Cierre electoral

El domingo 24 de febrero culminó el original proceso electoral cubano, con la nominación y elección, por los diputados constituidos en Asamblea Nacional del Poder Popular (previa aprobación de las candidaturas por el Comité Central del Partido), del Presidente, Vicepresidente y Secretario de la misma y, posteriormente, del Presidente, Primer Vicepresidente, cinco Vicepresidentes, el Secretario y demás miembros del Consejo de Estado. Como en todo acto humano, hubo aspectos positivos y negativos.

Comencemos por los primeros: es saludable que se limite a dos mandatos de cinco años cada uno la ocupación de los principales cargos del Consejo de Estado, así como que se fije un límite de edad para poder ocuparlos. También que el Presidente reelecto haya declarado públicamente que este será su último mandato, y que el Primer Vicepresidente sea alguien que no pertenece a los denominados dirigentes históricos. Aunque anunciadas algo tardíamente, después de más de medio siglo de un gobierno unipersonal con dos caras, y aunque habrá que esperar hasta el año 2018 para su materialización, estas medidas son bienvenidas por la población.

Pasemos a los segundos: repetir una vez más la irrevocabilidad del socialismo, y que todo lo que se hace y se hará es para perfeccionarlo, actualizarlo y salvarlo, cuando la mayoría de los ciudadanos lo considera insalvable, después de demostrado su fracaso e ineficiencia durante más de cincuenta años, resulta poco pragmático, máxime cuando de todos es conocido que el mantenimiento a la fuerza de sus principios y dogmas, constituye el principal freno para la liberación real y el desarrollo de las fuerzas productivas, única garantía para poder salir de la profunda crisis económica en que nos encontramos. Tampoco, como ya es habitual, se habló de los imprescindibles cambios políticos y sociales, necesarios no para salvar al socialismo, sino para salvar a la nación, que es mucho más importante. A pesar de algún reacomodo entre los dirigentes históricos, estos aún mantienen en sus manos las principales palancas del poder.

En cuanto a los cambios en la Presidencia, Vicepresidencia y Secretaría de la Asamblea Nacional, es solo una sustitución de caras, ya que hasta que no se otorgue a todos los ciudadanos, piensen como piensen, el derecho a ser elegidos como diputados, la misma no será representativa de todo el arco iris político nacional. Además, mientras esta no varíe su forma de funcionar, continuará siendo un ente más formal que real, una simple caja de resonancia del Estado.

En resumen: se mantiene el compás de espera, ahora con una nueva prolongación de cinco años.

Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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4 respuestas a Cierre electoral

  1. Armando dijo:

    Asi es, Fernando, tus palabras encierran una gran sabiduria en el tema y no tengo nada extra que aportar, gracias.

  2. Interesante la nueva farsa de la dinastía de los Castros pero en cinco años pueden suceder muchas cosas que no sucedieron en cincuenta y tres. Todo muy bien aclarado en su artículo, el tiempo dirá.

  3. Carlos Suarez dijo:

    Formidable análisis. Certero y preciso. No le faltó ni le sobró nada para expresar la esencia de lo sucedido en la última reunión de la ANPP, que lamentablemente no parece que será la postrera. Tendremos pues, más de lo msmo durante al menos un quinquenio, cuyo final no verán unos cuantos miles de cubanos que por una u otra causa “pasarán a mejor vida”.

  4. Ramón Ojeda dijo:

    Bien, miremos con optimismo ese: “más de lo mismo” con condimento raulista y esperemos que sea -muy a pesar de la verdadera intención del stalinocastrismo- el principio del desmantelamiento, desde dentro, de la dictadura totalitaria. En realidad, no sería sensato esperar más que eso de los gobernantes cubanos.

    Hay algo que pudiera, a la postre, servir para educar a las nuevas generaciones de cubanos:

    Entre el 20 de mayo de 1902, fecha de nacimiento de nuestra independencia nacional y el 31 de diciembre de 1958, día del fallecimiento de aquella República, transcurrieron 56 años y algo más de siete meses, bien, cuando hallan transcurrido esos postreros cinco años de gobierno de los Castro, Cuba habría vivido bajo ese otro sistema denominado socialismo 59 años y meses, o sea tres años más que lo que vivió como República.

    Entre el punto de partida de 1902 y la noche vieja de 1958, nuestra Patria podía mostrar, mezclados entre brumas y claridades, un espectacular salto que ubicaba a Cuba entre los países más prósperos de Latino América. ¿Pudieran competir los resultados de los 59 años de totalitarismo con los de aquellos primeros años de andar independiente?

    Esta comparación, mostrada desde datos de organizaciones serias, pudiera ser una buena herramienta didáctica para que las nuevas generaciones de cubanos hicieran caso de la sugerencia del oficialista Taladrid y sacaran sus propias conclusiones.

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