Salir a comer

En Cuba, donde el salario medio mensual no supera los 22 dólares (20 CUC), disfrutar de los restaurantes, paladares y cafeterías en pesos convertibles (CUC), resulta algo prohibitivo o representa un gran sacrificio económico. Descartados los ciudadanos de a pie, el acceso a los mismos solo es posible a un pequeño número que obtiene, por vías legales, más o menos legales o ilegales, entradas mayores, y a los extranjeros radicados en el país y turistas. Es decir, que la cantidad de potenciales clientes (aquí está descartada la palabra usuario) es bastante limitada. Por tanto, por atraerlos compiten tanto los establecimientos estatales como los particulares.

Los restaurantes y cafeterías estatales, con sostenida inestabilidad en cuanto a calidad, cantidad, variedad y servicios, muchos con elevados precios, llevan las de perder, permaneciendo con las mesas vacías y los empleados preocupados la mayor parte del tiempo, por la afectación que esto supone para sus bolsillos.

Los paladares y cafeterías particulares, en general con calidad, cantidad, variedad, escalas de precios y buen servicio, y además identidad propia, llevan las de ganar, encontrándose llenos durante el día y la noche. Sin embargo, entre ellos no todo es color de rosa: los hay más o menos exitosos, y hasta los que han tenido que cerrar al poco tiempo de abrir, por resultar incosteables.

Sin lugar a dudas, el mayor éxito corresponde a los pertenecientes a las sociedades chinas y españolas, los cuales han sabido conjugar armoniosamente calidad, cantidad, variedad, precios y buen servicio, en instalaciones agradables con identidad propia. Le siguen aquellos particulares que han aplicado los mismos principios. Unos y otros siempre están llenos, y es difícil acceder a ellos, pues aún no cubren su alta demanda. A continuación marchan algunos paladares especializados, visitados principalmente por funcionarios diplomáticos y sus invitados o por extranjeros y turistas, que mantienen una tradición ganada durante años. En la retaguardia se encuentran quienes, con una gran dosis de riesgo, han optado por la denominada alta cocina, en un país donde escasean o faltan los insumos necesarios para este tipo de comida, así como los posibles clientes, los cuales, la mayoría del tiempo, permanecen vacíos, en espera de comensales pudientes. De todas formas, es saludable la variedad, ante años en que solo era posible encontrar más de los mismo.

Desgraciadamente, en los restaurantes, paladares y cafeterías, tanto estatales como particulares, imitando a sus similares de otros países, se ha establecido como norma el desagradable cobro del 10% por el servicio sobre el total de la cuenta, a modo de propina obligatoria, olvidando la sana costumbre cubana de que, el cliente complacido daba al empleado atento la propina como premio por un servicio de calidad y no como una obligación, lo cual formaba parte de la competitividad entre los mismos, elevando el prestigio del establecimiento. El mal, aunque indeseable, parece haber adquirido la ciudadanía y tendremos que aprender a convivir con él. Además, algunos paladares y cafeterías particulares, tal vez por inercia acumulada, aplican algunos métodos de la gastronomía socialista en su gestión, delimitando áreas, deteniendo el servicio por cambio de turno, cobrando los envases desechables para platos a llevar, sin tener en cuenta que, en esta variante, no ofrecen servicio de mesa, y ello debiera amortizar su costo, y anunciando precios bajos en las ofertas, los cuales en realidad se elevan al tener que pagar el acompañamiento o guarnición o el agregado a un bistec, una pizza o una hamburguesa, por poner solo algunos ejemplos.

Es verdad que existen algunos, los menos, con precios en pesos (CUP), pero resultan su equivalente en pesos convertibles (CUC): da lo mismo pagar setenta y dos pesos (CUP) por una pizza que tres pesos convertibles (CUC). No es más que el mismo perro con diferente collar.

No hay dudas que todo este mundo gastronómico aquí es muy nuevo, después de medio siglo de estar prohibido su ejercicio por particulares, pero sería conveniente salirse de los esquemas y apostar por la originalidad, tanto en precios como en platos y en calidad, lo cual originaría mayor competitividad y, tal vez, ayudaría a aumentar el número de clientes y aseguraría la rentabilidad, mientras no se eleve el poder adquisitivo de los ciudadanos de a pie.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s