Impotencia ciudadana

La Empresa Eléctrica aparece, abre un hueco en lo que queda de acera para sustituir un poste, realiza su trabajo, y deja de recuerdos la acera rota, un cúmulo de tierra que impide o dificulta el paso de los transeúntes y coloca, si acaso, un pedazo de madera del carrete donde viene el cable y ojos que te vieron ir.

Aguas de La Habana abre una zanja en una calle cualquiera, aunque esté recién asfaltada, instala sus tuberías, la rellena con tierra y, si acaso, la cubre con una fina capa de cemento. A los pocos días, el tramo se convierte en un bache que impide o dificulta el tránsito de los vehículos y ojos que te vieron ir.

Llega usted a la puerta de una tienda de barrio que vende en moneda libremente convertible (CUC) y, cuando trata de entrar, el custodio le dice que espere, que la entrada es de dos en dos. Usted mira hacia el interior, a través del cristal, y observa que dentro sólo hay tres clientes, y se pregunta: ¿por qué de dos en dos? Al fin entra y compra sus productos. La caja recaudadora está junto al custodio y la puerta. Él observa sus productos y a la cajera o cajero cobrándole y, cuando usted va a salir, le exige que le muestre el comprobante y le revisa la compra, hurgándole dentro de la bolsa plástica.

El kiosco, también en CUC, donde se ofertan unos cuantos productos de consumo diario, está abierto y su dependiente dentro, observando pasar a los transeúntes. Usted saluda y el dependiente, sin devolverle el saludo, le dice que no se está vendiendo porque no hay electricidad. Usted se queda pasmado y se pregunta: ¿será que no sabe sacar cuentas mentalmente o con pluma y papel?

Estos son unos pocos ejemplos, de lo que constituye una ínfima parte de la impotencia ciudadana. Alguien puede decir: proteste, no lo acepte, reclame sus derechos. Se hace, pero es como arar en el desierto, y usted sólo se arriesga a ganarse una respuesta grosera o violenta, en dependencia del estado de ánimo del reclamado o reclamada, quienes gozan de absoluta impunidad. ¿Y las autoridades? Bien, gracias. Ellas se ocupan de otras cosas, preferentemente políticas.

Este es el resultado de vivir en un país donde, por más de cincuenta años, el ejercicio de los derechos ciudadanos y su respeto ha sido una asignatura pendiente.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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3 respuestas a Impotencia ciudadana

  1. El desastre, total y completo.

  2. Joel dijo:

    Estimado Fernando eso tiene un nombre: Socialismo. Ese sistema se caracteriza y se esfuerza además por hacer extremadamente infeliz al ser humano. Y por qué ?? Bueno ya lo dijo el maestro Carlos Alberto Montaner: Porque va en contra de la naturaleza humana. Es así de simple.

  3. Joel dijo:

    Debo confesar que en éste artículo específico de Fernando Dámaso, me ha causado mucha gracia la frase que ha utilizado para criticar, e ironizar de cierta forma , la incompetencia de las compañías estatales cubanas: Ojos que te vieron ir……..??? Gracias Fernando por deleitarnos con tan lúcidos comentarios que reflejan la realidad de nuestra preciosa isla.

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