Excesos

Foto Rebeca

Cuando fallece una personalidad, el respeto, la consideración y la mesura deben prevalecer en los servicios fúnebres, so pena de convertirlos, de algo dramático y doloroso en un sainete. La semana pasada en Venezuela, y aún en estos días, se han roto todos los límites y, algo más parecido a un espectáculo folclórico que a una despedida luctuosa, se ha posesionado del país y ha inundado todos los medios de comunicación. Un discurso central deshilvanado y repetitivo, colmado de juramentos sensibleros, oraciones, invocaciones a Cristo, con repartición de perdones y hasta lágrimas, sirvió de basamento oficial a algunas manifestaciones posteriores, más cercanas a la histeria colectiva que al dolor sincero.

Manipulada políticamente la enfermedad del mandatario y, en los últimos dos meses, utilizada emocionalmente para mantener el apoyo popular a toda costa a la gestión de gobierno, la catarsis se alcanzó el pasado fin de semana, con un descomunal despliegue publicitario, elevando su figura al Olimpo de los dioses, donde se utilizaron todos los adjetivos del idioma español, el cual aún continúa con un cuerpo insepulto en perennes traslados.

Nuestro país no fue ajeno a él y, durante tres días, algo totalmente insólito para con una personalidad extranjera, por muy cercana que sea a las autoridades, hemos tenido que padecer un duelo ajeno, con despedida en la Plaza, salvas de artillería, golpes sobre el corazón con el puño cerrado ante las cámaras, locutores y locutoras vestidos de negro y periódicos también impresos en negro, todos de luto. Definitivamente, no es imposible encontrar el justo medio: o nos quedamos cortos o nos pasamos y, por lo regular, sucede lo segundo.

Sin lugar a dudas, es dolorosa la pérdida de cualquier persona y, más aún, cuando se trata de una personalidad pública, independientemente de comulgar o no con sus ideas pero, como dice un vecino mío: bueno es lo bueno, pero no lo demasiado. Por suerte, para tranquilidad de muchos, la elección del nuevo Papa ha desplazado al difunto de los titulares.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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