitudes proliferan y las instituciones, como tales, son incapaces de defender los intereses de sus miembros, convirtiéndose en la práctica en fiscales de los mismos, respondiendo a la voz del amo. Esto trae como consecuencias descalificaciones, ofensas personales, actos de repudio y otras bajezas por encargo, contra los presuntos culpables, convertidos en víctimas propiciatorias del momento, según los intereses de las autoridades quienes, en definitiva, son las que ordenan y mandan.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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5 respuestas a Extrañas instituciones

  1. Ramón Ojeda dijo:

    Esas organizaciones son otros tantos establos en los cuales los “cow boys” controlan sus rebaños. Yo recuerdo que cuando me graduee, automáticamente, de oficio, me hicieron miembro de la ANEC, al menos así se llamaba entonces, de aquella organización fui miembro más o menos dos años y algo, pasado ese tiempo aproveché un cambio de trabajo para salir de ella, lo hice como al descuido, lo más insensiblemente que pude -lo mismo hice en otro momento con el sindicato- y como mantuve un perfil bajo que me permitió camuflarme en los agujeros de la artificialidad e ineficacia de aquella organización establo, pude trabajar en mi profesión envuelto en el anonimato de mi particular inxilio hasta que salí de Cuba. Mi caso es una muestra de que si una persona lo desea sinceramente, puede dejar de estar en uno de aquellos establos, hay que renunciar al interesado y más seguro papel de ganado doméstico, y pagar el alto precio de no ser tomado en cuenta, pero, a fin de cuentas hay intereses e intereses, yo, por ejemplo, preferí mi independecia -hasta donde me era dable obtenerla- a la posibilidad de encumbramientos profesionales.

    • Joel dijo:

      Ramón estoy muy de acuerdo con su comentario. Si una buena parte de los cubanos de la isla, se salieran de esos “establos” , usando ciertos pretextos, justificaciones y un poco de inteligencia, no serían, consciente o inconscientemente, cómplices del proceso. Entiendo que no es fácil debido al mecanismo de represión, vigilancia y chivatería que existen en Cuba pero no obstante a eso se debe hacer el esfuerzo y con un granito de arena que aporte cada uno, se puede llegar muy lejos.

  2. Joel dijo:

    Llamar a las organizaciones de masas en Cuba ( CDR, FMC, PCC, UJC, FEU, Etc) ONG es como decir que en la isla hay elecciones libres y además las más democráticas del mundo o que allá se respetan los derechos humanos. El cinismo practicado por el gobierno cubano no tiene límites. Insultan la inteligencia de las personas.

  3. Joel dijo:

    Aunque ahora vivo en EEUU desde 1999, yo dejé de participar en algunas de esas organizaciónes de masas y no asistí a algunos llamados hechos desde “arriba”. Pongo un ejemplo sencillo de como, con un poco de astucia, podías esquivar esos “deberes revolucionarios” : En enero de 1998 con vista de darle un buen recibimiento al papa Juan Pablo II, en mi centro laboral se convocó a un mitin para asistir a la llegada del sumo pontífice. Yo le pregunté a la Señora de recursos humanos , encargada de organizar el evento, que si hasta ahora la revolución nos había educado en el ateismo y nos hacía ver a la iglesia como un diversionismo ideológico, por qué entonces yo tenía que acudir a dicho llamado. Ella me respondió que eran órdenes de “arriba” . Yo le contesté que nuestra dirigencia nos había enseñado a ser consistente con nuestros principios y debido a eso yo no asistiría al evento convocado. Ella me dijo que no me pagarían el día, lo cuál yo acepte diciéndole algunas cosas más que le sonaban bonito a su oido. Aunque 15 años después continúa ese régimen en nuestro país, en ese momento sentí que aporte mi granito de arena en no ser cómplice del proceso.

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